El granadino Ian de la Rosa, ganador y único representante español en la Berlinale 2026: "El cine tiene que generar los espejos que hoy nos faltan"

El director formado en el Instituto Severo Ochoa de La Chana conquista la LXXVI edición de la Berlinale con Iván & Hadoum, un crudo y bellísimo Romeo y Julieta entre los invernaderos del sur

El granadino Ian de la Rosa, seleccionado para los Laboratorios de Cine de la SGAE

El cineasta granadino a su paso por el Festival de Cine de Berlin. / Isa Saiz/ Efe

El cineasta Ian de la Rosa (Granada, 1988) ha regresado de la 76 edición del Festival de Cine de Berlín con algo más que maletas: trae bajo el brazo el prestigioso premio Teddy y el reconocimiento de la crítica internacional. Su ópera prima, Iván & Hadoum, ha sido la única representante española en la sección Panorama del certamen alemán este año. Lo que comenzó hace una década como una idea fugaz —un Romeo y Julieta entre los plásticos de los invernaderos almerienses— se ha convertido en una realidad cinematográfica que desafía los estereotipos sobre la identidad trans y el entorno rural. De la Rosa, que se formó en el bachillerato artístico del Severo Ochoa de Granada antes de partir hacia la ESCAC en Barcelona, conversa con Granada Hoy sobre este triunfo, su proceso creativo y la necesidad de representar el sur de España desde otra perspectiva.

Berlinale 2026 ha sido el escenario del bautismo de fuego de su ópera prima. Tras los aplausos y el premio Teddy en la sección Panorama, ¿cómo se digiere el éxito internacional de una historia nacida en el paisaje tan concreto de los invernaderos del sur?

—Como te puedes imaginar, estamos súper contentos todos: el equipo, la familia, toda la gente que ha trabajado en la película y toda la gente que nos ha acompañado de una manera u otra hasta llegar aquí. Ya la selección en Panorama era una gran noticia y un gran premio de por sí; estar ahí da mucha visibilidad. Y bueno, cuando ya nos comunicaron que nos daban el premio y todo lo que suponía... pues estamos muy contentas, la verdad.

—Ya conocía el festival, pero con esta película el vínculo parece haberse sellado de forma definitiva. ¿Siente que Panorama es el ecosistema natural para una historia que mezcla lo político con lo íntimo como la suya?

—En Berlín con cortometraje no había estado. Yo estuve en Cannes hace tiempo con mi primer corto, pero en Berlín lo que habíamos estado hace tres años era con el proyecto. Estuvimos con esta película cuando aún estábamos buscando financiación; fuimos al mercado de coproducción, el Co-Pro Market. Ahí ganamos otros premios en ese momento, cuando todavía teníamos primeras versiones de guion y buscábamos visibilidad internacional para coproducir. Digamos que esos últimos tres años aquel premio impulsó la película hasta llegar a esta selección de Panorama. El proyecto ya estaba en contacto con el festival y la verdad es que Panorama ha sido el mejor lugar que podríamos soñar para estrenar.

El camino hasta aquí ha sido largo. En 2022 fue noticia en este mismo diario con motivo del Laboratorio de Escritura de Guion de la Fundación SGAE por este mismo proyecto. ¿Cómo recuerda aquel paso por los talleres de desarrollo?

—Hemos pasado por varios laboratorios de desarrollo de guiones y en el caso de la SGAE fue de los primeros. Tuvimos a Javier Rebollo de tutor y compartimos iniciativa con otros proyectos de otras compañeras que también estaban preparando su primer largo. En el desarrollo de una ópera prima, estar en diferentes laboratorios te ayuda a llevar para adelante la historia, a conseguir la mejor versión de guion posible y a conocer los personajes en profundidad. Te dan la oportunidad de hablar de la película con profesionales que te dan una visión externa y te ayudan a crecer. Fue un recorrido lleno de encuentros súper bonitos y de aprendizaje.

¿Cuántos años lleva exactamente conviviendo con la historia de Iván y Hadoum?

—La primera vez que se me ocurre hacer esta historia de amor fue hace diez años, cuando terminé mi primer corto de fin de carrera. Fue la primera vez que pensé: "Bueno, ¿y cómo sería hacer una especie de Romeo y Julieta, pero en un invernadero o en un almacén de Almería?". Eso fue en 2015, y desde entonces la idea ha ido evolucionando hasta que estos últimos cuatro años, a raíz del corto Farrucas, tuve claro que era el momento de luchar por conseguir hacer esta película.

En este tiempo también ha participado en proyectos de gran impacto como el guion de Veneno con Los Javis. ¿Cómo influyeron esas experiencias televisivas en la gestión de su propia película?

—En Veneno yo era guionista "junior" todavía, estaba preparando Farrucas. Fue mi primer trabajo dentro de la industria como guionista y evidentemente me marcó mucho, por todo el éxito que tuvo. Trabajar junto a Elena Martín y Claudia Costafreda en esa mesa de guionistas te hace aprender un oficio tan complicado como es la escritura. Luego ya hice otras asesorías, el salto a la dirección con Red Flash y el capítulo de Vestidas de azul. Todo eso ha sido un buen entrenamiento para poder hacer esta propuesta, tanto a nivel de guion para plataformas como el ritmo de rodaje en series. Todo es un aprendizaje.

Nació en Granada, estudió en Barcelona y ruedó en Almería. ¿Cómo se organiza ese arraigo?

— Mi madre es de Granada y mi padre de Jaén. Por motivos de trabajo se fueron a Almería y en Níjar encontramos nuestro sitio; ellos de hecho siguen viviendo allí. Yo llego a Níjar con tres años, soy pequeño pero lo recuerdo. Antes de eso sí viví en Almería ciudad una temporada, pero nací y pasé mi primer año de vida aquí en Granada, en la Alpujarra. Luego para estudiar bachillerato artístico volví a Granada, al Severo Ochoa de La Chana. Fue una etapa maravillosa. Granada es una ciudad donde tengo mucha familia, es mi casa también y recuerdo esos dos años como los mejores de mi adolescencia. Aprendí muchísimo allí.

¿Y por qué decidió marcharse a Barcelona para estudiar cine?

—Me fui a la ESCAC porque era una ciudad que me había llamado siempre mucho la atención. Recuerdo que en el bachillerato me contaron que allí había habido mucho anarquismo durante la guerra y, en mi mente adolescente, esa fue una de las pulsiones que me hizo decidirme por Barcelona pensando que algo de eso quedaría. Y bueno, en la escuela sabía que me iban a dar la oportunidad de formarme.

Hay un detalle curioso en su biografía: se dice que usted "iba para médico" hasta que el cine se cruzó en su camino.

—Es una cosa que dije en alguna entrevista y de repente parece que casi estaba estudiando la carrera. Yo supe que quería ser director a los 15 años, pero es verdad que hasta ese momento mi única opción era ser neurocirujano, estaba apuntando ahí arriba. Pero en cuanto entré en el bachillerato científico vi que no era lo mío, que yo pretendía otra cosa y me cambié al artístico. Pero sí, hasta los 15 años pensaba que iba a ser médico. La gente que nos metemos en esto buscamos el contacto con la escritura y la narrativa, yo he escrito desde pequeño.

¿Por qué quiso ambientar este Romeo y Julieta en el mar de plástico almeriense?

—Porque Almería es la tierra donde me he criado, la adoro y quería hacer esta película como una carta de amor. El hecho de hacerla allí vino en el mismo momento de pensar en la historia. Almería me fascina, es muy conocida por los rodajes y el spaghetti western, pero casi siempre "performa" ser otro lugar. Me parecía que había una falta de representación tanto de la propia tierra representándose a sí misma como de los personajes que he intentado retratar. Sentía que el cine tenía una deuda con ellos y para mí era el mejor lugar para esta historia.

La película está interpretada por Silver Chicón y Herminia Loh. ¿Cuánto hay de sus vivencias personales en el viaje que emprende Iván?

—La película es una ficción, pero es una película personal donde he intentado volcar reflexiones y deseos sobre el amor. También hay una parte de representación de personajes trans que no sea estereotipada. El hecho de que Iván sea trans no es el motivo del conflicto ni la trama se centra en el sufrimiento por serlo, es una etapa más de su identidad que está ahí, pero la película no va de eso. Además el es trangénero y transcultural. Como cineasta y como persona trans, me parecía que no habíamos visto suficientes ficciones así en la gran pantalla. El cine tiene que generar los referentes y los espejos que nos faltan, porque la vida siempre es mucho más sorprendente y abierta que el propio cine.

Resulta rompedor ver a un personaje trans en un ambiente de trabajadores de invernadero, lejos del contexto urbano habitual en el cine español.

—Es que por existir, existen. Otra cosa es que no tengan la visibilidad que merecen, pero no es ninguna locura lo que planteo. Te sorprendería saber la realidad. Es cierto que muchas personas del colectivo LGTBI viven un "sexilio" y se tienen que ir de los pueblos para poder desarrollarse debido a los prejuicios y la transfobia, pero eso está cambiando. Hay gente que decide quedarse en su lugar de origen. La película intenta dar visibilidad a ese mundo que no es un huerto familiar, sino una agroindustria fortísima. Almería es un motor económico gigante que exporta a todo el mundo y que aquí está presente, aunque los protagonistas no trabajen en una empresa grande.

¿Siente que el sur de España es especialmente difícil para las identidades que rompen la norma?

—Sinceramente, no creo que haya mucha diferencia entre norte y sur porque la transfobia está en todos los sitios y en todas las clases sociales. A veces las clases altas son mucho más tránsfobas que la clase obrera. Creo que es algo estructural que atraviesa generaciones, no tiene que ver con que los mayores sean menos permisivos, a veces la vida te sorprende. Tiene más que ver con el carácter de la persona y los prejuicios del ambiente que con una latitud geográfica.

Tras el éxito en Berlín, la película llegará a los cines el 19 de junio. ¿Qué recorrido le espera hasta entonces?

—Ahora vamos al Festival de Málaga, el día 10 de marzo, y luego a finales de mes estaremos en el D'A de Barcelona. Esos son los dos próximos estrenos en festivales. El 19 de junio será el estreno en salas españolas. Para lo internacional todavía es pronto, acabamos de volver de Berlín, pero esperamos poder tener estrenos en otros países europeos.

¿Qué supone para usted haber sido el único representante español con premio en esta edición del festival?

—Espero que me suponga poder seguir haciendo cine, poder consolidar una carrera cinematográfica. Estoy muy agradecido por todo lo que está pasando y por cómo la gente está acogiendo la película con tanto cariño. Ha sido difícil llegar hasta aquí y lo único que pretendo ahora es continuar.

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