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La musa delbalón

  • La colección Visor y el escritor Luis García Montero aúnan poesía y fútbol con la publicación de una antología lírica que incluye versos de Gabriel Celaya, Miguel Hernández y Mario Benedetti

Mayo de 1928. En el estadio de El Sardinero se disputa la Final de Copa de fútbol entre el Barcelona y la Real Sociedad . El terreno de juego santanderino es testigo de un polémico encuentro en que el equipo culé resulta vencedor; algunos aficionados lo achacan al guardameta húngaro del Barcelona, otros al juego sucio. Rafael Alberti, aficionado azulgrana, escribe la Oda Platko y como si de un feedback poético se tratara, Gabriel Celaya arremete deportiva y líricamente con la Contraoda del poeta de la Real Sociedad.

Más de ocho décadas después de esta anécdota y en el contexto de los sucesivos triunfos futbolísticos, la colección Visor celebra su número ochocientos con la publicación de Un balón envenenado. Poesía y fútbol, antología que corre a cargo del editor Chus Visor y el poeta Luis García Montero, quien apunta "es un intento de defender que la poesía tiene un lugar en la vida cotidiana". El libro recoge la inspiración que una larga lista de autores como Gerardo Diego, Miguel Hernández o Clara Janés, entre otros, encontraron en el deporte nacional.

Balón envenenado es una excepcional conjunción de lírica y fútbol, dos manifestaciones a priori poco relacionales y que, sin embargo, este libro hermana con el denominador común de la emoción; ésa que convierte a lo aparentemente banal en obra de arte. "En el terreno de juego se despiertan los mismos sentimientos que la poesía intenta acercar desde la profundidad; las ilusiones, los miedos o la conciencia de derrota", declara Montero.

Esta antología también se hace eco de las voces críticas contra el balompié, como un fenómeno de carácter populista y manipulativo, propio del pan y circo romano.

El prólogo del libro recoge las palabras del que fuera candidato al Nobel de literatura durante tres décadas, Jorge Luis Borges, en las que ataca sin perdón a los ingleses "por haber inventado uno de los grandes crímenes del siglo XX".Y pese a que pueda resultar una afirmación exagerada, lo cierto es que dictadores como Mussolini en 1938 y Videla, cuatro décadas más tarde, hicieron uso del carácter movilizador del balompié. La lírica sobre fútbol comparte intencionalidad con la poesía política en el culto al héroe, la exaltación de la victoria o la sátira al enemigo.

Hoy día, en un contexto de crisis no sólo económica, los triunfos de La Roja invaden a esa masa de un estado de felicidad y orgullo con la misma fuerza que una inyección intravenosa. Para García Montero, las protestas del 15-M son las verdaderas responsables de transmitirle la verdadera emoción multitudinaria pero no resultan incompatibles con la celebración del triunfo deportivo. "La situación está lo suficientemente difícil como para poder disfrutar de la Eurocopa sin olvidar los retos que tenemos por delante", declara Montero.

Balón envenenado recopila versos de poetas españoles y latinoamericanos desechando la idea inicial de que poesía y fútbol son como el agua y el aceite. La lírica y el balompié tienen en lo social su punto de encuentro; un binomio de carácter emocional,vital. Y es que como sentencia el poeta granadino, "un intelectual que desprecia el fútbol es un hombre sin curiosidad por la vida".

A la larga lista de poetas que escribieron sobre fútbol se suma el nombre de Luis García Montero, quien homenajeó al deporte nacional con el poema Domingos por la tarde, incluida en el libro Vista Cansada publicado por la Colección Visor en el año 2008. El poeta granadino, merengue y granadinista, versa sobre fútbol unido al recuerdo de la más tierna infancia que en propias palabras de Montero "nos hace comportarnos como niños ante un partido de fútbol".

Balón envenenado deja constancia de que no sólo el pueblo llano se deja llevar por las "banalidades" de este mundo sino que también los intelectuales gozan, gritan y lloran . Porque la poesía al igual que el deporte provoca las más intensas emociones humanas. Al fin y al cabo, ¿qué es la vida sino constantes fueras de juego, faltas directas y segundos tiempos?.

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