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Una leyenda frente a su humanidad

  • El actor andaluz Félix Gómez interpreta desde hoy hasta el domingo en el Festival de Mérida 'Alejandro Magno', una obra que plantea la "soledad" y las "dudas" del mítico conquistador

De entre los personajes de la Historia, el actor Félix Gómez (Carmona, Sevilla, 1977) siempre había sentido predilección por un gobernante tan inteligente y feroz como lleno de sombras, Alejandro Magno, una figura en la que ahora puede ahondar gracias al espectáculo que estrena hoy en el Festival de Teatro Clásico de Mérida y que representa hasta el domingo. Un montaje que perfila al rey macedonio, en la versión que Luis Luque -también director de la obra- y Eduardo Galán han hecho de Alexandre le Grand, una de las primeras tragedias escritas por Jean Racine, más allá del mito y profundizando en su vertiente más humana. El guerrero que conquistó "todos los reinos entonces conocidos", que "se acercó al límite del fin del mundo para convertirse en un dios con tan sólo 33 años", como señala Luque, "se hace carne" en esta obra y aparece como "un hombre de genio contradictorio y eterno conflicto".

"Racine eligió un momento de la vida del personaje en que éste se plantea qué ha hecho", expone Félix Gómez sobre su protagonista. Inmerso en la que sería su última campaña, la batalla del río Hidaspes, en India, el militar se cuestiona "cómo puede ser un gran rey sin imponer la fuerza. Ha matado, ha destruido civilizaciones, y se pregunta cómo puede gobernar sin seguir causando todo ese daño", resume el intérprete.

En el texto, el individuo que pasaría a la posteridad como una leyenda se interroga por su propia identidad. "Es la parte en la que quería centrarse Luis", prosigue Gómez, "la soledad de un hombre que tiene todas esas dudas, que está a miles de kilómetros de su casa y frente al fuego del campamento quiere saber qué está haciendo con su vida". Para el actor, "el resto de la biografía de Alejandro Magno ya lo conocemos: sus batallas, sus triunfos. Pero aquí se ve su parte íntima, cuando se mira en el río, en la alcoba. Esta obra, como lo es el teatro, no es más que un ejercicio de imaginación".

Como argumenta Luis Luque, la historia de este héroe que se debatía entre vivir en paz o prolongar la guerra se mantiene vigente a pesar de todo el tiempo que ha transcurrido desde que se produjeron sus hazañas. "¿Quién fue este hombre que 25 siglos después de su muerte nos sigue fascinando? Lo que sí parece estar claro es que Alejandro se parecía demasiado a nosotros, a nuestros conflictos de hombres contemporáneos", declara el director.

Gómez regresa al Festival de Mérida, donde ya llevó a escena en 2011 un monólogo que dirigió Amelia Ochandiano. "Pero entonces fue en la Alcazaba, y en esta ocasión es en el Teatro Romano. Tengo la sensación de que es como hacerse adulto", confiesa. La experiencia también será distinta por los intérpretes que compartirán escena con él, un reparto que integran Armando del Río, Amparo Pamplona, Aitor Luna, Unax Ugalde, Marina San José y Diana Palazón. "Con algunos había trabajado y con otros no; habíamos coincidido en alguna fiesta. Pero está siendo un viaje maravilloso, nunca la palabra compañeros tuvo tanto sentido como con ellos", dice Gómez. El actor no leyó la obra original de Racine antes de enfrentarse al personaje. "No hablo francés y es muy difícil encontrar una copia del texto en español, y además fui, creo, el último en embarcarse en este proyecto, sin demasiado tiempo para leer sobre él. Pero como siempre he sentido pasión por Alejandro llegué con mucha información".

Visto en películas como La suerte dormida, Las 13 rosas o Agnosia y en las series Padre Coraje, Herederos o La República, entre otras,Gómez, que sobre las tablas ha trabajado a las órdenes de Roberto Quintana o los malogrados Tomaz Pandur y Andrea D'Odorico, ha dado nombre a una escuela de teatro en su localidad natal, Carmona. "Fue una idea del Ayuntamiento, y a mí al principio me dio apuro, me parecía que era demasiado joven para merecerme algo así. Pero es un proyecto precioso, porque acerca el teatro a la gente, y el teatro no es sólo para los actores: es un proceso de comunicación, de aprendizaje, que puede ayudar a crecer a cualquiera. Yo al principio me encargaba de las clases, pero por los compromisos de trabajo tuve que dejarlo. Ahora la dirige Ana Ropa".

La última aparición de Gómez ha sido en una producción televisiva, Carlos, Rey Emperador. En estos últimos años ha estado probando suerte en Hollywood, donde ha grabado pilotos de series y comprobado con decepción cómo su aparición se quedaba en la sala de montaje. "Es doloroso, pero no tengo mal perder y sé que estás cosas forman parte de la profesión. Mis agentes no le dan importancia, dicen que al menos a mí ya me han elegido un par de veces, que otros actores se llevan la vida esperando que los llamen. A ver si a la tercera va la vencida... Lo que hay que hacer es seguir luchando, eso lo tengo claro", manifiesta el actor, que ahora tiene todas las esperanzas puestas en Alejandro Magno, en que "un espacio como el Teatro Romano te abrace, que se dé la magia. Estoy expectante, porque cuando uno hace teatro no sabe hasta esa noche si se dan los elementos para que todo funcione". Por el momento, Gómez ha cumplido ya una fantasía: meterse en la piel de un rey que poseyó uno de los mayores imperios de la humanidad.

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