Hellboy huérfano de Del Toro y Perlman
Hellboy: El hombre retorcido | CRÍTICA
La ficha
● 'Hellboy: El hombre retorcido'. Terror. Estados Unidos. 2024. 100 min. Dirección: Brian Taylor. Guion: Mike Mignola, Christopher Golden, Brian Taylor. Música: Sven Faulconer. Fotografía: Ivan Vatsov. Intérpretes: Jack Kesy, Adeline Rudolph, Jefferson White, Leah McNamara, Joseph Marcell
Guillermo del Toro convirtió los tebeos de Mike Mignola y John Byrne en una película (Hellboy, 2004) tan lograda que unió buenas críticas y una aún mejor taquilla, dando paso a una segunda entrega (Hellboy 2: el ejército dorado, 2008), también dirigida por del Toro e interpretada por Ron Perlman, cuyos buenos resultados dieron paso a plantear una tercera entrega que no se llegó a filmar. Una década después se estrenó Hellboy de Neil Marshall, un desdichado regreso al universo de este personaje ahora interpretado por un David Harbour que hacía sentir tanta nostalgia de Ron Perlman como de Guillermo del Toro y más vale olvidar.
Como se olvidará esta cuarta incursión de Hellboy en la pantalla grande dirigida por Bryan Taylor, quien, codirigiendo con Mark Neveldine, es responsable de las dos entregas de Crank hechas a la medida de Jason Statham, de Gamer, confeccionada a las siempre generosas hechuras de Gerald Butler, y de la desafortunada -por decir algo- Ghost Rider: espíritu de venganza con Nicolas Cage. En solitario, Taylor repitió con Cage -que muy desesperado debía estar para volver a ponerse en sus manos- en la fallida comedia negro-terrorífica Mamá y papá.
Con estos avales no es de extrañar que este potaje de terror entre folclórico y de cuento de brujas, intente un retorno a los orígenes del personaje que haga posible resucitar con un presupuesto justito lo que lleva casi 20 años muerto. No habrá resurrección. Las ausencias de Guillermo del Toro y Ron Perlman pesan mucho más que la presencia en el guión de Mike Mignola, uno de los padres del personaje. O, por decirlo de otra forma, las presencias de Bryan Taylor tras la cámara y de Jack Kesy ante ella, dadas sus limitaciones creativas e interpretativas, dan el resultado esperable. No se puede bajar tanto de nivel en dirección e interpretación (y presupuesto) sin pagarlo. Por muchos demonios, brujas o compradores de almas que se acumulen en un universo de cuento terrorífico con tintes góticos, la cosa no funciona.
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