"La televisión vasca hace humor con el terrorismo y no se les ha denunciado"
facu díaz. humorista
El cómico relatará con todo lujo de detalles sus andanzas por los juzgados y reflexionará sobre los límites de la libertad de expresión hoy a partir de las 22:00 en la sala Planta Baja
Le troleó al El País con menos de 20 años y una cuenta de Twitter. Se calzó un pasamontañas para anunciar el supuesto cese del Partido Popular en un sketch cómico en La Tuerka. El gag, titulado El PP se disuelve, le costó una imputación de la Audiencia Nacional por el delito de humillación a las víctimas del terrorismo -en este caso a las víctimas de ETA-. Un año después, un juzgado de Blanes le investigó por un tuit de diciembre de 2013 que decía: "Quemar iglesias me parece una barbaridad si no hay nadie dentro". Facundo Díaz Troncoso (Montevideo, 1993), alias Facu Díaz, dice que escribe y bromea -e incluso parodia- sobre lo que conoce: la política y la izquierda. Lo ha hecho durante dos temporadas en el programa Tuerka News, donde llegó a bromear sobre la relación entre los militantes de Podemos y los de Izquierda Unida, y ahora en el late night No te metas en política, con su inseparable compañero Miguel Maldonado. Hoy se sube al escenario de la sala Planta Baja, a partir de las 22:00, para presentar su monólogo Pido disculpas. "Es un error hacer humor para todo el mundo", sentencia.
-¿A quién le pediría disculpas si tuviera la ocasión?
-El show es un burdo intento de conseguir las disculpas de toda esa gente que por mucho que yo me justificara no me perdonaría. Me dirijo a la gente que se ha enfadado conmigo a lo largo de todos estos procesos por los que he pasado, sobre todo los más mediáticos, para demostrar que ni siquiera es un debate que tenga que ver con el perdón, sino que hay gente que no está dispuesta a escuchar y nunca lo ha estado. A ellos me dirijo y a ellos les pido perdón.
-Una parte de la gente a la que se dirige, supongo, será a ese público que habita en las redes sociales.
-Sí, pero en general todos pertenecemos un poco a ese mundo. A veces lo que sucede es que la gente se queda con aquella historia. Algunas personas me siguen recordando que he pasado por los tribunales, pero seguramente mucha de esa gente ni siquiera sabe que yo no he sido condenado por ningún delito. Fueron disputas que en su momento acabaron rápidamente en los juzgados, y que no era tan difícil como ir a explicar que no era ningún psicópata. Quizá la rapidez y la inmediatez, tanto de las redes como de los medios digitales, hace que la gente se quede en lo superficial y no conozca las historias como debe.
-Muchos le recuerdan como el chico que troleó al El País.
-(Ríe). Es normal. Reconozco que mucha gente se ha interesado por lo que hago, y otra se ha quedado con esa historia. No la juzgo.
-Mientras que a usted se le imputaba por el delito de humillación a las víctimas del terrorismo, el presidente Rajoy viajaba a París para manifestarse en contra del atentado contra Charlie Hedbo. ¿Los humoristas sienten que se les trata como delincuentes en este país?
-Desde luego algunos hemos terminado en el tribunal que juzga ese tipo de cosas. Jordi Évole le preguntó en Salvados al que era entonces el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por este tema. Porque él también fue a la manifestación por la libertad de expresión en Francia. El ministro dijo que posiblemente hubiera denunciado este caso. Hay una frase que le gusta mucha a la derecha, que es: "Una cosa es la libertad y otra es el libertinaje". Ellos interpretan que mediante la palabra se puede llegar al libertinaje. Luego remontan con un clásico que es que nadie sabe detallar ni explicar que tu libertad acaba donde empieza la de los demás. No sé hasta qué punto un sketch humorístico puede coartar la libertad de otra persona, pero bueno alguien lo interpretó así y lo llevó a los tribunales aplaudido por el Partido Popular, el mismo que se manifestaba en Francia. Si esa fuera la única incoherencia que tuvieran mejor nos iría.
-¿Hay límites en el humor?
-Los límites se los debe fijar uno mismo según el código ético que pretenda seguir. A mí lo que no me gusta es decirle a nadie lo que debe decir o lo que no, por lo menos judicialmente. Todos podemos decir comentarios del tipo "aquí te has pasado". Una cosa es eso y otra es poner límites mediante el derecho penal. En mi caso, alguien entendió que había humillado a las víctimas del terrorismo, me denunció ante la Audiencia Nacional y casi me enfrento a una pena de prisión. No lo pido para nadie, ni para los de mi bando ni para algún gualtrapa de derecha que va diciendo disparates. La libertad a veces implica escuchar cosas que no nos gustan de los dos lados, y no podemos permitir que nadie vaya a prisión por decir cosas.
-¿Se ha llegado a sentir más señalado por hacer un tipo de humor más politizado?
-Sí, o quizá por haber estado emitiendo el programa en un espacio como La Tuerka, donde Pablo Iglesias tenía otro espacio. Este tipo de programas, de sketch, de hipérboles como ponerse un pasamontañas y fingir que uno es un terrorista, ya se venían haciendo. La televisión pública vasca lleva haciendo humor con el terrorismo mucho tiempo y no he visto que se le haya puesto una denuncia. Estoy convencido de que nunca se trató de una persecución personal contra mí sino que tenía que ver con algo más mediático.
-¿Sería capaz de hacer un sketch sobre la violencia de género?
-Siempre cuento en las entrevistas que una periodista inglesa me hizo un test en el que me preguntaba con qué cosas bromearía y con cuáles no. La iglesia católica, la pederastia, la iglesia. Dije a todo que sí. Su cara se iba desfigurando por momentos. Hicimos un parón y hablé con el cámara. Le dije que no se trataba de responder sí o no a este tipo de preguntas, no es tan sencillo. Según mi propio sistema ético creo que no hay tema que no se puede utilizar para el humor, pero intento que el objetivo de los chistes no sea una persona en situación de debilidad. En mis chistes el perjudicado, el objetivo de la mofa, es el agresor y no la víctima. De esa manera, y creando un clima de confianza, creo que todos los temas se pueden tocar.
-¿Cree que hoy más que nunca estamos expuestos a la autocensura?
-Bueno, estamos expuestos. A día de hoy, una persona anónima como yo puede alcanzar niveles de repercusión para los que no estaba preparado. Evidentemente ahora practico mucho más la autocensura que antes. Tengo la cuenta de Twitter delante y llego a 123.000 personas. La responsabilidad no es la misma que cuando tenía 200 seguidores, y encima la mayoría son amigos. Por eso insisto tanto en el contexto y en la persona o colectivo a la que uno se dirige. Me autocensuro muchísimo más porque tengo una responsabilidad es distinta, mayor, sí, y por pereza de tener que explicar mil veces que estaba contando un chiste y que no soy ningún loco.
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