Un repaso magistral
Brandford Marsalis. Fecha: jueves 12 de noviembre. Lugar: Teatro Isabel la Católica. Aforo completo: 800 personas.
En términos futbolísticos lo que hizo el extraordinario cuarteto del mayor de los hermanos Marsalis se llama salir enchufado desde el minuto uno. Menudo comienzo. Cecil B. DeMille sostenía aquello de que una buena película debía empezar con un terremoto y a partir de ahí ir subiendo. El concierto del jueves habría sido un buen film pues se abrió con un ritmo endemoniado desde el primer compás y dejó a la concurrencia aplastada contra los asientos del teatro con una soberbia y extendida interpretación de Return of the jitney man, la primera pista del reciente Metamorphosen, editado en su propia compañía. Sin tiempo para recuperarse, el grupo atacó Teo, un clásico grabado por Miles Davis y Thelonious Monk, entre otros, en una impecable lección de bop torrencial que nos transportó a cualquiera de los clubs de la calle 52 de hace 50 o 60 años. Seguramente en esa tónica hubiera seguido la actuación si realmente hubiéramos estado en el Birdland o el Three Deuces, pero estamos en el S. XXI y en un teatro europeo, de modo que Marsalis decidió reducir la marcha con Hope, un tema compuesto por el pianista Joey Calderazzo incluido en su álbum de 2006 Braggtown. Calderazzo posee el toque elegante de McCoy Tyner que tanto gusta a Brandford, el concepto más imaginativo de mano abierta de Monk y hasta se marcó un vertiginoso solo en el estilo stride a lo Fats Waller o Willie 'The Lion' Smith. Ya sabemos del enciclopédico conocimiento de Marsalis y su cuarteto. La parte central del concierto concedió más aire al respetable y fue adquiriendo un tono más sosegado que el arrebatador comienzo con la interpretación de In the grease, un antiguo tema del propio Marsalis o The last goodbye, incluida igualmente en su última entrega y firmada también por Calderazzo. Pero si éste transmitió buenas sensaciones, el que realmente impresionó fue el jovencísimo batería Justin Faulkner. Superado el tono de marcha funeraria que tomó la parte central del concierto, la banda volvió a los clásicos para cerrar su lección magistal. Primero con Monk y su 52nd street theme, precisamente, y ya en el bis con una soberbia lectura del archiconocido St. Louis Blues.
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