Entrevista Francisco López Barrios | Escritor y periodista

"El mundo está regido por la imagen, el espectáculo, el aparentar y el postureo"

  • El autor presentará este miércoles en el Centro Artístico su nuevo libro donde muestra un mundo nada edulcorado, lleno de sufrimiento y locura, a través de su habitual mirada descreída

Francisco López Barrios posa junto a uno de sus libros, en una presentación

Francisco López Barrios posa junto a uno de sus libros, en una presentación / Rafael A. Butelo

Futbolistas homosexuales, terroristas de ETA nacidos en Andalucía, nietos asesinando a su abuela. Son algunos de los protagonistas del nuevo y provocador libro de relatos de Francisco López Barrios (Granada, 1945), La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica… En el volumen, publicado por Dauro, el escritor descubre un mundo nada edulcorado, lleno de sufrimiento y locura, a través de su habitual mirada descreída. "Traduzco a la literatura pulsiones que están en nosotros y que son inconfesables muchas veces. La literatura debe descubrir los misterios que hay detrás del ser humano", señala el autor durante una charla telefónica donde cuenta que ha pasado el coronavirus.

Incluso le ha dejado secuelas raras como mareos repentinos. Igualmente, dice, va tirando. El periodista también admite que le duele la situación vivida estos días en el Tarajal (se crió en Marruecos y vivió 15 años allí). "Hay mucha hambre, sufrimiento, dolor y mucha locura. Hay mucha gente con pastillas. En España hay ocho millones de personas en tratamiento psiquiátrico. ¿Si todo fuera tan ideal porque ha aumentado el consumo de ansiolíticos?", se pregunta el autor que se echó a agricultor un día ("tengo callos en las manos", advierte). De eso y más hablará este jueves a las 19:30 en el Centro Artístico, durante la presentación de su libro, acompañado de los catedráticos Antonio Sánchez Trigueros y Manuel Ángel Vázquez Medel y la presidenta del Grupo Dauro, Pilar Sánchez.

-En el libro de relatos presenta al ser humano en ocasiones como un depredador bastante cruel.

-No soy de la generación buenista. A mí me aburre mucho los folletines con historias de amor imperdonables. A mí me gusta renovar los temas. Me gusta que arda el mundo. Me gusta que los libros sean excitantes y sacudan al mundo.

-¿Hay esperanza para esta sociedad de consumidores casi deshumanizados?

-Ese es el problema. El libro no es tan negativo. Hay cosillas como lo de los nietos que se comen a su abuela. Ese relato me ocasionó muchos problemas. Una editorial muy importante española me lo rechazó. Argumentaron que los nietos en España no se comen a las abuelas. Es un relato, no una biografía. Prefieren algo más idílico...

-¿Hay mucha más corrección política hoy día que en los años de la Transición?

-Sí, absolutamente. A mí me meterían en la cárcel inmediatamente por cosas que he escrito en el pasado. Vengo de la generación de los 60, una generación muy libre. Con las comunas, el amor libre, la sexualidad. Ahora que hay más libertad que nunca en un sentido, en otro hay una moralina tremenda. Es contradictorio.

Portada del libro Portada del libro

Portada del libro / G. H.

-Dice al inicio, en las notas del autor, que aprendió "más en diez años de agricultor sobre los seres humanos, la tierra y sus servidumbres, que en media vida de periodista". ¿Qué puede aprender un periodista de un agricultor?

-De todo. Yo llegué a Almería y no sabía lo que era una lechuga. Me hablaban de balsas y creía que era una balsa para surcar el mar. Así le llaman a los embalses. Se trata de un mundo muy duro, muy seco, porque no hay demasiada agua. Tienes que luchar mucho. Poco a poco fui entendiendo esa realidad del ser humano luchando contra elementos absolutamente hostiles y que con tanto esfuerzo se vencen. Podría estar tomando copas en Madrid o en Granada, y aquí estoy regando mis melones. Aprendí la humildad del ser humano frente a la naturaleza. Me sirvió de mucho. Aprendí que la palabra tiene un valor y que no dependemos siempre de lo listos que somos. Que viene una tormenta y te arrasa todo y te has quedado sin nada. He aprendido a vivir con la realidad, que muchas veces en la ciudad se nos olvida porque estamos en nuestra propia burbuja.

-El periodismo vive una de sus mayores crisis: de prestigio, económica. ¿A qué cree que se debe?

-Influyen muchos factores. El primero: la digitalización. La gente ha dejado de comprar prensa escrita porque se suscribe a cualquier medio por muy poco. El mundo es ahora más banal. Está regido por la imagen, el espectáculo, el aparentar y el postureo. El periodismo de calidad es otra cosa. Requiere un esfuerzo por parte del periodista. Este debe ser culto, tiene que leer y preocuparse no sólo de correr detrás de la noticia como un bobo con un micrófono detrás de un coche, sino de trabajar la noticia en profundidad.

-Los periodistas necesitan tiempo, que apenas lo tienen entre tanta inmediatez y tan poco personal.

-Claro. Sois la generación más explotada del periodismo. Cuando empecé en televisión iba con un equipo de 12 personas: un realizador, un ayudante de realización, uno técnico de sonido, un maquillador. Ahora va una chica o un chico y le encasquetan una cámara, tiene que hacer las preguntas y el total. Hombre, por favor, es una explotación total. Te dicen: “Es que no hay dinero”. Pues no tengas un medio. Debe haber medios para que los periodistas puedan hacer su trabajo con honestidad y rigor. No se trata de ser loros, sino de hacer cosas que merezcan la pena. Y eso requiere dinero.

-Volviendo a su libro, cito: "España de mierda, llena de fachas y de cabronazos hablando de unidad nacional y de Constitución". ¿Hay demasiados chupópteros en la política española?

-Chupópteros e imbéciles a punta de pala. La mayor fábrica de idiotas. Ya vienen fabricados. Aquí se perfecciona la estupidez en la fábrica de la política española contemporánea. Hay gente maja, seria y que trabaja. Pero luego hay una serie de ganapanes con un nivel ínfimo. Es una vergüenza que la derecha española esté diciendo que la culpa de lo ocurrido en Ceuta es del Gobierno de España. Por dios, lean un poquito. Entérense de que pasó con el Frente Polisario en el año 75.

-Ceuta y la migración aparecen en su libro. ¿Le duele ver lo que está pasando estos días en la playa del Tarajal?

-Claro que duele. No es la culpa de España. ¿Qué pasa en el reino de Marruecos, que se gasta miles de millones en aviones y tiene a la gente joven muerte de hambre, que arriesga la vida por la esperanza de ganar un pedazo de pan? ¿Es normal que salgan las madres con los niños de tres meses? Como la niñita que salvó un guardia civil. Algo debe estar pasando en Marruecos. El rey de Marruecos se podría preocupar de que su gente comiese todos los días para no lanzarse al mar a cambio de un porvenir incierto en Europa.

-Uno de sus personajes aprende que "los moros no eran moros con patera, sino que también los hubo, y aún los había, príncipes y filósofos, arquitectos y soldados, maestros en las artes del pensamiento y la espiritualidad". ¿Entiende que a un jeque se le ponga un alfombra roja al llegar y a un migrante se le devuelva en caliente?

-Nada de alfombra roja para el jeque árabe de turno y si a devolver al inmigrante ilegal a su país. Yo no soy racista. Quiero que los que vengan lo hagan con todos los derechos y tengan salarios dignos. Aquí ahora son obra de mano barata para los empresarios, sobre todo los de Andalucía, que los explotan. Que se dejen de rollos. Quiero que los devuelvan a Marruecos y vengan legalmente con todos sus derechos. En Almería hay muchos explotadores, pero también buenas personas.

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