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"La literatura árabe está alcanzando una efervescencia enorme ahora"

  • El arabista granadino obtiene el IV Premio Andaluz de Traducción por su trabajo en el libro de relatos 'La luna cuadrada', de la escritora siria Ghada Sammán, una de las grandes voces literarias actuales

A muchos granadinos les ha ocurrido lo que una vez le sucedió a José Miguel Puerta y que fue lo que le impulsó a estudiar árabe y convertirse en traductor de esa lengua. Un día fue a visitar la Alhambra con un amigo arabista, Fernández Puertas, y se sintió azorado de pronto al descubrir que los extraños garabatos que adornaban las paredes de todo el recinto no eran dibujos, sino hermosos versos escritos en árabe. "A mí aquello me impactó mucho y decidí que quería estudiar árabe". Su empeño le valdría para, muchos años después, recibir el IV Premio Andaluz de Traducción de la Junta de Andalucía por su labor en la publicación del libro La luna cuadrada, de la escritora siria afincada en París Ghada Sammán.

-¿Cuánto tiempo dedicó a la traducción de 'La luna cuadrada'?

-Pues, exactamente, cinco meses. Con otros libros más pequeños he invertido mucho más tiempo. Pero éste fue muy rápido. Yo entonces trabajaba en la biblioteca de mi pueblo, en Dúrcal, y me dedicaba al libro en mis ratos libres. El libro pasó por muchas vicisitudes, porque iba a ser publicado hace años en Madrid, pero al final no resultó. Cuando el año pasado la editorial Comares ofreció publicarlo, me dediqué a él.

-¿Cuándo le interesó estudiar el árabe?

-Fue bastante tarde, cuando yo tenía 23 años. Fue tras una visita a la Alhambra. Yo iba con un profesor mío, y ahora colega y amigo, Fernández Puertas, que iba explicándole el monumento a un grupo. Cuando descubrí que lo que había en las paredes eran versos, me avergoncé de ser granadino y no saberlo. A mí aquello me impacto bastante. Luego me marché a Melilla y allí decidí estudiar árabe a fondo.

-¿Considera que el árabe debería estudiarse en los institutos, al menos en Andalucía, por todo lo que significa su legado?

-Sí, sería bueno. Hace años hubo un intento. Y ese año se le ha dado el premio Carlos Cano a la Universidad de Granada por fomentar las clases de árabe en varios institutos de Granada y Almería. Se enseñará como se pueden enseñar el inglés o el francés. Debemos tener en cuenta que el árabe es hoy la cuarta lengua del mundo, tras el chino, el inglés y el castellano. En nuestro país cada vez se está expandiendo más. Prácticamente lo imparten ya todas las Universidades.

-¿Qué sensación tuvo cuando supo que le concedían el IV Premio Andaluz de Traducción?

-Lo cierto es que me dio mucha alegría, sobre todo porque era un libro que había tenido muchos problemas para salir. Yo lo compré en Londres en 1995. Había leído cosas anteriores de Ghada Sammán que me habían gustado mucho. Un escritor y traductor palestino me animó a que lo tradujese al castellano, y no me decidí del todo hasta que recibí una carta de la propia Ghada Sammán pidiéndomelo. Y ahí ya me sentí comprometido. Disfruté mucho haciéndolo. Además, tenía la oportunidad de estar en contacto con ella para que me aclarase las posibles dudas. Yo siempre intento ser en mis traducciones lo más fiel posible al texto original y que sea agradable su sonoridad en español. Es un libro muy bonito, aunque siempre te quede la duda de si lo has hecho bien o no. Por eso me alegró mucho recibir el premio.

-¿En qué momento se encuentra la literatura árabe actual?

-Pues está en un gran momento, en plena efervescencia, algo muy parecido a lo que sucedió con la literatura hispanoamericana en los años sesenta y setenta. Se trata de una literatura muy variada. Lo más llamativo es el uso del lenguaje. El árabe es un idioma riquísimo y algunos autores son unos auténticos sibaritas de las palabras, de las imágenes que crean. Se da mucho el realismo mágico. En el mundo árabe, el realismo mágico hispanoamericano siempre les ha interesado mucho. Las obras de Gabriel García Márquez son muy populares.

-¿Qué autores árabes de hoy recomendaría?

-Hay un par de ellos muy interesantes. Yo, precisamente, lo que más leo es literatura árabe contemporánea. Por el estilo literario que emplean, recomendaría a Salim Barakat, y su libro Las plumas e Ibrahim Alkoni con su obra Oro en polvo. Los dos tienen una obra muy extensa y son muy conocidos en todo el mundo árabe. Alkoni, que es un tuareg y gran candidato a ganar el Premio Nobel, trata en sus libros, sobre todo, del mundo del desierto, y le da voz a todos los personajes que puedan habitar en él, como el viento o las dunas. No distingue entre la realidad y la ficción. Su estilo es algo que no existe, por ejemplo, en la literatura hispanoamericana. Salim Barakat, por su parte, tiene sus obras ambientadas en las montañas del Kurdistán. También hay una nueva generación de escritores egipcios cuyos mundos transcurren en las grandes ciudades y su picaresca. Es una literatura que se asombra del impacto que está causando la modernidad, de la rapidez con la que cambian las cosas, la transformación de las ciudades, el caos. Es una literatura muy crítica con el poder y que denuncia cualquier tipo de dictadura. Otro movimiento muy importante es el de la literatura feminista, la de la situación de las mujeres en el mundo árabe.

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