Crítica de Cine

Una precuela que mejora la primera entrega

ouija: el origen del mal

Terror, EEUU, 2016, 99 min. Dirección: Mike Flanagan. Guión: Mike Flanagan, Jeff Howard. Fotografía: Michael Fimognari. Música: The Newton Brothers. Intérpretes: Annalise Basso, Elizabeth Reaser, Lulu Wilson, Henry Thomas, Kate Siegel, Doug Jones, Lin Shaye, Alexis G. Zall, Sam Anderson. Kinépolis, Cinema Serrallo, Megarama Cinema 2000

En 2014 un pegapases llamado Stiles White dirigió un churro llamado Ouija. Pero he aquí que el churro costó la modesta cantidad de cinco millones de dólares y produjo en taquilla más de cien. Lo que, lógicamente, motivó una segunda parte. Pero por una vez los productores han hecho las cosas bien y han procurado que, además de multiplicar su inversión, el producto pudiera verse sin bostezar y exhibirse sin avergonzarlos a ellos. Y contrataron a Mike Flanagan, avalado por los correctos resultados de Absentia, Oculus: el espejo del mal, Somnia: dentro de tus sueños o Silencio. Y he aquí la sorpresa: la secuela rodada para exprimir el éxito anterior es superior a él.

El argumento es parecido, porque la güija no da para mucho más que para ponerse en contacto con los muertos y la emoción exige que algo se tuerza durante su manejo: si en la anterior película era utilizada para contactar con una amiga muerta en circunstancias poco claras y un poder siniestro aprovechaba la brecha para pasar del otro mundo a éste y hacer la puñeta, en esta precuela se tira de uno de los personajes de la otra película para insertarla en la familia de una vidente con apuros económicos -es una viuda con dos hijas- y se recurre al poco original recurso de su uso imprudente por parte de una niña para mayor satisfacción del ser maligno que se cuela por el resquicio abierto entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Flanagan ha cuidado las atmósferas trayendo al presente -o al 1967 en que se desarrolla la acción- la atmósfera enferma y tramposa de los videntes que a finales del XIX y principios del XX se ganaban la vida engañando a quienes no podían asumir la pérdida de un ser querido; sumándole la copia/homenaje a El exorcista (cura con pasado traumático incluido). Entretiene y crea alguna tensión, lo que ya es mucho para una película nacida de otra peor que ella que a su vez nació para promocionar un juguete de la multinacional Hasbro.

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