El festival Orcefolk se despide con música contada y cantada

Tradere y Trenclacloses echaron el cierre al encuentro, que pese a verse reducido en esta edición por motivos económicos, se ha caracterizado por el buen ambiente

La formación Trenclacloses, durante su actuación en el festival Orcefolk.
La formación Trenclacloses, durante su actuación en el festival Orcefolk.
P. Tello / Orce

09 de agosto 2011 - 05:00

Despojado de actividades y reducido por motivos dinerarios a su esencia más musical, esta edición del Orcefolk se ha caracterizado por el buen ambiente y la conexión entre artistas y público, los unos con ganas de tocar y los otros de participar en la fiesta. Así el día final del festival hubo de nuevo conexión, palmas, coros estribillos y hasta bailes.

El primero de los dos grupos en actuar fue el vallisoletano Tradere, castellanos de largas miras enamorados de la cultura y los autores andaluces: acaban de terminar un disco sobre Lorca. Como casi todos los grupos de folk no son nadie sin su público, y ellos consiguieron embaucar a los oyentes también verbalmente, enredando a la audiencia en un cancionero sin prejuicios que puede acudir tanto al mítico Agapito Marazuela como a ¡Mongo Santamaría!, para terminar sonando a algo parecido a un pasodoble-ska-jazz si es que existe, que ya sí .

Trenclacloses, después, reinterpretaron historias, dichos, romances, canciones, cuentos y moralejas de la cuenca levantina con el buen saber hacer de quien tiene el don de la comunicación gestual, verbal y musical. Armados con una larga colección de instrumentos ancestrales, desde la zanfona y el saz al cromorno, hicieron las delicias de pequeños y mayores sobre todo, embaucados por sus dotes de cuentacuentos con las que saltearon sus intervenciones musicales.

Sus habilidades didácticas y comunicativas, su exquisita educación en el trato al 'respetable' y su sentido lúdico permitieron que aumentara en un millar su relación de de amigos, a los que "invitaremos a horchata" en el teléfono que viene en su disco.

Tienen un algo de duendes medievales y más de las pastillas del doctor Peterpán, un estira y encoge con efectos sedantes y regresión a la infancia por unos minutos que hace bueno, en vida, aquello de que conocerlos es quererlos. Música contada y cantada para el postre.

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