Entrevista José Luis Gil | Actor "Quien no ha pasado por las tablas de un teatro no es un actor completo"

  • El intérprete zaragozano se pondrá en la piel del famoso poeta Cyrano de Bergerac mañana y pasado en el Teatro Isabel la Católica de Granada

El actor José Luis Gil (Zaragoza, 1957) en el papel de Cyrano de Bergerac. El actor José Luis Gil (Zaragoza, 1957) en el papel de Cyrano de Bergerac.

El actor José Luis Gil (Zaragoza, 1957) en el papel de Cyrano de Bergerac. / A. A.

Media España lo conoce como Juan Cuesta de Aquí no hay quien viva o como Enrique Pastor de La que se avecina. Le ha prestado su voz a personajes de ficción como Buzz Lightyear y a actores de la talla de Patrick Swayze, Woody Harrelson y Hugh Grant en los doblajes españoles. La vocación de José Luis Gil (Zaragoza, 1957) por la interpretación despertó a edad muy temprana, pero "inducida" por su hermana. "Me recogía después del colegio para llevarme a pruebas. El primer casting al que fui había 300 niños", cuenta al otro lado del teléfono.

Gil empezó en el mundillo a los 11 años. Hizo papeles infantiles en TVE y luego más tarde trabajó en el Teatro Español de Madrid. "A esa edad no tienes nada claro. Vas casi como a jugar o a curiosear", reconoce Gil. "Me gustaba hacer teatro, los nervios propios del oficio, el runrún de un teatro lleno esperando a que se levante el telón y ver cómo se lo pasaba tan bien el público. Me dije: "Esto es muy bonito", relata". El actor encarnará a Cyrano de Bergerac este viernes y el sábado en el Teatro Isabel la Católica de Granada. El elenco del clásico francés lo completan Ana Ruiz, Álex Gadea, Carlos Heredia, Rocío Calvo, Ricardo Joven y Javi Ortiz.

-En su niñez y adolescencia se dedicó a la interpretación clásicas. ¿Qué ha aprendido de ellos?

-Con todo se aprende. Es una profesión en la que si quieres, aprendes constantemente. Estudié arte dramático en un privado entre los 12 y los 15 años porque hasta los 16 años no podías entrar en la escuela de arte dramático. Nos encontramos con muchos clásicos. Nos preparábamos tanto para comedias de autores como Miguel Mihura o como para verso clásico. Lo mismo representábamos La vida es sueño que piezas de Shakespeare. A esa edad, a los 13, descubrí a Cyrano de Bergerac. Hacíamos escenas concretas de esa obra para trabajar el verso. Me enamoré en seguida del personaje. Lo tenía todo. Es un personaje absolutamente redondo para cualquier primer actor que tuviera la oportunidad de hacerlo. Nunca pensé que podría hacer de él. La ilusión lo puede todo y a mí me apetecía mucho hacerlo.

-¿Qué diría Cyrano de la sociedad tan narcisista en la que vivimos?

-Él también vive en una sociedad muy narcisista donde el grande ejerce mucho poder sobre el pequeño. Él tiene muchas cualidades brillantes: intelectual, excelente dramaturgo y escritor, muy preparado. Le gusta defender sus ideales y no se deja comprar como autor. Es un hombre íntegro y honesto. Está enamorado de alguien a quien no se atreve a confesarle su amor por miedo al rechazo. Tiene una nariz grande y no es atractivo.

-¿Cómo encajaría este personaje en este siglo, en la era de las apariencias, de las redes sociales?

-No sé si tendría redes sociales, pero no se callaría nada y pasaría de muchos comentarios. Los que se decidieran a hacerle daño tendrían su respuesta merecida.

-En 2012 se estrenó como director con el corto Entre cartones. ¿Volverá a rodar?

-Me apetecía contar la historia que un día se me ocurrió. No tengo más pretensiones con eso. No soy un cinéfilo acérrimo. Me gusta el cine. Cuando se den las circunstancias de tiempo y podamos hacerlo, me pondré a ello.

-¿Cree que el teatro es la mejor escuela para un actor?

-No sabría decirte. Quien no ha pasado por las tablas y no ha vivido eso de tener un público distinto cada día, a la misma hora, y estar a un nivel cada día, a pesar de las circunstancias, no es un actor completo. Ni de lejos. No es donde más dinero se gana, ni donde reúnes a más público. Tienes que ser un actor vocacional para estar cada día en el teatro dando el cien por cien, hayas dormido bien, hayas dormido mal, tengas fiebre, y ganarte a un público que cada día es distinto. Te la juegas mucho, como los jugadores de fútbol. Tus seguidores te piden que marques todos los días. No siempre marcas, pero creas ocasiones de gol. Tienes que dar el callo. En cuanto te escondes tres partidos te echan la bronca en directo.

-Hace unas semanas, Lola Herrera abandonaba el escenario porque un móvil no paraba de sonar. Muchos proponen en redes sociales una normativa que prohíba su uso.

-Si la gente lo propone en las redes, imagínate que propondríamos los actores. Es un falta de respeto muy grande hacia los actores y los que han comprado su entrada. Es inadmisible. ¿Tan difícil es desconectar dos horas durante una función? El que no sea capaz de ver que eso es inadmisible, que no vaya al teatro. Para nosotros es frustrante. ¿Cómo sigo ahora con este verso si me acaba de sonar un móvil que no cesa? Sencillamente no puede ser. Estoy con Lola Herrera al cien por cien.

-Usted es de Zaragoza. ¿Qué opinión tiene sobre el debate de la España vacía?

-Ahí está. Aragón es un exponente de ello. Es una realidad. Te das cuenta de que eso luego se paga. Dejamos vacío una parte de nuestra vida, de nuestra tierra y de nuestras posibilidades de vivir una vida bonita y saludable y sin locuras en sitios donde la gente no quiere estar. Pero volverán. Ahí está el futuro de una vida tranquila, saludable y honesta. Todo el que se ha criado en grandes ciudades piensan en los pueblos como sitios de descanso para huir de la vorágine. No se lo plantean como modo de vida. Pero ya hay gente que sí se lo plantean. Las grandes urbes siempre van a estar ahí.

-¿No observa grandes desequilibrios entre las diferentes comunidades autónomas en España?

-A esas situaciones llegamos nosotros mismos. A veces inducidos o mal informados, o convencidos. Si no hubiéramos dado pábulo a ciertas cosas y hubiéramos tenido menor cortedad de miras. Si se hubiera mirado a medio o largo plazo, no existirían estos desequilibrios entre comunidades y personas. Es muy difícil que las clases privilegiadas o las zonas privilegiadas renuncien para equilibrarse con las que lo son menos. En un momento determinado, a algunas clases políticas le dieron privilegios para llegar a un acuerdo. Aquí los pactos se compran. Tú pactas a cambios de algo. Son beneficios para esas partes en contra de las demás. Tenemos que tener amplitud de miras. No sólo los que nos gobiernan y nosotros para saber a quien elegimos. En España siempre votamos a la contra. No puede ser. Somos de ideologías fijas. Votamos todo lo que se aleja más de lo que no nos gusta. Podemos votar algo terrible simplemente por ir a la contra de lo que no queremos que esté. A veces eso se paga caro.

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