Antonio Sánchez Trigueros. Catedrático emérito de la UGR

"Soy un poeta clandestino"

  • Tras una intachable carrera como profesor e investigador recibe mañana el Pozo de Plata en el marco del '5 a las 5' que conmemora el 117 cumpleaños de Federico García Lorca.

A Antonio Sánchez Triguero se le despejó un poco la agenda de mañana tras el enésimo retraso en la inauguración del Centro Lorca. Pero por la tarde tiene una cita ineludible en Fuente Vaqueros, donde recibirá el Pozo de Plata que le entrega la Diputación en el marco del tradicional 5 a las 5. Durante décadas ha cultivado una imagen de hombre discreto, casi circunspecto, pero en los últimos tiempos muestra sin tapujos su lado más divertido en La Voz de Granada, donde se atreve a cantar en directo o a dedicar un poema a la termomix.

-Con el homenaje que se le rindió en la UGR y ahora con este Pozo de Plata, ¿le ha llamado algún familiar preguntando por la salud?

-No, la verdad es que no, la gente sabe que de salud estoy bien y los años no me han afectado. A veces las cosas se encadenan, como si alguien despertara la atención sobre una persona y otro se suma a ella.

-El Pozo de Plata tiene una nómina de muchos artistas, caso de María Dolores Pradera o Enrique Morente, un perfil como el suyo es casi una novedad en un galardón con esta trayectoria...

-Suele ser gente con más proyección pública para el propio premio, es gente con más visibilidad que nosotros, que estamos más escondidos. El profesor que hace su trabajo no es noticia, el investigador está ahí, hace sus trabajos, saca sus estudios pero no llama la atención como puede llamarla una gran artista como Núria Espert, que ha dedicado mucho de su vida a representar a Lorca, o el caso de Aurora Bautista u otros poetas.

-En su faceta como tertuliano de radio ha sorprendido a profesionales y oyentes con un perfil irónico y divertido tras esa fachada de hombre serio...

-Incluso he llegado a cantar en la tertulia. Cuando terminé la carrera estuve trabajando en Radio Popular de crítico de cine o en programas de lectura de versos. Que justamente en esta etapa de mi vida aparezca de nuevo la radio ha sido una cosa muy agradable. Hablamos de muchas cosas con absoluta independencia y libertad.

-Ha sido siempre un hombre muy medido y el directo de la radio no tiene vuelta atrás, máxime cuando trata temas de actualidad. ¿Le da vértigo perder la compostura?

-Con los años que uno tiene no se dicen cosas como para poder arrepentirse, tengo ya la opinión muy madurada

-¿También la tiene respecto a la situación política actual de la ciudad con el 'tsunami' de las condiciones que pone Ciudadanos al PP?

-Yo propuse una sección que fuera Granada en positivo, porque es una ciudad que ha sido muy dada a darse latigazos y yo he sido siempre optimista por naturaleza.

-Caballero Bonald decía que el verdadero andaluz era pesimista y melancólico...

-Hay de todo, depende del tipo de andaluz, al cordobés le pega más eso, yo soy malagueño y al malagueño le pega más una imagen de optimismo, mirar el horizonte abierto, porque creo que el mar te da más una visión distinta de lo que es la cerrazón de un paisaje rodeado de montañas. De ahí mi propuesta de esa Granada en positivo, no pensar que todo es un desastre, que todo se hace mal. Hay que sumar entre todos, ¿no podemos llegar a acuerdos, como ocurre en otras capitales, en los que haya que dejar un poco la ideología a un lado y pensar en la ciudad? Yo creo que eso es lo que hay que potenciar, por lo que crear ese frente común para sacar al PP de la institución no me parece que deba ser una finalidad.

-Usted es malagueño y granadino; aquí, hasta los afines al PSOE coinciden en que Francisco de la Torre es un gran regidor, hay un consenso general en torno al él, incluso se oye "si tuviéramos este alcalde en Granada"...

-El carácter es el carácter, Paco de la Torre tiene mucha experiencia política, es una persona de consenso y nunca ha buscado los enfrentamientos, tampoco usa el lenguaje ácido de unos contra otros. Si se piensa en ejemplos como el Festival de Cine de Málaga o en el Museo Picasso, han sido proyectos de un gran consenso entre institucionales. En el caso del Festival Internacional de Teatro que yo dirigí durante 9 años fue una situación de consenso, allí estaban el PSOE, la UCD y el PC.

- Y murió miserablemente...

-Y murió miserablemente porque yo no pude aguantar más después de 9 años, era un trabajo muy duro, sobre todo estar todo el tiempo tratando de convencer a los políticos de lo interesante que era aquello, de que eso podía ser una imagen de Granada para el futuro.

-A la gente del ámbito universitario se le ha tachado vivir en una burbuja, ¿es difícil envejecer cuando los alumnos que se tiene enfrente son siempre jóvenes?

-Es difícil, hay que adaptarse, todos podemos envejecer físicamente, pero interiormente permanecer jóvenes. Ahí está el caso de Rafael Guillén. Los últimos libros que ha publicado con 70 y 80 años son textos que podía haber publicado perfectamente de joven o un poeta actual. Nunca he pensado que soy el viejo frente a los jóvenes, sino una persona que tiene que revitalizarse, que tiene que tener muy en cuenta lo que tiene enfrente, que tiene que renovarse y estar muy pendiente de lo que son las nuevas inquietudes.

-Dice Juan Carlos Abril sobre usted que sus manuales son didácticos, amenos, nada pretenciosos, al contrario de lo que ocurre habitualmente donde el mensaje se pierde tras tecnicismos y sesudos planteamientos.

-Yo eso siempre lo he tenido muy claro, publico pensando en los lectores porque puedes decir cosas con profundidad de manera sencilla. Ortega y Gasset publicaba en la prensa y luego esos artículos los reunió y los publicó como ensayos. Es lo del filosofo en la plaza, aunque hay gente que dice de Ortega que no es un filosofo porque se le entiende todo. Hombre, eso es algo caricaturesco, a Platón se le entiende bastante bien, a Aristóteles con buenas traducciones y estando al tanto de los temas que trata se le entiende perfectamente. Es decir, el filósofo o el investigador no tiene que ser alguien aislado que solo se entiende a si mismo y a los cuatro que tiene alrededor. Es verdad que hay disciplinas y disciplinas, no le podemos exigir eso a un profesor investigando sobre química...

-Ahora es profesor emérito en un momento en el que parece que la juventud es el valor con el que se mide todo.

-Ahora mismo imparto una materia llamada Dramaturgias contemporáneas, en un máster sobre estudios literarios y estudios teatrales en el que, por ejemplo, le he dedicado tiempo a estudiar el flamenco como espectáculo narrativo, algo de nuestros tiempos desde Antonio Gades y sus Bodas de sangre.

-¿Cree que el flamenco trata bien a Lorca?

-Ha habido espectáculos de gran calidad en el Generalife sobre Lorca, como el Poeta en Nueva York de Blanca Li o el espectáculo de Cristina Hoyos.

-¿Es partidario de que se le pierda el respeto a su figura?

-Yo creo que ese es el tema por el que se me ha tenido en cuenta para el premio, por la investigación en lo que se refiere al teatro. Si por algo me merezco el premio es por estudiar a Lorca en escena, investigar las puestas en escena que se han hecho sobre su obra, que son muy distintas porque la figura del director se ha convertido en una institución y en una persona que se ve legitimado para la interpretación de un texto. El caso de Bernarda Alba es de los más llamativo que yo he estudiado, cómo partiendo de un texto que quiere ser absolutamente realista se han podido hacer interpretaciones expresionistas, vanguardistas, del teatro del absurdo, de teatro de ensueño... Pero la grandeza del teatro de Lorca es que cualquiera de sus obras puede ser interpretada de forma muy distinta, se pueden proyectar poéticas muy distintas, desde el realismo más puro al realismo poético, parodia, danza eliminando todo el texto... Esa es la grandeza de Lorca, pero eso no se puede hacer con todos los textos teatrales, hay obras que están tan agarradas a su época que es muy difícil darles una proyección distinta

-Hubo una época en la que los temas lorquianos eran un caramelo porque tenían un alto porcentaje de ser subvencionados.

-Sí, es verdad que se han dado muchas ayudas.

-¿Cuál es la obra que le ha hecho disfrutar más?

-He disfrutado mucho. Por ejemplo me acuerdo de la Bernarda Alba de Ángel Facio, abrió la obra de par en par a otro mundo y a otra manera de verla, y eso es lo que hace que esa obra pueda seguir siendo universal y no seguir siendo el drama de las mujeres encerradas en una casa en los años 30. Ahora es otra historia, la lucha por la libertad, lo que la hace atractiva para un japonés o un chileno.

-Incluso para ver la actualidad de 'Yerma' sólo hay que acudir a una clínica de fertilidad y ver cómo los hombres están en la sala de espera con el rictus de 'el problema lo tiene ella'.

-En el norte de África es muy atractivo porque aún se está hablando de estos problemas, que son los que aquí teníamos en los años 20. Recuerdo El Público de Luis Pascual, pero la versión que hizo aquí Francisco Ortuño fue un grandísimo espectáculo, aunque el problema del teatro es que se lo lleva el aire. Por eso es importante que los expertos dediquen su tiempo a investigar las distintas puestas en escena y demostrar que el teatro de Lorca resiste todas las versiones.

-¿Cuál fue la última obra sobre Lorca que supuso un golpe en la mesa?

-Quizás la de Ángel Facio, pero esto es muy discutido porque hay quien dice que hay que representarlo tal y como él decía, pero yo y otros defendemos que, respetando su texto, se pueden hacer cosas muy distintas. Es el caso de El Quijote, podemos seguir interpretando la obra de Cervantes como una sátira de las novelas de caballería, lo que no tendría interés para nosotros. Cada época va dando una nueva interpretación a los textos clásicos, el tiempo los va enriqueciendo porque los textos, cuando son grandes, son abiertos, tienen muchas grietas por donde podemos reconstruir otros modelos de interpretarlos. ¿Cuántas interpretaciones hemos visto de obras de Sheakespeare?

-¿Nunca tuvo tentaciones literarias?

-Tengo muchas cosas que posiblemente salgan próximamente. Siempre he sido un poeta clandestino.

-¿Por qué ha tenido escondidas sus obras en un cajón todos estos años?

-No he tenido mucho interés en darlas a conocer públicamente. En la emisora estoy desarrollando el microrrelato y ya tengo cerca de setenta. Tuve una época en la que, cuando me decían que presentara a un escritor, en lugar de hacer una cosa académica y rígida me inventaba una historia sobre ese personaje. Estoy reuniendo presentaciones de autores como Antonio Carvajal, que planteé como el acto de investidura de Carvajal como doctor honoris causa de una universidad norteamericana; curiosamente, eso que me inventé aparece como cierto en alguna biografía. Quizás piensan que todo lo que escribo es la verdad de la misa, son cosas un poco borgianas, un autor por el que me siento muy atraído. Además, en los programas del Festival de Teatro siempre publicaba un texto literario sobre el mundo de la escena.

-Usted trabajó en la sombra para que, por fin, le dieran el Premio Lorca a Rafael Guillén. ¿Por qué costó tanto reconocer a un poeta granadino?

-Hemos defendido desde el primer momento que Rafael Guillén tenía que ganar el Premio Lorca. Seguimos insistiendo año tras año y llegó un momento en el que me puse un poco agrio, entendíamos que a lo mejor en los primeros años era bueno premiar a gente de fuera, pero llegó un momento en el que ya era ofensivo.

-Guillén y usted son de los pocos del mundo literario de la ciudad que generan un consenso. ¿Por qué no esto más habitual?

-Tiene razón, son muchos años y siempre he defendido mi independencia, hay grandes valores que están en un lugar y en otro, yo no me voy a posicionar porque quiero disfrutar de toda la gente que es valiosa.

-Poco amigo de polémicas, el enfrentamiento entre Fortes y Luis García Montero llegó a salpicar a la Academia de Buenas Letras cuando era usted del presidente porque algunos miembros pedían que la institución se implicase de manera más directa...

-Yo no estoy de acuerdo con lo que opina Fortes de Ayala o de Lorca, aunque respeto esa opinión. Pero no se puede descalificar a una persona porque tenga un juicio negativo de Lorca o de Ayala, con el que yo tuve una relación tan directa. Sobre Lorca habla muy mal Borges, ¿hay que expulsarlo de la Biblioteca Nacional? Le parecía un poeta fácil, exhibicionista, no le interesó y decía que Yerma era insoportable. Entiendo que a Borges no le gustara Lorca, igual que a Juan Ramón no le gustaba el Lorca de El Romancero gitano.

-Francisco Ayala, aunque se dulcificó con los años, pasaba por ser un hombre de un fuerte carácter y más de un periodista se llevó una fuerte reprimenda por no llevar bien atada la entrevista. Por contra, Lorca era un hombre expansivo, en las antípodas de Ayala. ¿Representan de alguna manera las dos grandes tipologías de granadino?

-Ayala era un granadino muy esencial, como viera que el periodista no conocía su mundo literario lo mandaba a la mierda, yo tuve muchas experiencias sobre esto. Él tenía su humor, pero muy granadino. Lorca en cambio era la representación, de hecho no publicaba sus textos hasta que no los hubiera puesto en escena.

-¿Le interesa la vida privada de Lorca?

-Es que la vida privada no explica la obra de los autores. Una cosa es la personalidad y otra el escritor, que tiene más cosas que van más allá de la personalidad. Las obras literarias no se explican al cien por cien conociendo a la persona, porque hay cosas que ni siquiera controla el autor. Yo respeto las críticas biográficas, pero siempre con muchas cautelas y nunca explicando la obra partiendo de la biografía.

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