Lola López mondéjar | Escritora

"La literatura fue y sigue siendo un campo de la cultura muy machista"

  • La novelista presentará su nuevo libro de relatos, titulado 'Qué mundo tan maravilloso', el sábado en Ubú

  • La autora hablará hoy sobre feminismo y literatura junto a Laura Freixas en la Madraza

La escritora murciana, en una imagen reciente. La escritora murciana, en una imagen reciente.

La escritora murciana, en una imagen reciente. / Isabel Wagemann

Dice la poeta Viviana Paletta que "los humanos compartimos entre un 99,5% y un 100% de todos los genes: sólo existen diferencias mínimas en las secuencias. Son estas mínimas diferencias las que hacen única a cada persona". Lola López Mondéjar (Murcia, 1958) la cita en su nuevo libro, Qué mundo tan maravilloso (Páginas de Espuma), pero se empeña en demostrar lo contrario. "Hay más cosas que nos unen de las que nos separan", sentencia. A lo largo de 11 relatos, los protagonistas se verán amenazados de una manera o de otra en auténticos paraísos -como Campania o el Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera-. Al final, todos son frágiles, todos se ilusionan y todos sienten cierto desencanto hacia la vida. Da igual su clase social, su lugar de procedencia o su sexo. La autora presentará este inspirador volumen de cuentos el sábado a las 12:30 en Ubú Libros.

-El primer personaje que aparece en su libro, una pintora llamada Marta, se encuentra en un momento de su vida donde nada le inspira. ¿Qué hace usted para inspirarse?

-No lo sé muy bien, pero creo que hay que tener una disposición de estar abierta a la vida. Hay que tener abiertos los sentidos para que la propia vida te pueda sorprender.

-Menga, otra de las protagonistas de este relato, podría representar de alguna manera la intuición, el instinto humano. ¿Un artista debe creer en su intuición?

-Con el paso del tiempo, uno crea con más libertad y confía más en esa intuición de la que habla. Es difícil, eh. La confianza en tu propia obra te hace ser más creativo y libre, aunque la inseguridad no desaparece nunca.

-Me gusta mucho Menga porque es un personaje fuerte, capaz de apañárselas para dar a la luz sola. ¿La ficción está falta de protagonistas mujeres con carácter?

-Las escritoras hablan cada vez más de las experiencias de las mujeres, de lo que sentimos. Empezamos a representar nuestra realidad con nuestras propias palabras y no con las palabras de otros. En la obra de Alice Munro está muy presente la relación madre-hija, pero no en el sentido idealizado como nos lo han enseñado los autores. Ella subraya las relación ambivalente entre la madre y la hija.

-¿Le han puestos más zancadillas en el sector editorial por ser mujer?

-Sí, muchísimas veces. Muchos críticos han destacado del libro que está protagonizado por mujeres. Cuando un escritor lo hace con hombres nadie lo subraya porque se entiende que lo que le pasa al varón es universal y lo que le pasa a la fémina es particular. Se manifiesta una actitud machista encubierta, pero inconsciente.

-¿El mundo literario es más machista que otros campos del arte?

-En la RAE no entró ninguna mujer en 300 años. Ahora hay seis o siete mujeres porque el movimiento feminista ha presionado. María Moliner no pudo entrar en la RAE y su diccionario de uso del español que hizo ella modestamente es el más consultado. Los hombres piensan que nuestra literatura es peor. Por eso la nombran literatura femenina y luego la subordinan. La literatura fue y sigue siendo un campo de la cultura muy machista, pero no sé si más que otros.

-Qué mundo tan maravilloso enfrenta continuamente dos realidades, la espacial, a veces muy bella, con relatos espeluznantes como el de una violación y un asesinato. ¿Sentía que tenía el compromiso de mostrar esa parte del mundo tan cruel?

-Tenía ese compromiso. En todos los cuentos hay una amenaza. Luego ésta se va deslizando a conflictos más íntimos. En este cuento sí que quería que fuera un monstruos y que ese monstruo, como en el esqueleto de la propia ballena, no pudiéramos identificarlo. Porque cuando Irene -el personaje- se encuentra con su asesino no puede adivinar que es el asesino. Lo que me importaba de ese episodio, que por desgracia le ha pasado a varias chicas viajando solas, era mostrar la tensión que genera en las madres educar a las hijas. La madre de la protagonista quiere que su hija explore el mundo, pero ella no puede ignorar que el mundo para una mujer ha menudo es mucho más peligroso que para un hombre.

-¿La literatura debe alertar a la sociedad de estos peligros?

-Debe representarlos los peligros, pero no desde un punto de vista escabroso. Eso se lo reservo al cine o a otro género de la literatura.

-O a los titulares de medios de comunicación.

-La literatura tiene que huir de eso y representar el mundo a través de recursos artísticos, estéticos, no reproducirlo como en un espejo. La literatura, la que es buena, debería generar emociones con lo no dicho.

-Ocurre en la poesía que algunos autores creen que poner coño es subversivo. ¿Qué le parece?

-Hoy Laura Freixas y yo participamos en una charla sobre género y literatura. Voy a citar a Roxane Gay. Ella habla de su lucha contra la obesidad, que en definitiva está para cubrir la indefensión que le produjo una violación. Ella lo cuenta a través de un testimonio, una especie de memoria, sin una elaboración estética. La literatura tiene que aportar algo más, sugerir, pero no darnos todo hecho.

-Volviendo al libro, los protagonistas tienen bastantes prejuicios como Marie y Mayte. Al final se equivocan. ¿Hay más cosas que nos unen de las que nos separan en este mundo?

-Sí, es justo uno de los aspectos que quería resaltar con este libro. A veces nos creemos muy especiales, muy diferentes, pero somos bastante parecidos.

-¿Falta empatía?

-Apelo a un sentimiento de unión con el universo porque hay demasiado hostilidad en el mundo. Falta empatía y sobran narcisistas refugiados en su individualidad. En el caso de las mujeres, falta sororidad.

-¿Y comunicarnos más?

-También.

-¿Nos da alergia contar lo jodidos que estamos?

-(Ríe). No nos decimos que somos frágiles, pero lo somos. Sólo nos asusta decirlo porque eso nos pone en peligro frente al otro. Quisiera hacerle entender al lector que eso es humano, que así somos todos.

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