En el interior del platillo volante que aterrizó en plaza del Carmen
El espectáculo 'Danza Attack' mete al público "de cabeza" en su innovadora propuesta escénica
Manuel, José y Adrián eran los tres primeros de la cola. Llevaban desde las 20.20 horas guardando sitio para entrar al primer pase del espectáculo Danza Attack a las 21.30 horas, una propuesta de Producciones Imperdibles incluida dentro de la programación del Festival Extensión.
El aforo está limitado a cuarenta personas por cada pase en la carpa de la Plaza del Carmen, en la que a través de una serie de agujeros elásticos situados en el perímetro, el público mira el espectáculo.
Un público muy variopinto como el de casi todos los espectáculos del FEX. Dos señoras mayores, María y su hermana Ana, dejaron a los maridos viendo el fútbol y se acercaron a la danza. Ya son avezadas espectadoras y asiduas del Festival Extensión, sobre todo María: "Vi a los trombones en el Corral del Cabrón y nos encantó la danza de anteayer en el Parque García Lorca".
Entusiasta de la danza también, Loli, que si que se llevó a su marido José Antonio y no lo dejó viendo el Alemania-Turquía: "Nos hubiera encantado ir a Víctopr Ullate pero no había entradas. El FEX es una buena forma de dar a conocer la danza, porque la gente cuando la ve, le gusta mucho pero no sueles tenerla a tu alcance".
Una vez dentro de la carpa, Irene, una de las espectadoras que estaban esperando para el primer turno se ha quedado sin hueco para meter la cabeza. "Estaba hablando con unos amigos y creo que se ha metido una señora en mi agujero. Me ha dado verguenza decirle nada". No le queda otra que esperar al segundo pase.
Una vez dentro de la carpa, están los dos bailarines Inmaculada Aguado y Manuel Cañadas vestidos de blanco con trajes sin mangas de corte futurista. Dos músicos les acompañan: Paco Seco con la guitarra y Aolani Shirin con el violín, con inalámbricos para que no se vean los cables, tocan en directo a la par que los bailarines van haciéndose con el espacio escénico.
Danza attack se compone de cuatro números o piezas en los que representan basados en los cuatros elementos: fuego, agua, aire y tierra. Cada pase es uno de los elementos.
Cuatro proyectores, cuatro focos móviles y ocho foco pequeños de quinientos watios, además de los dos pares de guantes de la pareja de bailarines que llevan cuatro punteros láser, llenan de luz y proyecciones alegóricas el interior de la carpa, que si desde fuera parece un platillo volante, por dentro es similar a los castillos hinchables de las atracciones infantiles.
Los bailarines se lanzan contra las paredes y rebotan en ellas mientras buscan la complicidad del público dirigiendose a sus cabezas. Una señora, además de la cabeza, también metió el brazo y el abanico, porque dentro de la carpa corría poco aire.
Al terminar el primer pase, Manuel, José y Adrián, los primeros de la cola salen satisfechos a pesar de la espera: "Merece la pena, aunque dura demasiado poco, se nos ha hecho corto". Sobre si se acusa el cansancio por ver el espectáculo de pie, Manuel responde que "podría durar media hora más sin problemas porque no se nota y es sorprendente".
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