El Granatum que no fue: Granada y sus infraestructuras culturales ante el reto de la Capitalidad Cultural
El informe del Observatorio de la Cultura confirma el potencial cultural de la ciudad, pero señala la debilidad de sus teatros, lo que enlaza con el fracaso histórico de sus grandes proyectos escénicos
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Granada aspira a brillar en 2031 en el mapa cultural español y europeo, aunque a veces parezca empeñada en caminar por él con una brújula desorientada. El último informe del Observatorio de la Fundación Contemporánea, ese termómetro anual que teóricamente mide la salud cultural del país a partir de las percepciones de casi mil expertos, sitúa a la ciudad en el puesto décimo entre las urbes españolas por calidad e innovación de su oferta cultural en 2025. El ascenso de dos posiciones respecto al año anterior invita al optimismo institucional, a la foto satisfecha y al discurso de progreso. Pero, como ocurre con casi todo, la radiografía completa revela zonas en sombra que matizan cualquier celebración.
Una de las más evidentes tiene que ver con sus teatros. El informe no oculta que los espacios escénicos granadinos no aparecen entre los más destacados de España. A diferencia de otras capitales andaluzas como Málaga o Sevilla, el Teatro Isabel la Católica y el Teatro Alhambra, tampoco el Palacio de Congresos o el Auditorio Manuel de Falla, forman parte de las “insignias” del teatro español en 2025. En términos llanos: Granada no cuenta hoy con un teatro cuyo nombre resuene con fuerza en el circuito profesional del país, como puede ser el Teatro de la Maestranza o el Central, en Sevilla, o el Soho de Málaga. Una propuesta, esta última, que surgió en su día de la iniciativa privada: la del actor Antonio Banderas, que quiso mostrar así el agradecimiento a su ciudad natal arriesgando su propio capital. Granada no ha tenido la suerte de contar con ese tipo de importantes mecenas dispuestos a revertir en euros y no solo en palabras los agradecimientos, dispuestos a abrir su propio bolsillo para ello. La tierra del chavico se presta más a pedir que a dar.
Eso implica la falta de actividad de los espacios escénicos granadinos. Todos mantienen una programación regular que sostiene la vida cultural de la ciudad con compañías, ciclos y propuestas que buscan su espacio en el ámbito regional y nacional. Pero el diagnóstico del informe es claro: ninguno ha logrado consolidarse como referente estatal, como sí ocurre con otras instituciones culturales granadinas mejor posicionadas.
La paradoja se acentúa al observar el resto del mapa. Mientras la Gala de los Premios Goya celebrada en el Palacio de Congresos en 2025 o el Festival Internacional de Música y Danza figuran entre las propuestas consideradas “imprescindibles” de la cultura española, los teatros históricos permanecen fuera de la liga mayor.
La ausencia de teatros granadinos en los rankings no debe interpretarse solo como una cuestión de oferta, sino también como un problema de visibilidad, estrategia y recursos estructurales. El contraste entre las instituciones que sí figuran —festivales musicales, eventos cinematográficos, centros culturales emergentes como La Madraza, que ha escalado hasta el puesto 12— y los espacios escénicos tradicionales evidencia una ciudad que produce cultura, pero no siempre sabe proyectarla.
En definitiva, Granada aparece en el informe nacional como un territorio de potencial indiscutible, instalado entre las diez mejores ofertas culturales del país, pero con deberes pendientes: reforzar la proyección de sus teatros, revisar modelos de programación, consolidar públicos y convertir la aspiración a la Capitalidad Cultural Europea 2031 en algo más que un eslogan. Porque, a día de hoy, las artes escénicas siguen siendo uno de los puntos ciegos de una ciudad que presume de cultura mientras tropieza, una y otra vez, con sus propias infraestructuras.
El fantasma japonés
Granatum, conocido también como el Teatro de la Ópera o el Gran Espacio Escéncio de la ciudad, el edificio que debía situar a la ciudad en el circuito internacional de la ópera y acoger obras de gran escenografía, recibió en 2024 el carpetazo definitivo. No habrá arias de Puccini junto al Parque de las Ciencias; habrá, en su lugar, autos judiciales y togas. En ese año se cerraba el acuerdo para que en ese solar se construya la segunda fase de la ciudad de la Justicia planteada por la Junta para Granada con la compra del Cubo y la construcción de otros juzgados en el terreno contiguo.
La historia de este desamor arquitectónico comenzó a gestarse hace más de tres décadas. Ya a principios de los noventa, cuando el Festival de Música y Danza empezaba a quedarse pequeño para sus ambiciones, surgió la necesidad de un espacio escénico de gran formato. El Auditorio Manuel de Falla es una joya acústica, pero sus dimensiones no permiten las grandes escenografías que la ópera moderna exige, así como otras obras que tienen que llegar en formato reducido o en la mayoría de las ocasiones, saltarse la plaza. Hubo que esperar a 2001 para que el entonces alcalde, José Moratalla, plantease la cuestión de un concurso de ideas internacional bajo la bendición de una Junta de Andalucía presidida por Manuel Chaves.
'Granatum'
Sin embargo, los plazos en Granada tienen una elasticidad casi mágica. En 2008 el arquitecto Kengo Kuma presentó el proyecto ganador de dicho certamen, al que se presentaron estudios de todo el mundo. El presupuesto para Granatum, que así se llamaba, era de cuarenta millones de euros de modernidad, que pronto subieron a 50, pero solo se llegaron a desembolsar los 60.000 pagados a Kuma. La crisis de 2008 no entendía de vanguardias. El proyecto, que la Junta no podía asumir "a pulmón" y que no encontró el respaldo del capital privado, entró en una hibernación que ha durado lustros.
Lo más sangrante de este naufragio no ha sido la falta de presupuesto, sino la desidia la administraciones. En 2023 se descubrió el esperpento: diecisiete años después de que el Ayuntamiento cediera el solar a la Junta, esta ni siquiera lo había inscrito a su nombre. Aquel vacío legal permitió al anterior Gobierno municipal recuperar el suelo, dejando sin efecto una cesión que solo servía para acumular polvo y matojos. Hubo intentos desesperados de reanimación, como la propuesta "low cost" de Luis Salvador durante el mandato de Cs y PP para convertirlo en un híbrido con conservatorio, pero la idea nunca pasó de ser un eslogan electoral.
El acuerdo para construir allí la segunda fase de la Ciudad de la Justicia es el epitafio de un sueño cultural. A la ciudad le quedan sus templos de siempre para un formato de escenografías medianas o adaptadas: el Generalife, centrado en el ballet; el Auditorio Manuel de Falla, más especializado en la música clásica; un Palacio de Congresos en eterna renovación y entre la música más cerca de la nostalgia y los grandes del humor actual; un Teatro Alhambra más vanguardista y un Isabel la Católica más pegado a clásicos de los escenarios españoles. El Granatum, por el contrario, ya es solo un fantasma japonés en el horizonte de la ciudad.
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