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"Mis personajes son divertidos pero siempre perdedores"

  • El actor asturiano se sube a 'La montaña rusa' en el Teatro Isabel la Católica interpretando a su arquetípico galán en aprietos por mediación de una mujer

"¡Hasta luego chatín!", se despide Arturo Fernández ejerciendo de Arturo Fernández. Por suerte está al otro lado del teléfono y el interlocutor se libra de ser 'caneado'. El actor asturiano vuelve a su personaje arquetípico en el Teatro Isabel la Católica con La montaña rusa, de André Dessous. Comedia, las camisas mejor planchadas de la escena española y compañía femenina, en este caso la actriz Carmen del Valle.

-¿Arturo Fernández es un género en sí mismo?

-Puede ser. Posiblemente La montaña rusa es la comedia más importante que ha caído en mis manos en los últimos años, precisamente por venir avalada por el autor de Los puentes de Madison. También es verdad que siempre digo lo mismo de mi última comedia. Todo lo que soy, poco a nada, se lo debo al público. Llevamos dos años con esta comedia y dada la calidad y el éxito que está teniendo me hace creer que es de esas comedias que ya no se escriben, que el público que acude a verla tarda en olvidarla. El autor juega mucho con el espectador, cada diez minutos hay un sobresalto en la butaca y el público se pregunta "¿qué más le puede suceder a este personaje?". Es una obra para hartarse de reír aunque también se te pueden caer un par de lágrimas.

-Dice que la moraleja de la obra es que no hay que llevar a una chica joven a tu casa cuando tu mujer está de vacaciones. ¿Mejor ir a la casa de ella?

-Quizás. Pero los hombres que ven esta comedia, si en algún momento se les ha pasado por la cabeza ligar con una chica cuando su mujer está de vacaciones, se les quitan las ganas después de ver esta obra. Eso se lo puedo asegurar.

-¿Una vacuna para el marido infiel?

-Es posible. En Barcelona, donde hemos estado cinco meses, hubo un matrimonio que estuvo once veces. Eran anticuarios y siempre iban acompañados de cuatro o cinco personas. Me lo dijo la taquillera porque claro, se hicieron amigos.

-En Barcelona cinco meses, en Málaga dos semanas y en Granada apenas tres días. ¿Por qué?

-Es una lástima que en una tierra que es arte puro estemos tan poco tiempo. Es una comedia que cuanto más tiempo está más éxito tiene porque se promociona de boca en boca. Cuando existía el auténtico empresario no se dejaba escapar un éxito como este así porque así. En el Teatro Marquina estuvimos nueves meses por ejemplo. Yo no puedo olvidar que la última vez que estuve aquí fue con Esmoquin, que la estrené en Granada. Esta comedia podría estar en esta ciudad dos semanas tranquilamente. Hay que tener la sensibilidad para saber que hay éxitos lo mismo que hay comedias que con un día ya es suficiente. Lo digo con pena porque es razonable cuando tienes un éxito como este querer que lo vea todo el mundo.

-Sobre todo ahora que hace cinco años que no hace cine y ha aparcado la televisión.

-Es que yo soy un hombre de teatro, llevo 47 años con mi propia compañía y jamás he pedido una subvención. Mi subvención es el público que con su amabilidad viene a verme.

-Hay artistas que dicen que hay que traicionar a su público. No parece usted de esa opinión...

-La gente de teatro sabe lo que espera de mí. Yo soy un actor de comedia exclusivamente, saben lo que van a ver cuando compran la entrada. Soy el último de una generación caduca que no ha defraudado nunca, que es fiel a su público.

-Pero en el cine ha interpretado a personajes odiosos como el torero de 'Currito de la Cruz'.

-Pero por ejemplo el otro día pusieron en televisión mi última película, Desde que amanece apetece y la verdad es que me tronché de risa olvidándome de que yo era el protagonista. Pero cuando me veo mal en las películas lo que pienso es 'coño, ¿por qué acepté este papel?'. Por otro lado, en televisión hice dos series francamente muy importantes, Truhanes con Paco Rabal y La casa de los líos. En televisión manda mucha gente y yo estoy acostumbrado a elegir el guión, dirigirlo y contratar a los actores. Por ejemplo, para esta comedia necesitaba a una primerísima actriz y ahí está Carmen del Valle, que tiene un Premio Max por La Celestina.

-¿A qué achaca su conexión con los jóvenes? ¿Ven en usted al familiar golferas que todo ser humano debería tener?

-Mis personajes son divertidos pero perdedores. Han hecho felices a todos los demás menos a ellos mismos. Creo que acerté, tuve la sensibilidad para saber lo que el público quería de mí. El género más difícil de interpretar es la comedia, sin duda. Hacer drama no tiene secreto. Recuerdo que cuando empecé, mi primera comedia como empresario fue Dulce pájaro de juventud, de Tennessee Williams, y en los momentos más dramáticos de la obra el público se partía de risa conmigo. Pero no es porque lo hiciera mal, era por mi tono.

-'Dulce pájaro de juventud' la protagonizó en el cine Paul Newman. Alain Delon interpretó 'La montaña rusa' en Francia...

-Es verdad, pero Alain Delon no me gustó ni un carajo, estaba correcto pero lo hacía demasiado serio. La prueba es que cuando el autor vino a ver su obra a Madrid dijo que nuestra adaptación le había sorprendido. A las cosas dramáticas hay que darle incluso un barniz de ternura.

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