Salva Reina y la autenticidad malagueña para un 28F
Pura pasión creativa
Cubano de nacimiento, el artista dejó un legado que lo muestra como preclaro con una conciencia pictórica convencida y convincente
'Vicente Brito: la mirada contemporánea' inaugura su homenaje en el Palacio de los Condes de Gabia
Conocí a Vicente Brito hace bastantes años cuando, amablemente, me recibió en su casa del Albaicín. Este que les escribe, entonces, estaba inmerso en los trabajos de la tesis y visitaba a los artistas en sus talleres buscando sus aportaciones a la renovación plástica en Andalucía. En Granada, Vicente Brito, como Pepe Lomas, Miguel Rodríguez-Acosta, Julio Espadafor, Dolores Montijano, Juan Manuel Brazam, Manini Ximénez de Cisneros, Carmelo Trenado o Julio Juste, entre otros, tenía mucho que decir en aquellos momentos cruciales que el arte andaluz intentaba conquistar, definitivamente, un tiempo y asumir una Modernidad a la que costaba sacudirse los contumaces resabios de una tradición enquistada y que no terminaba de sucumbir. Vicente Brito era pieza importante en aquel engranaje hacia posturas de normalidad creativa.
Vicente Brito era artista por dentro y por fuera; artista en la vida, en el trabajo; artista en la calle, en el estudio, con la gente; artista artista. Su obra, además, lo atestiguaba. Su pintura era pulcra, solvente, apasionada, valiente y contenida a la vez, exultante, vitalista, sabia en el fondo y en la forma. Era, estoy seguro de ello, como el propio artista. Por eso, por lo que ha supuesto en la pintura de Granada, por su poderosa dedicación a una pintura hacia delante desde unos momentos en los que los nuevos postulados, todavía, se ponían en entredicho por una sociedad pacata y equivocada, esta exposición es importante y totalmente necesaria.
Vicente Brito había nacido en la ciudad cubana de Sancti Spiritus. Empezó estudiando arquitectura en la Habana, al tiempo que comenzó a interesarse por la pintura, frecuentando los estudios de los pintores cubanos, especialmente Wilfredo Lam, alma de aquel arte nuevo que, en Hispanoamerica, accedió a los espacios novedosos del arte que se hacía en Europa; con él tuvo una estrecha relación y de él recibió una considerable influencia. Fija su residencia en España y en Madrid termina la carrera de arquitectura. En 1947 se instala definitivamente en Granada, ciudad en la que desarrolló toda su actividad artística y donde fue acogido como uno de sus pintores importantes.
La trayectoria pictórica de Brito ha cubierto una serie de etapas perfectamente definidas. Si en un principio lo hemos visto realizando una pintura de complejas manifestaciones donde su fundían los más diversos elementos en una compacta maraña compositiva, con el dibujo – interno, mediato pero poderosos motivo sustentador– marcando las pautas; poco a poco, se fue decantando hacia posiciones más abstractas y conceptuales. Los campos de color se sucedieron sobre las evocaciones figurativas, la emoción cromática – incluso, en las series blancas y negras– abría las perspectivas plásticas de una pintura que iba conquistando espacios; también sintonizó con una estética donde los ecos caribeños estaban más que patentes, así como con una pintura ecléctica en la que se planteaban distintas iniciativas ala búsqueda de unos intereses emparentados con un arte abierto hacia las más inesperadas situaciones.
La exposición. comisariada por José Manuel Darro, Juan Hita y Francisco Sotomayor, se presenta bien estructurada, trocando el habitual desarrollado con las etapas creativas marcando un discurrir cronológico, por series con los grupos cromáticos, como especiales centros de interés, nos sitúa en los esquemas pictóricos de un artista que siempre rompió los argumentos de lo real para centrarse en aspectos formales donde la pasión cromática desemboca en series reduccionistas que generan entusiasmo emocional y nos descubren los postulados de una esencialidad manifiesta; incluso, con momentos de intenso minimalismo formal. Una muestra importante, de un artista importante; exposición que va a servir para reencontrarse con un pintor de solvencia creativa, técnica bien sustentada y desenlaces que llevan a lo mejor de la pintura abstracta; esa que encierra, a veces posiciones estéticas rigurosas, a veces, gestualismos expresionistas, a veces, criterios de pura esencia cromática, a veces, juegos texturales y, siempre, manifestaciones que llevan a la emoción por una plástica que induce a una creciente espiritualidad.
Vicente Brito se nos fue, pero su obra va a quedar permanentemente como testimonio de un artista preclaro con una conciencia pictórica convencida y convincente. Será siempre un artista que permanecerá vivo en la memoria de los que lo conocimos y todo un descubrimiento para las nuevas generaciones.
Temas relacionados
No hay comentarios