Rosa Berbel: "El terror es el gran género de nuestro tiempo"

La poeta y profesora de la UGR inaugura este miércoles junto a Miguel Carrera un nuevo ciclo del CAL que realizará un análisis sobre cómo el miedo ha colonizado la ficción en el siglo XXI

Luna Miguel tiene una cita con los lectores granadinos para charlar sobre lo 'Incensurable'

Rosa Berbel participa este miércoles en una charla en el Centro José Guerrero.
Rosa Berbel participa este miércoles en una charla en el Centro José Guerrero. / Ale Guyot

Granada siempre ha tenido algo de espectral. Sus calles, sus sombras y su literatura parecen el escenario idóneo para que el Centro Andaluz de las Letras (CAL) despliegue su nuevo mapa de inquietudes. Este miércoles 11 de febrero en el Centro José Guerrero estrena ‘Literatura y terror y otras formas de inquietud en la literatura contemporánea’, porque el miedo ya no es solo cosa de la gran pantalla o de la novela de quiosco: ha permeado la academia, incluso la poesía. Rosa Berbel, una de las voces más lúcidas de la lírica contemporánea y profesora de la Universidad de Granada, charlará con Miguel Carrera, en un encuentro titulado ‘El terror en la literatura: de la periferia al centro del canon’.

-El terror es un género en auge. En el cine y en la literatura es más evidente, pero ¿qué hay de la poesía y el terror? Parece una pareja de baile más extraña.

-Es un tema fascinante. He tenido la suerte de conversar otras veces sobre esto con Miguel Carrera, que es un especialista absoluto, y a ambos nos interesa qué hay de terror en el poema. Siendo la poesía un género donde la mimesis o la representación directa es tan difícil, los elementos terroríficos se cuelan en otros niveles. Yo diría que el lenguaje poético, al ser tan ambiguo y tan inespecífico, se vuelve un poco fantasmal. Utiliza herramientas que parecen más propias de la narrativa de terror. A mí me fascina el fantasma como figura; hay una genealogía extensísima de poéticas que usan la espectralidad para hablar de cuestiones sociales, políticas o estéticas. Existe un terror temático, el tradicional, pero en un sentido amplio, el lenguaje poético ya es, de por sí, totalmente fantasmal.

-Cuando habla de ese terror tradicional, puede venir a la mente el Romanticismo, las ruinas y las sombras. En el cine, por ejemplo, han surgido temas nuevos como una corriente de "horror corporal" muy fuerte, especialmente femenino con películas representativas como Titane, La sustancia o La hermanastra fea. ¿Se refleja esta renovación temática en los versos actuales?

-Totalmente. La tradición romántica estaba fascinada por las ruinas, la noche y la inmensidad de la naturaleza, pero la poesía actual va encontrando motivos constantemente para terrores que son muy del siglo XXI. La relación de la poesía con el cuerpo femenino ha sido el gran tema de la última década. Hablamos de horrores asociados al envejecimiento, a la maternidad, a los cambios corporales que socialmente se viven de manera violenta. La poesía está sabiendo mirar esos procesos no como algo idílico, sino como espacios de una tensión perturbadora.

-Otro de los grandes miedos contemporáneos es el fin del mundo. ¿Cómo entra la ecología en este escenario de pesadilla?

-Es el gran terror de nuestro siglo: el terror ecológico. Atraviesa muchas de las poéticas actuales a través del miedo al fin del mundo. Son escenarios que pueden parecer distópicos pero que, lamentablemente, cada vez son más realistas. Esta "ecopoesía del desastre" tiene cada vez más visibilidad porque ya no podemos mirar el entorno sin esa sombra de amenaza.

-En la narrativa española se habla mucho del folk horror o horror rural, esa vuelta al campo que no tiene nada de bucólica. ¿Tiene esto un vínculo con la poesía neorrural?

-Sí, absolutamente. El folk horror tiene una genealogía consolidada en el cine y cada vez más en nuestra literatura. En España, las tensiones entre el campo y la ciudad son muy productivas a nivel cultural y político. Hemos pasado de una mirada bucónica a una donde el campo es un espacio por el que se filtran elementos perturbadores: comunidades hostiles, ritualidades sorprendentes o una espiritualidad que asusta. Lo vemos incluso en textos muy realistas que acaban siendo perturbadores, como Intemperie de Jesús Carrasco, Un amor de Sara Mesa o, de forma más explícita, en Carcoma de Laila Martínez. Es la propuesta de volver terroríficas las instituciones tradicionales y las relaciones familiares en el ámbito rural.

-Tradicionalmente, el terror se ha considerado un "género menor". Sin embargo, ahora gana premios, llena festivales y llega a la universidad. ¿Ha terminado por consagrarse?

-Yo creo que el terror es el gran género de nuestro tiempo. Es el que mejor está sabiendo penetrar en las particularidades de este siglo y leerlo en clave política. Conversaremos sobre eso: cómo se ha producido esa consagración canónica de un género que antes era solo "popular". El terror ha dejado de ser un entretenimiento de nicho para ser la herramienta con la que diseccionamos nuestra realidad.

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