séptimo arte | un documental ilustrará la historia de la resistencia antifranquista

La leyenda de los hermanos Quero da el salto al cine

  • El director José Sánchez-Montes reivindicará en una película el mito de los cuatro granadinos, azote del franquismo durante los años 40 en la ciudad, y relatará la represión vivida por la familia del Albaicín en la posguerra

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Cuenta Jorge Marco, catedrático de Historia Contemporánea y profesor en la Universidad de Bath, en la contraportada de su libro Hijos de una guerra que "el caudillo conservaba tan sólo seis informes sobre la guerrilla antifranquista en su despacho". Dos de ellos hacían referencia a un pequeño grupo de guerrilla urbana granadino formado por los hermanos Quero y su partida. Antonio, José, Pedro y Francisco Quero Robles tuvieron en jaque a las fuerzas de seguridad entre 1941 y 1947. Sorprendentes atracos, huidas de infarto, enfrentamientos a tiros con la policía armada y la Guardia Civil, secuestros simultáneos -llegaron a recaudar 475.000 pesetas de la época en un día-. A sus efectivos golpes contra la represión franquista se sumaban sus generosas acciones en favor de la comunidad granadina: se dice que destinaban parte del botín a familias necesitadas. Eran tiempos de miseria y de hambre. España estaba hundida. "La gente los veía como parte del pueblo", afirma el historiador. El mito de los Quero, que "encarnaba los deseos de cambio y de justicia entre los vencidos", reflexiona Marco, pasó a convertirse en "un pequeño acto de resistencia".

El director granadino José Sánchez-Montes reivindicará en una película la figura de los cuatro guerrilleros, el azote del franquismo en Granada durante los años 40, y relatará la terrible represión vivida por la familia -y tantas otras- durante la posguerra. "La historia de los Quero se parece mucho a la historia de la España reprimida, pero ellos decidieron hacer más ruido y eso marca la diferencia. Resistencia había mucha, pero no todo el mundo aguanto tanto como ellos. Ellos también reflejan el lado salvaje del Albaicín -de donde son los cuatro hermanos-, el Sacromonte y el Barranco del Abogado -desde donde operaron-. No se podrían definir como maquis urbanos. Lo son y no lo son al mismo tiempo", reflexiona Isabel Daza, la guionista de La última bala, cuya fecha de estreno está prevista para 2020.

El filme contará con animaciones de Álvaro García 'Seisdedos' y Víctor Capdevila

El proyecto tiene su origen en el último disco de Lagartija Nick. Su cantante, Antonio Arias, quería recuperar la voz del cantaor granadino Víctor Blaya Quero El Charico en una canción homenaje a los Quero. "Fue el mejor de su generación. Lástima que muriera en 2008 tan joven. Éramos muy amigos, pero no grabé nada con él. Tenía en mi cabeza que nunca había nada por El Charico. ¿Qué mejor que saliera su voz en la canción donde contamos la historia de sus tíos-abuelos, ese último lamento y quejío de los Quero, que es El Charico? La leyenda de los hermanos Quero refleja el espíritu del cantaor, del luchador. También la personalidad arrolladora que tenía", cuenta entusiasmado.

La madre de Víctor le propuso hablar con Bernardo Quero, el hermano menor de los guerrilleros, aún vivo. "Tenía 12 años cuando lo encarcelan después de la muerte del primer Quero -Pepe-. Él estuvo luchando con ellos y fue el enlace", narra Arias. En seguida, el artista le contó a Sánchez-Montes que tenían la oportunidad de entrar dentro de la familia y de la historia. "Eso lo vamos a rodar", dijo el cineasta granadino. Y así fue. "Teníamos un interés enorme en que la familia estuviera involucrada. Ellos son los protagonistas. Bernardo es clave. Él es el correveidile, el que les daba las noticias, el que les llevaba las comidas", recalca Sánchez-Montes.

La película no sólo se centrará en contar las peripecias de los hermanos -"Hay tantas que da para una película de ficción y una serie", ríe el cineasta-. La última bala también abordará la "intensa" relación de la familia Quero con la música, sobre todo con el flamenco. El padre de los cuatro hermanos, Francisco, fue conocido por su afición a la guitarra, y no era raro verlo en las fiestas del Sacromonte y el Albaicín tocando en los bailes organizados en las cuevas de los gitanos. Su hijo Pepe, relata Arias, "se echaba unas coplillas mientras iba repartiendo carne. El arte era el Facebook o el WhatsApp del momento; uno le entraba a alguien con canciones". Otro de los 11 hermanos se dedicaba al cante, aunque tenía pánico escénico como El Charico. "Se pueden contar muchas historias de la música en Granada y del Albaicín a partir de ellos", destaca el fundador de Lagartija Nick, que ya ha entrevistado al cantaor gitano Curro Albaicín para el documental. "Hablamos con Curro de la situación de los gitanos flamencos del Albaicín. Hay muchas intrahistorias como ésta o la situación del flamenco en el Sacromonte", apunta el director.

La historia más conocida probablemente sea la de la bailaora Gracia Quero Hidalgo, conocida como Gracita del Sacromonte. Nieta del guitarrista Manuel Hidalgo El Ovejilla, maestro de los Habichuela, la artista empezó a bailar en las cuevas del Sacromonte a la tierna edad de nueve años. "Es una descendiente de los Quero -la hija de Pepe en concreto-. Se marchó a México. Acabó trabajando en películas como Los siete magníficos con Yul Brynner. Actuó también en otros filmes con Juanito Valderrama", recalca el director de cine. Injustamente boicoteada, el documental la rescatará del más absoluto olvido.

Otra de las grandes protagonistas es la bailaora gitana Tere Maya, que fue la esposa de Paco Quero. La artista, muy conocida en su época en los ambientes flamencos de Granada, llegó a actuar en Nueva York en 1932. "El tema de las mujeres está conectado con el flamenco. Las artistas fundamentales fueron ellas", señala Daza, que recuerda que las mujeres sufrieron la represión de un modo "muy cruel": "las apaleaban, las mataban de hambre, encarcelaban a sus maridos". "Las mujeres fueron los que más sufrieron. Perdieron su casa, su familia. Ellas van sobreviviendo a esa experiencia y nos interesa contarla", añade el cantante de Lagartija Nick.

Los robos del fascismo es algo, reflexiona la guionista, "de lo que se habla poco, como el flamenco". "La historia de los Quero nos da pie a hablar de muchas cosas. No es un documental de memoria histórica. No se trata de recuperar historias más o menos conocidas, sino de reivindicarlas y situarlas en otro lugar. Nos interesa hablar del flamenco para reflejar cómo la represión militar es también una represión cultural. El fascismo se apropió de todos los símbolos nacionales, incluido la música popular, y sin embargo las raíces de la música popular son otras", aclara.

¿Cómo se verán reflejados los hermanos Quero en la película, como héroes soñadores o como bandoleros de poca monta? "Hay quiénes hablan de ellos como una leyenda, otros como pasión y algunos los definen como raterillos. Nosotros aún nos estamos documentando para tener clara una tesis", zanja perspicaz el artista granadino, cuyo trabajo de campo se basará enormemente en el "fantástico" libro de Jorge Marco. "La historia es poliédrica. En el grupo del proyecto hay feministas, punkis, burgueses, casi aristócratas. El mundo es así", resume.

Arias se anima a contestar: "Lo verdaderamente interesante es que tenemos testimonios directos, de primera mano, de los hermanos supervivientes. Cada anécdota se complementa con una serie de luces hasta ahora inéditas". A las declaraciones de los allegados se sumarán otras, quizá diametralmente opuestas, como la del pintor Miguel Rodríguez-Acosta Carlström. El presidente del Patronato de la Fundación Rodríguez-Acosta es familia del famoso banquero Manuel Rodríguez-Acosta, secuestrado por los Quero en su propia casa el 6 de julio de 1945. El rapto se resolvió en unas horas y consiguieron 250.000 pesetas. También se contará con los testimonios de algunos vecinos del Albaicín, el barrio que les ve nacer y luchar; la familia Habichuela; y la escritora Almudena Grandes, que se ha empapado bastante de historia y guerrilla en el franquismo.

Para el director de Cines del Sur, la película es "la más ambiciosa" que ha abordado en sus "últimos diez años de carrera en cuanto a expectativas". La intención, de hecho, es que el largometraje gire por festivales internacionales. "Ya hemos hechos contactos importantes con productoras y televisiones. Estamos armando el proyecto", declara. El documental además va a tener una parte importante de animación de ficción. "Vamos a recrear la historia de lo que no podemos ilustrar con imágenes. Vamos a contar con dos animadores muy punteros: -el ilustrador- Álvaro García Seisdedos y -el pintor- Víctor Capdevila", adelanta Sánchez-Montes, que desvela que el director de fotografía será Jorge Rodríguez Puche.

A la hora de catalogar el filme, ninguno de los tres dice que La última bala se ciña a la etiqueta de cine de posguerra. "Es una película donde se hablará de historias de resistencia desde una perspectiva mucho más arriesgada y heterogénea de lo que se hace en este tipo de registros", resume el director. La guionista aclara que el filme no sigue la voluntad de un historiador: "Nuestro objetivo es contar la historia de la resistencia en un tiempo donde el miedo y el silencio reina. O no se cuenta las historias o se cuentan teñidas de leyenda. Una historia que nos ha alumbrado algunas pequeñas verdades como la pésima situación en las cárceles o la existencia de campos de concentración. No es tanto hacer justicia como transmitir la indignación y la sorpresa que sentimos al conocer la historia pasada".

La familia Quero, como tantas otras, vivió un momento de la historia de España donde "una navaja corto la historia; a algunos los pilló de tajo". "El padre era un carnicero importante del Albaicín. Le arrebatan con malas artes la concesión de carnes de la Fábrica de pólvora de El Fargue. Ellos eran una familia normal y corriente. La guerra destroza su familia. No hablamos de unos desarrapados", explica Sánchez-Montes. "Le da mucho sentido a nuestra obra que la familia se sienta compensada tras 40 años de violencia y persecuciones", recalca Arias.

Los cuatro hermanos se vieron obligados a luchar en la guerra. Tras las represalias, ellos tomaron decisiones. "Había muchísima gente que no hizo nada hasta que la realidad les obligó a tomar partido", recalca Daza. Ni revolucionarios, ni guerrilleros. La guionista los define como personas "con una idea no tanto política como popular de la justicia". "Ellos sólo soñaban con un mundo libre", zanja.

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