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"En este momento de la vida no tengo muchas ganas de callarme"

  • En 'Lenguaraz' la autora hace pública una evolución vital. "Siempre he sido una persona demasiado cautelosa al hablar. Ahora creo que es todo lo contrario: el pensamiento también requiere fluidez y espontaneidad"

-Según la RAE, es lo mismo lenguaraz que deslenguado. ¿Por qué ha preferido Erika Martínez ser una lenguaraz?

-Sí, es cierto que la palabra lenguaraz comparte con deslenguado la pulsión irreverente, el mal hablar. Pero lenguaraz es también quien habla por los codos y ése era un matiz que no quería perder. Por otro lado lenguaraz es un adjetivo que puede ser femenino o masculino al mismo tiempo, lo que permite al lector cierta identificación, sea quien sea. No se sabe si lenguaraz es la autora, los lectores o el género literario en sí (aunque yo apostaría por esto último). ¿Una razón más caprichosa? Me parece una palabra traviesa.

-¿En qué momento estos aforismos pasaron de ser dichos a ser escritos?

-Te confieso que siempre fueron escritos. Nacieron sobre el papel, como nacen los cuentos o los poemas. Yo pienso mientras escribo. Antes no sé.

-¿Qué es más rápida en su caso: la mano o la lengua?

-Pues por más que entreno a la sinhueso, siempre se me adelanta la mano. Pero como sólo alcanzo medio metro a la redonda, la mayoría de los lectores están a salvo. Al menos de mi mano.

-Dice que "la inmensidad puede emerger de un centímetro, de un clítoris, de un aforismo"... Supongo que es difícil medir la inmensidad, pero ¿cuánta hay en este libro?

-Uy, eso tendría que decidirlo el lector. Más allá del exceso humorístico, pienso que ese aforismo tiene que ver con una idea del poeta Alberto Girri que afirmaba que un buen poema ocupa mucho más espacio en la memoria que sobre la página. Como un aforismo. Y…

-Todos los aforismos que hay en 'Lenguaraz' son, del primero al último, ¿pensamientos autobiográficos o filosofías ajenas?

-En mi opinión, los aforismos son tan autobiográficos (o tan poco autobiográficos) como el resto de la literatura. Pero a diferencia por ejemplo de las novelas, los aforismos son una ficción de no-ficción. Es una peculiaridad que comparten con la poesía.

-¿Hay tanto de usted aquí que sirve leerlo para conocerla?

-Si me lo permite, le respondo con un aforismo del libro: "Una autobiografía es un escondite muy sofisticado". Pero, por supuesto, en algunas piezas del puzle asoma mi nariz. El problema es que ni yo sé dónde. Afortunadamente, tampoco importa, ¿no?

-Imagino que no es de los que piensan que quien calla otorga... ¿Sobre qué cosa, hecho o persona le gustaría hablar hasta quedar harta?

-Hay muchos tipos de silencio: silencios cómplices, meditativos, ignorantes, desconcertados. Algunos otorgan y otros no. Yo en este momento de la vida no tengo muchas ganas de callarme. Siempre he sido una persona demasiado cautelosa al hablar. Cuando notaba mi torpeza al emitir opiniones, pensaba que era porque no pensaba suficiente antes de intervenir. Ahora creo que es todo lo contrario: el pensamiento también requiere fluidez y espontaneidad. Hay que encontrar un punto medio entre la precipitación y el regodeo íntimo. Igual cuando se escribe. ¿Sobre qué no me cansaría de hablar? Como casi todo el mundo: de sexo y de política.

-¿Por y para qué escribe?

-Las razones cambian cada vez que una se sienta a escribir. La vocación es una inclinación muy dinámica. Pero siempre porque lo necesito, para sobrevivir.

-Sin convalecencias ni catástrofes, ¿qué clase de fenómeno le llevó a escribir este libro?

-Creo que al principio me daba paz apuntar ideas, darles forma sobre el papel. Era una fantasía de control tan absurda como todas. El pensamiento, como la vida, nunca se apacigua. Menos mal.

-¿Es Ramón Gómez de la Serna el mejor aforista de la historia?

-Me lo sirve en bandeja: "Ramón es el peor aforista de la historia. Quizás no tanto. Alguna greguería digna tiene. Conozco varias de memoria. De hecho son bastante buenas. Sí, sí, extraordinarias. Ramón es el mejor aforista de la historia".

-¿Qué escritor, sin saberlo, es un experto autor de aforismos?

-Pues la verdad es que yo defiendo el aforismo como género autoconsciente. Aunque respeto las antologías de frases extractadas de novelas, ensayos o poemas, y posteriormente reunidas con el formato de un nuevo libro, me interesan los aforismos concebidos como una realidad autónoma y los libros de aforismos como entidades de pleno sentido. Se puede ser un novelista o un ensayista sentencioso, pero en mi opinión eso no hace a un aforista. Prefiero dejarle los nombres de dos grandes clásicos del género: el argentino Antonio Porchia y el polaco Jerzy Lec.

-Un aforismo que hubiera querido inventar usted...

-"Parecer tiene más letras que ser", de Karl Kraus.

-¿Me dice alguna frase absurda que, con forma de aforismo, de verdad absoluta, haya escuchado de algún político últimamente?

-Recuerdo que, a principios de abril, cuando Zapatero anunció que no sería candidato en las próximas elecciones, dejó caer un "Lo mejor está por venir". Me temo que no calculó la proyección irónica que podía alcanzar su aforismo en el contexto actual. Todo un epitafio bufo.

-En este libro, de apenas 77 páginas, habla de amor, de odio, de muerte, de literatura, de inteligencia o de falta de inteligencia, de mujeres y hombres, de placer, de misterio... ¿Se podría decir que es su obra más completa?

-Es verdad que estos aforismos apuntan en muchas direcciones, quisiera pensar que con un argumento interno que hila tonos, temas, conceptos. Pero, si exceptuamos un poemario que publiqué en 2009, Lenguaraz es casi mi única obra. Y es cojita la pobre, sólo el lector puede completarla.

-¿Hay algún aforismo que haya verificado, comprobado, a lo largo de este día?

-Todo corredor quisiera esquivar la meta.

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