'Luz de la noche': el amor que siempre es abundancia

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Victoria León publica el poemario con el que logró el Premio Hermanos Argensola, un libro en el que viaja al “misterio del mundo” y defiende la entrega al otro y un ideal de dignidad.

“Estamos perdiendo la capacidad de llamar a las cosas por su nombre”

La poeta y traductora sevillana Victoria León, fotografiada antes de esta entrevista. / Antonio Pizarro
Braulio Ortiz

15 de enero 2026 - 06:30

Opina Luis Alberto de Cuenca que en la obra de Victoria León (Sevilla, 1981) se abrazan conceptos que algún miope podría juzgar irreconciliables: la introspección y la curiosidad por el mundo, la sensualidad y la reflexión, la celebración y la elegía, la pasión y una “lúcida serenidad”. El veterano formó parte del jurado que le concedió a León hace unos meses el Premio Hermanos Argensola por Luz de la noche, un poemario que publica Visor y que la autora presenta hoy jueves, a las 19:00, en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, acompañada por Ignacio F. Garmendia y Jacobo Cortines.

El libro conforma una suerte de trilogía junto a Secreta luz (2019, Premio Hermanos Machado) y Flores de fuego (2023), propuestas que retratan un mismo “ciclo vital” y en las que cada entrega se abre con un preludio, “casi diría que es un solo poema escrito en tres momentos distintos”, en el que León comparte su definición de la poesía. Algo que en su mirada ha sido “incandescencia”, un ejercicio que implica “vivir o haber vivido entre las llamas”, en otra ocasión un “puente” que “une nuestra nada con la nada del mundo”, hoy es “un viaje / de vuelta de las sombras; / renacer de mil muertes / por amor al destino”.

La voz que atraviesa Luz de la noche advierte ya en las primeras páginas esa dualidad sobre la que se levanta la existencia:“No olvides nunca que vivir / es ver amanecer sobre unas ruinas”, dice en unos versos inspirados por una charla sobre “la belleza y la destrucción” con el escritor y crítico de Diario de Sevilla Manuel Gregorio González, que presentaba por entonces un libro llamado Las ruinas. “Escribí ese poema después de la conversación, y en él apareció una idea que apuntó Sylvia Plath, de la que traduje su poesía completa. Ella, me parece que fue en sus diarios, sostenía que creamos para combatir la ruina y el olvido, y esa imagen de un amanecer sobre escombros se ajusta a mi visión de la poesía”.

La autora presenta hoy su nuevo libro en la Academia Sevillana de Buenas Letras

Quizás para no encallar en el derrumbe, León reivindica a la “estirpe olvidada de los héroes”, a los hombres que se aferran con “furia a la esperanza”, a quienes saben “arder en libertad / en un país de hielo y servidumbre”. “Ese poema conecta con Stevenson [otro autor al que ha traducido], que decía que todos nacemos nobles y que son afortunados quienes lo recuerdan. Esa debería ser la epopeya de toda vida: acercarse al ideal de dignidad”, medita la autora, que también trae al presente a la figura de Casandra, que aquí “susurra vaticinios / que nadie tendrá en cuenta”. Para León, “nos estamos dejando llevar por la visceralidad y por los prejuicios. Casandra sería hoy la voz de la razón, a la que escuchamos poco”.

En Luz de la noche, la poeta se rebela contra “las máscaras que otros nos imponen” y que disfrazan de alegría forzada nuestro miedo, la terquedad con la que intentamos acallar las preguntas incómodas. Pero la poesía, bien lo sabe León, es un viaje “al misterio del mundo”, una travesía hacia la hondura. “Qué difícil oír lo que dice la lluvia, / mirarnos al espejo, / preguntar al deseo quiénes somos / y escuchar su verdad de cristal límpido”, se lee en un pasaje que recupera del Oráculo de Delfos, para su título, ese imperativo de Nosce te impsum (Conócete a ti mismo).

León, que cree que “la poesía es una manera de pensar con el otro”, defiende en este libro “el amor que siempre es abundancia”, que depara “una mirada agradecida”, anota en sus versos. “Sin ese sostén”, analiza en persona, “estamos perdidos. La pasión por sí sola no es suficiente para satisfacer el ansia de totalidad del ser humano, si eso no arraiga en la serenidad”.

A través de Oscar Wilde, León reivindica que “amor y perdón son la misma cosa”

Ante la generosa entrega de Oscar Wilde, al que homenajea en un poema que remite a De profundis, la dolorosa carta que el irlandés escribió a su amante Lord Alfred Douglas, Bosie, desde la cárcel de Reading, León se interroga “si cabe otro destino / distinto del fracaso / para quien ama con verdad, / con alma y valentía / en un mundo que es huérfano de ambas”. A la autora le conmueve en particular una frase: Te seguí amando para salvar mi alma. “Wilde demuestra que el amor y el perdón son una misma cosa. No está en nuestras manos ser correspondidos por el mundo, ser correspondidos por los otros, y lo único que podemos decidir es no dejar de amar, no renunciar a salvar nuestra propia alma”.

Wilde asoma entre otras referencias como Sandor Marái o el personaje de Hamlet. “Esas citas resultan inevitables. Por mi profesión estoy en contacto permanente con la literatura, aparte de las lecturas que hago por placer. Todo eso me inspira y se mezcla. Es muy difícil trazar dónde termina la traductora y dónde empieza la poeta”, afirma León, feliz por haber obtenido “un premio de tanta historia, que han ganado autores extraordinarios” como el Hermanos Argensola. “Y con un jurado de altísimo nivel [además de Luis Alberto de Cuenca, lo integraban Chus Visor, Ioana Gruia, Antonio Lucas, Carlos Marzal, Aurora Luque y Benjamín Prado] con estéticas muy distintas, pero que se han puesto de acuerdo en este libro”.

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