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Más que flamenco, flamenquitoPaco de Lucía da los últimos acordes del Festival

Si hubiera que juzgar críticamente el espectáculo Flamenco Hoy por la reacción del público el balance debe ser positivo, e incluso muy positivo. El respetable despidió a los artistas con una ovación de antología, aplaudió casi todos los números de la pieza y salió del Generalife satisfecho, e incluso muy satisfecho. Si el baremo en cambio lo hubieran marcado los verdaderos y más puros aficionados al arte jondo, con su estricta dogmática, o algún crítico con un mínimo de exigencia, la respuesta no puede ser tan positiva. Vimos cierta modernidad estilizando los viejos bailes gracias a un riguroso trabajo de los coreógrafos, degustamos un original planteamiento estético algo excesivo a veces en el mestizaje musical y bailable, como en ese pasodoble que no llega a tango, vivimos la experiencia casi cinematográfica de introducirnos en una secuencia de película, con sus dosis de fascinación visual, y disfrutamos del trabajo, irregular a veces, de unos artistas entregados, que en sus mejores momentos desplegaban toda la expresividad flamenca de la mejor danza, que no baile. La pureza no apareció y la ausencia de ese público gitano tan del Festival, al que otras veces hemos visto en el patio del Carlos V o en los jardines del Generalife cuando el espectáculo anunciado era de raza, lo certificaba.

De un genio de la imagen como Carlos Saura, que firma la dirección del espectáculo, esperábamos más. Flamenco Hoy es una sucesión de cuadros o estampas, sin ninguna articulación dramática o progresión escénica, con una estética basada en la que el director ha exhibido en sus maravillosas películas sobre el género: los paneles y sus sombras, los espejos, la iluminación cenital que da limpieza y claridad a la escena... El espectáculo está lleno de autocitas de Saura que nos suenan de películas suyas como Bodas de Sangre o Carmen: el baile de bastones, el ensayo dramatizado, incluso esa copla, Rocío, que fue leit motiv sonoro de una de sus obras maestras, La prima Angélica. Dice el programa de mano que se intenta dar una visión general del flamenco actual por medio de jóvenes y prometedores intérpretes del baile, el cante y el toque. Pero todo pasado por una pátina de actualización donde juega fundamental papel la modernidad musical con que Chano Domínguez, con un mucho de jazz y algo de tango o de Satie, afronta las viejas músicas jondas que inspiran la banda sonora de Flamenco Hoy, aunque la mayor parte de la música se hace en directo y con gran mérito de los ejecutantes. Nos encontramos así con un montaje en el que a veces el flamenco se adelgaza hasta quedar en una inspiración lejana, un bonito motivo casi decorativo, sin duda facilitando la digestión de un arte profundo y oscuro que tal vez no esté hecho para todos los paladares. Flamenco de consumo para una primera aproximación al género o para difusión internacional (no había más que ver el público que el miércoles llenaba a rebosar el Teatro del Generalife) que en este escenario -donde han bailado Pilar López, Antonio, Mariemma, Mario Maya o María Pagés- nos sabía a poco. La insatisfacción proviene, más que del espectáculo en sí, del contexto: en la patria de auténticos gurús del arte jondo, desde Pepe Heredia Maya hasta Morente, los Habichuela, Manolete o Marina Heredia, y en el marco de un Festival que ha tenido siempre el flamenco de excelencia como seña de identidad, una función como la del miércoles no colmaba las expectativas.

La introducción conceptual que hemos ofrecido no puede sin embargo devorar esta crítica, ni significa un desdoro para un espectáculo digno, estéticamente muy atractivo, aunque algo flojo y desigual en su ejecución. Desde luego en general mejor los números de conjunto que los solos, aunque los coreógrafos Rafael Estévez y Nani Paños, tierno e inmenso en la zambra que dedica a Caracol, y algunas solistas como Rosana Romero en las cantiñas finales, logran momentos de emocionante brillantez. En el cante mejor Blas Córdoba que Israel, mientras que a Sandra Carrasco se le encomienda un registro más que flamenco, flamenquito, con el que lidia con soltura. El mestizaje musical no siempre está logrado, y los momentos más hermosos como el fandango bolero sobre música de Boccherini se salen en gran parte del planteamiento musical del espectáculo.

Un público generoso (llegó a aplaudir incluso la farruca cojitranca y sin compás del cuadro segundo), entregado y fascinado proporcionó en todo caso un éxito rotundo a esta apuesta flamenca y actualizada, con un arte jondo algo esencializado y sin el desgarro profundo que se espera del flamenco.

"La energía que se crea en el escenario nunca se conseguiría en un estudio de grabación. Allí te puedes acercar a la perfección, pero el alma de la música, es más probable que aparezca en un directo", comenta Paco de Lucía sobre su último álbum En vivo. El legendario guitarrista cierra el ciclo de flamenco y la programación central del Festival Internacional de Música y Danza, con el patrocinio de Puleva, en el teatro del Generalife.

En su espectáculo, cuyas entradas se vendieron de forma fulminante en el momento que salieron a la venta, De Lucía estará acompañado por Alain Pérez al bajo, Antonio Serrano Dalmas en la armónica, Antonio Sánchez Palomo en la segunda guitarra, 'El Piraña' en la percusión y el bailaor Antonio Fernández Montoya 'Farru', con iluminación de Keith Yetton. Los cantaores son el motrileño David de Jacoba y el cordobés Antonio Flores Cortés 'Rubio de Pruna'.

Paco de Lucía lleva 55 años en activo y en lo más alto del flamenco, desde su primera actuación en una emisora de radio en Algeciras, con sólo 11 años. Sus galardones son casi tantos como los discos publicados en esta prolífica trayectoria. Entre otros, se le han concedido la Medalla de Oro al Mérito a las Bellas Artes, el Premio Príncipe de Asturias de las Bellas Artes o el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Cádiz y del prestigioso Berklee College of Music -es el primer artista español en obtener esta distinción-.

A su lado han aprendido y trabajado algunos de los artistas más relevantes del género, como el jazzista Jorge Pardo, Tomatito o Niño Josele. Pero fue su colaboración con el mítico cantaor Camarón de la Isla, en los años setenta, la que marcó un antes y un después en la historia del flamenco y de la música.

El disco En vivo es su entrega más reciente, publicada en noviembre de 2011, reuniendo piezas de los mejores conciertos ofrecidos en su gira de 2010 por España. "Una grabación en vivo es un lujo, puedes sentir la respiración de los músicos que están a tu lado, es espontáneo, festivo, te lo pasas bien. A veces hay fallos, pero te encuentras en un estado de excitación en el que la adrenalina te ayuda a encontrar soluciones, casi siempre sorpresivas y que a veces superan la composición original. Lo que sucede es real", explica el artista en su página web. Dicho disco incluye bulerías, mineras, tangos o seguiriyas de una altura asombrosa y de una fuerza que esta noche se traslada al Teatro del Generalife. Paco de Lucía ha recibido principalmente la influencia de dos escuelas: la del Niño Ricardo, considerado como una de las figuras más destacadas de la guitarra flamenca y el precursor más directo de Paco de Lucía, y la de Sabicas, a quien se considera como el máximo influyente en el desarrollo y perfeccionamiento de la guitarra flamenca como instrumento de concierto ya que antes, la guitarra era un instrumento de acompañamiento al cantaor. "San Paco", como es conocido en el mundillo, lleva esta noche al historia de al guitarra a Granada.

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