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Una literatura de ida y vuelta

¿Hacia dónde apunta el futuro de la literatura? ¿Cómo afectan los cambios tecnológicos y sociales al fenómeno de la escritura? ¿Y a la identidad de sus autores? Éstas, entre otras cuestiones, se están discutiendo estos días en la Facultad de Filosofía y Letras en la edición número 11 del Congreso de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. Un año más, escritores y especialistas de diferentes universidades del mundo se reúnen para analizar el estado de la literatura hispanoamericana. Este 2014, además, se cumple el centenario de grandes autores de la tradición literaria como Julio Cortázar, Octavio Paz, Nicanor Parra o Adolfo Bioy Casares. Desde la inmensidad de la obra de estos escritores también se estudia la singularidad de las letras hispanas: una literatura esencialmente viajera, transatlántica y múltiple.

Laberinto de centenarios. Una mirada transatlántica es el título de este congreso internacional que comenzó el miércoles y termina hoy por la tarde. El evento ha sido organizado por el departamento de Literatura Española de la Universidad de Granada y ha reunido a más de 150 ponentes de universidades españolas y de lugares tan diversos como Zurich, Taiwan, París, Minnesotta o Palermo. También ha reunido a escritores como Jorge Eduardo Benavides, Fernando Iwasaki, Juan Carlos Méndez Guédez, Inés Mendoza, Andrés Neuman o Antonio José Ponte en sus charlas. Autores hispanoamericanos que encarnan, en sí mismos, el crisol de influencias, registros y nacionalidades que componen el mosaico de lo hispano.

El concepto de laberinto y cómo éste se refleja a nivel temático, formal e incluso identitario en estos escritores ha sido el hilo conductor del evento. "En Julio Cortázar, por ejemplo, la idea de laberinto está muy presente, sobre todo en la medida en que sus cuentos son espacios misteriosos donde también hay que buscar una salida", afirma Álvaro Salvador, catedrático de Literatura Española de la UGR y director del congreso. "El laberinto también es un concepto muy relacionado con Bioy Casares, que era gran amigo de Borges y escribía inevitablemente 'a la borgiana'. También encontramos ese rastro en la poesía de autores como Octavio Paz y Nicanor Parra. Al mismo tiempo, la idea del laberinto también tiene que ver con Granada: esta ciudad es todo un laberinto de calles y sensaciones. En el Albaicín uno puede perderse aunque haya vivido toda la vida", apunta el profesor. De este modo, un símbolo con tanta tradición como el laberinto identifica un aspecto literario de rabiosa vigencia: la polimórfica identidad de los escritores en español. "El laberinto también está relacionado con el problema de las identidades. Ahora mismo, muchos de nuestros escritores tienen una identidad múltiple: Andrés Neuman, por ejemplo, se siente tan argentino como español; Fernando Iwasaki es tan sevillano como peruano... Se trata de autores que viven de una manera simultánea dos realidades sin contradicción. Y aunque lo híbrido y el mestizaje siempre ha tenido que ver con lo transatlántico, el fenómeno no se había dado con tanta intensidad como hasta ahora. El concepto de lo nacional y su espesor se están diluyendo. La literatura vive en la actualidad un proceso de hibridación y de cambio muy fuerte", sostiene Salvador.

La mesa redonda del pasado miércoles se centró sobre todo en esta cuestión. El escritor Fernando Iwasaki intervino en ella, proponiendo una visión integradora de lo transatlántico, tal y como refleja su propio carné de identidad: un peruano de raíces japonesas afincado en un pueblo de Sevilla. "La literatura no es solamente el ritmo de las grandes ciudades y las metrópolis. También hay velocidades y paisajes muy diferentes que no se dan en ciudades de mayor tamaño", afirma el escritor. "Yo soy alguien que procede de una periferia de Occidente que se marcha a España, pero a una periferia dentro de España y, más concretamente, a una periferia dentro de Sevilla. Y estoy encantado con ello porque es una opción personal. Voto a favor de que lo transatlántico no sea solamente lo sofisticado o lo cosmopolita. Nuestras pequeñas ciudades y pueblos tienen una cultura extraordinaria, y alguien debe crear desde esos lugares para que lo transatlántico sea una categoría que funcione a todos los niveles. Si no, lo transatlántico se convertiría en una forma de exclusión. Lo que reivindico es que la literatura de los márgenes es tan valiosa como la literatura escrita desde los grandes centros".

Tomando como referencia el último trabajo de Vargas Llosa, La cultura del espectáculo, el Congreso también reflexionó sobre el estado actual de la cultura. "Tenemos que admitir que hoy día en la cultura hay un desplazamiento de lo literario en beneficio de otras cuestiones más 'espectaculares' como la gastronomía, la moda o el cine. Antes las páginas de cultura se llamaban Cultura; ahora se llaman Ocio o Tendencias... A día de hoy, la sociedad demanda otro tipo de protagonistas culturales. Y no juzgamos que sea mejor o peor, sino algo distinto. Esta espectacularidad no es una condena. Como en las artes marciales, debemos usar esta fuerza para dar visibilidad a los que hacen cosas diferentes. Me encantaría que algún día veamos al adolescente que más libros saca de una biblioteca pública, o a la niña que mejores notas ha sacado en el conservatorio de violín", afirma Iwasaki. "A quien juega o canta bien siempre se le concede visibilidad en los medios. De los jóvenes que se sumergen en la cultura no sabemos nada. ¡Que nos inviten a conocerlos!".

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