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Los invisibles del exilio republicano

  • Un apasionante cuaderno rescata la memoria de miles de destinos rotos

El exilio republicano, consecuencia de la derrota de 1939, fue un terremoto en la vida de miles de españoles. Han pasado 75 años de la tragedia civil pero este episodio, como ha recordado recientemente Jean-Pierre Amalric, sigue determinando destinos individuales y familiares, incluso entre las generaciones posteriores a los protagonistas del exilio que comparten una forma original de identidad mixta y han desarrollado una sensibilidad compartida entre dos patrias.

Que la revista Andalucía en la Historia haya dedicado un completo dossier a los exiliados andaluces, anticipando parte de los resultados de la investigación del grupo Exilio republicano andaluz de 1939, resulta en el contexto de recuperación de la memoria de quienes fueron silenciados en su propio país durante cuarenta años, particularmente oportuno, pues el colectivo de exiliados andaluces ha sido uno de los menos estudiados de la inmensa diáspora, tal vez porque sus experiencias quedaron diluidas dentro de las comunidades de acogida donde tenían más tradición y mayor peso político los españoles que procedían de aquellas regiones del norte y el levante que sostuvieron hasta el final la legalidad republicana.

México fue el primer destino americano del exilio andaluz gracias a las facilidades que ofreció el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas. Enriqueta Tuñón Pablos ha podido identificar a 527 andaluces de los varios miles de españoles que se embarcaron en Francia, entre los cuales iba su propia familia. Su testimonio personal es representativo de las historias de vida conservadas en el Archivo de Historia Oral de Refugiados Españoles de México. Son historias ligadas por la experiencia del exilio que se convirtió en un lazo de identidad superior al origen geográfico o la posición ideológica y que se fortalecía por las actividades compartidas en los centros regionales y en las escuelas que ellos mismos crearon donde se defendían los valores de respeto, libertad y dignidad que luego los niños escuchaban en casa.

Mucho menos conocido, pero masivo, fue el exilio español y andaluz en el norte de África, que Antonio Barragán estima en unas 20.000 personas. A partir de fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, el autor reconstruye las dificultades administrativas que soportaron los recién llegados bajo el gobierno colaboracionista de Vichy, hasta que la liberación de las colonias en 1942 permitió normalizar la vida y desarrollar una intensa actividad política en las casas de la República donde los andaluces jugaron un papel destacado.

Igualmente ignorada ha sido la experiencia del exilio en la Unión Soviética de los pocos andaluces que marcharon desde los puertos levantinos, después de la caída de Málaga en 1937. A diferencia del fenómeno mejor conocido de los niños de la guerra, los emigrados andaluces fueron en su mayoría adultos, militantes y cuadros del partido comunista, o bien militares, como los alumnos de la escuela de pilotos de Kirovabad a quienes les cogió el final de la Guerra en el país de los soviets. Fernando Martínez, que presenta este documentado artículo, ha conseguido recomponer los itinerarios vitales de algunos de ellos: Antonio Pretel, diputado comunista del Frente Popular por Granada, el almeriense Federico Molero que había tenido un importante papel en las fortificaciones de Madrid y terminó diseñando centrales nucleares en el Cáucaso, o el médico gaditano Juan Planelles, inventor de una vacuna contra la disentería.

La visibilidad de los andaluces fue igualmente escasa en Chile, Argentina y Uruguay donde se prefería a los vascos o catalanes, emigrantes con fama de laboriosos y honrados. Inmaculada Cordero sigue el rastro de los que llegaron a bordo del Winnipeg, fletado por Pablo Neruda, entre los cuales había no pocos intelectuales y políticos. Al presidente Niceto Alcalá-Zamora, cordobés refugiado en Argentina, dedica Francisco Durán, director del Patronato que lleva su nombre, un emocionante y agónico retrato de quien luchó, con dignidad, por mantener viva la memoria de su pueblo.

Pero muchos más fueron los exiliados invisibles del Cono Sur, como las mujeres andaluzas, amas de casa que habían enviudado y que son mayoritarias en las listas de recepción de los puertos argentinos, a donde llegaron sin más recursos que sus manos, desde Brasil, Lisboa o Gibraltar. Y entre la población civil gibraltareña evacuada del Peñón cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, fueron también exiliados, de ambos bandos, que habían llegado durante la Guerra y que huyendo de la contienda terminarían en Casablanca, Londres o Irlanda. Destinos rotos, vidas borradas que nos retorna este apasionante cuaderno, coordinado por Antonio Martínez y Encarnación Lemus, en el primer número del año de Andalucía en la Historia.

Dossier: Exiliados. Centro de Estudios Andaluces. Enero-Marzo. Sevilla, 2014. 3,50 euros

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