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Su majestad Franz Ferdinand

  • El Coliseo de Atarfe vivió ayer una noche de total entrega con la banda escocesa que llenó el escenario y llegó dispuesta a reclamar su corona

Igual Franz Ferdinand es una máquina y nadie se ha dado cuenta. Tan elegantes como las portadas de sus discos. Tan cercanos como cuando actuaron por primera vez en una habitación hasta repleta la bandera por 80 mujeres. Tan divertido como las muecas con las que le sonríen al público cuando les lanzan algún piropo. Y tan exquisitos como los postres que aprendieron a cocinar cuando eran chefs. No les falta de nada; y con un éxito tan cantado, a los príncipes del indie internacional ya no les quedaba ayer otra que hacer la noche suya con un concierto en el que la entrega absoluta de los de encima y los de debajo del escenario fue lo verdaderamente emocionante.

Con el ambiente aún temblando por el paso de Mando Diao (su partenaire oficial en esta gira), los escoceses irrumpieron en el Coliseo de Atarfe dispuestos a reivindicar su corona. Venían con los deberes bien hechos, lo que para ellos viene siendo una actuación de sobresaliente en el siempre complicado Palacio de los Deportes de Madrid. Pero para su último concierto en España los Franz Ferdinand buscaban la matrícula de honor, y no quisieron escatimarle ni minutos ni música a los más de 5.000 espectadores que les esperaban.

Arrancaron su noche con la explosiva The dark of the matinée, uno de los temas más conocidos de sus primeros años yque fue el perfecto avance del aluvión de éxitos que iba a venir en apenas media hora. Do you want to, No your girls y Walk away y Take me out explotaron así, sin más, y sin previo aviso, para delirio colectivo. De cine. Pero claro, que con tanto derroche, la duda estaba en imaginar todo lo que vendría después. La respuesta estalló en tan sólo unos minutos con las canciones más bailables que los de Glasgow han firmado en Tonight, un tercer álbum que ha venido para metamorfosear desde los cimientos a la banda que, según dicen, está llamada a suceder a los todopoderosos U2.

Por el espectáculo de Tonight circularon varios protagonistas. Hubo mucho del pop de gourmets del disco homónimo con el que Alex Kapranos y los suyos debutaron y con el que dejaron a la escena alternativa literalmente con la boca abierta. También mucho del rock un paso más agresivo y electrónico con el que consolidaron definitivamente su posición privilegiada en la música al enamorar a medio mundo al ritmo de la frescura de su segundo You could have it so much better. Y sobre todo muchísimo del ambiente discotequero y las luces de pista de baile que rodean a este Tonight. "Qué bueno Granada!", se atrevió a decir Kapranos en un más que aceptable español.

Todos los Franz Ferdinand demuestran en concierto la buena sintonía que les unió hace ya algunos años y la amistad que perdura y ha ido creciendo a lo largo de sus tres discos. Alex Kapranos conocía a Bob Hardy (bajo) porque ambos eran chefs. Hardy, a su vez, se hizo amigo de Paul Thomson (batería) en la Facultad de Bellas Artes de Glasgow, mientras que Kapranos se topó con un tal Nick McCarthy (guitarra y teclados) que quería robarle una botella de vodka. Rocambolesco pero efectivo, porque tras unos cuantos ensayos se dieron cuenta de que lo suyo tenía madera de banda.

En la hora y media de música que dejaron los Franz Ferdinand se atrevieron a desentrañar todas las aristas de sus propias canciones para convertirlas en fascinantes momentos de conexión absoluta entre artistas y público. Temas como Jacqueline o Turn it on calentaron el ascenso final de la actuación, que estuvo marcado por temas mayúsculos en su nuevo trabajo como la personalísima Ulysses o las adictivas What she came for y Lucid Dreams. Serían los penúltimos disparon de una actuación en la que Kapranos y los suyos se desenvolvieron a su antojo y tuvieron tiempo para todo: bailar, reír, regalar posturas de hombres fatales, hacer de cowboys (con sombrero incluido), solventar sobre la marcha problemas como la rotura inesperada de la cuerda de una guitarra, coquetear con las fans en todo momento y hasta de inventarse una jam sesion con todos los instrumentos de percusión que encontraron a su alcance.

Se rumoreaba que los Franz Ferdinand conocieron la noche del viernes en Madrid lo que es una fiesta española de las buenas, pero teniendo en cuenta su biografía es más que posible que anoche quisieran hacer lo propio con las típicas andaluzas.

Con el expediente de sobra cumplido en su paso por España, a la banda le esperan ahora citas por medio mundo. Seattle, Oakland, Phoenix, Denver, Dallas, Minneapolis, Kansas, Milwaukee o Chicago son sólo algunas de las que tienen previstas para este mes. Pero quien se quedara anoche con ganas de más, que no sufra pensando que se tendrá que cruzar un océano para verles de nuevo. Estarán en el FiberFib Heineken de Benicàssim y volverán a hacer entonces de la noche su mejor refugio contra los ogros de la monotonía.

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