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"No hemos tratado bien a la historia musical que ha habido en España"

  • El ex titular de la Orquesta Ciudad de Granada en su etapa inicial vuelve a dirigir a la formación musical esta noche con un programa que incluye obras de Manuel García, Colomer y Tchaikovsky

Juan de Udaeta vuelve a Granada. El que fuera director titular de la Orquesta Ciudad de Granada (OCG) y director del Festival Internacional de Música y Danza de Granada a comienzos de los años noventa regresa a la ciudad como quien regresa a un amor de la adolescencia que, "por muy lejos que esté, no se olvida nunca", según dice. Hoy volverá a ponerse al frente de la orquesta en cuyo nacimiento él tuvo muchísimo que ver para actuar en el Palacio de Congresos a las 21.00 horas. El programa, muy al estilo de Udaeta, incluye la obertura de La mort du Tasse, de Manuel García, La devota lasciva para quinteto de metales y orquesta, de Juan José Colomer, y la Sinfonía número 4, de Tchaikovsky.

-¿Que ha supuesto para usted regresar a Granada y a la OCG?

-Pues que estoy encantado de volver. La OCG es, para mí, una orquesta muy especial. Es como un viejo amor: aunque estés muy lejos, nunca lo dejas de querer. Fue el primer proyecto que tuve el privilegio y la responsabilidad de poner en marcha. Ahora la OCG ha tomado vuelo, pero en su momento, para construir la casa, había que cavar en la roca dura, y ése fue el papel que me tocó a mí. Muchos estuvimos cavando para que el edificio sea hoy posible. Yo aún me emociono mucho cuando, en Madrid, donde vivo, me hablan de la OCG.

-Aún quedan en la orquesta músicos de aquella época...

-Sí. El otro día hablaba de aquellos tiempos con uno de ellos. "Yo le decía: '¿Recuerdas lo mal que lo pasábamos, con todos aquellos problemas?", y él me respondió: "¡También nos lo pasábamos bien!". Las orquestas no las hacen los directores: las hacen los músicos. Hay músicos que estaban incluso en la época anterior a la OCG con el director de entonces, Misha Rachlevsky. Luego hubo una conjunción de situaciones con Antonio Jara [alcalde de Granada por entonces] y entré yo. En aquellos tiempos fue cuando se creó para la orquesta la idea de los conciertos escolares, el salir a tocar fuera de Granada o las grabaciones discográficas. Espero que, a la vuelta de veinte, o cuarenta, o doscientos años, se contemple la trayectoria de la orquesta como algo que siempre fue hacia arriba. Lo cierto es que la OCG está hoy muy afianzada. Hay otras orquestas que se crearon al mismo tiempo que ésta y que no van a ningún lado, están ahí, sin rumbo. Esta orquesta, sin embargo, sí tiene una dirección.

-También fue el director del Festival Internacional de Música y Danza en esa época...

-Fue algo que yo quise hacer y que yo planteé. No sé si lo hice bien o mal, pero puse todo mi empeño. Fue una implicación total por mi parte. Yo pienso que una institución debe ser intemporal y que, cuando uno entra en ella, debe velar para que la trayectoria continúe.

-¿Qué impresión le ha producido reencontrarse con la OCG?

-Pues ha sido con reencontrarse con una persona ya madura. Todos hemos crecido y eso se ha notado. Pero si tuviese que hablar de la perspectiva sólo de director invitado, diría que me he encontrado con gente muy madura y con una inercia muy positiva. La OCG tiene un sonido que es el concepto de la propia orquesta. Suena a OCG. Suena estupendamente. Y teniendo en cuenta, además, las circunstancias en las que se encuentra actualmente, fuera del Auditorio Manuel de Falla, sin las condiciones adecuadas. Es como si yo tuviera un picasso en casa y me pusiera a hacer obras en la vivienda. Tendría que sacar el picasso a la terraza. La gente me diría ¿pero qué hace un picasso en la terraza?. Algo parecido sucede con la OCG. Esperemos que las obras de remodelación en el auditorio sean breves.

-Tras la OCG, estuvo varios años como director de la Orquesta Joven de Andalucía. ¿Qué hace ahora?

-Soy un director free-lance. Estoy soltero. Hago proyectos puntuales. En lo que más metido estoy es en la recuperación de patrimonio musical. El no estar en un sitio permanentemente, con unas responsabilidades, me ha permitido investigar y conocer la música española. He recuperado óperas, zarzuelas, sinfonías. Es un trabajo apasionante, porque he podido bucear en un mundo fantástico. Es un veneno, como el teatro. Creo que no hemos tratado bien a nuestra historia musical, a la historia musical española. No hemos buscado en obras para darnos cuenta de que tienen un valor. Parece que la música española empieza con Falla cuando, si Falla es Falla, es gracias a toda la tradición musical que hubo anterior a él. Pero todo eso está en una zona nublada de la historia.

-¿A qué cree que se debe eso?

-Como español debo decir que somos un poco papanatas. Hemos tenido siempre un complejo de inferioridad histórico. Si a España llegaba un cantante o un director extranjero, todo el mundo se deshacía en elogios. Hubo una época en que lo que imperaba era la música italiana. Hasta tal puento fue así que el rey Carlos IV tuvo que publicar un edicto prohibiendo "cantar y bailar en italiano". Todo era fruto de un complejode inferioridad. Cuando por fin Plácido Domingo decidió llevar Luisa Fernanda a las salas europeas y americanas, la gente se quedaba maravillada. Tenemos 4.000 títulos líricos. Y en el campo sinfónico ocurre lo mismo. Los grandes músicos españoles se iban al resto de Europa a aprender y traían cosas verdaderamente buenas, pero no las aceptaban. Tomás Bretón compuso cosas extraordinarias pero, para que pudieran ser tocadas en España, las tenía que titular en italiano. Tampoco se creó una industria editorial como existía en el resto de Europa. No conocemos nuestro patrimonio.

-Ha llegado a Granada y ha encontrado a la OCG en muy buenas condiciones. ¿Cómo ha encontrado al Festival de Música y Danza respecto a la época en la que lo dirigía usted?

-Diferente. Pero por muchas circunstancias. Cuando lo dirigía Mari Carmen Palma, mi antecesora, se le criticaba mucho que a Granada no viniesen grandes estrellas. Con los festivales siempre ha habido un debate, la lucha entre dos modelos, el modelo de las grandes estrellas, digamos, el modelo planetario, y el modelo de los festivales temáticos. El de las estrellas requiere grandes nombres y el temático siempre ofrece la posibilidad de que se produzcan grandes descubrimientos. Granada siempre quiso un festival planetario. Yo en un principio me incliné por ese modelo. Pudimos traer grandes nombres que desaparecieron poco después, como Sir Georg Solti o Sergiu Celibidache. Pero hoy me inclinaría por un festival temático. Antes Granada era un festival al que acudían grandes estrellas porque era uno de los dos festivales que había en España. Pero hoy Lorin Maazel, por ejemplo, podría actuar en Atarfe. Los tiempos han cambiado y a los grandes nombres se les puede ver en cualquier sitio. Alfredo Aracil y Enrique Gámez han optado por el modelo temático y ése creo que es el camino.

-¿Qué opina de la idea de que Granada cuente con un gran Teatro de la Ópera?

-Me parece bien. Pero hay que plantearse, como ciudadanos, que un gran espacio requiere también una gran programación y una gran actividad cultural durante todo el año. Y eso cuesta también mucho dinero.

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