Mariam Said. Representante de la Fundación Barenboim-Said

"Han tratado de convertir un conflicto político en religioso"

  • La viuda del intelectual ha visitado Granada acompañando a la West-Eastern Diván en concierto de homenaje al 80 aniversario del nacimiento de Said.

Poco antes de la muerte de Edward Said, en 2003, un equipo de cine pasó varias semanas con el intelectual palestino-estadounidense para poder ofrecer al mundo una visión sobre algunas de sus reflexiones finales en relación a los temas que dominaron su obra. Ese documental recibió el título de Selves and others (Los mismos y otros) y pudo verse este pasado martes en la Fundación Euroárabe. Igual que esta cinta, su viuda, Mariam Said -que participó en una charla-coloquio al finalizar la proyección- se ha dedicado a difundir el pensamiento de este filósofo y crítico literario y musical.

El motivo del visionado de la cinta en Granada ha sido el concierto que ofreció la West-Eastern Diván en el Auditorio Manuel de Falla e recuerdo del 80 aniversario del nacimiento de Edward Said. Esta formación, que su marido y el director argentino israelí Daniel Barenboim crearon en 1999 para reunir a jóvenes árabes e israelíes en torno a la música como vehículo de convivencia procedente de sociedades en conflicto, ha recalado toda esta semana.

Mariam Said, parte directamente implicada en el proyecto que fundó su esposo, acompañó a la formación como es habitual en esta estancia. Serena, de hablar pausad, escucha atenta y porte extraoridnariamente elegante, charló con Granada Hoy sobre los proyectos de la Fundación Barenboim Said, creada por la Junta de Andalucía en 2004 para promover la paz y el diálogo a través de la música con la West-Eastern Diván pero también con una Academia de Estudios Orquestales, un proyecto de Educación en los Territorios Palestinos y el proyecto de Educación Musical Infantil de Andalucía.

Algunos de estos proyectos se han puesto en marcha cuando su marido ya había desaparecido pero siguiendo las premisas legado. Otros, como el de la orquesta, han seguido creciendo y evolucionando. "Al principio fue muy bien. En 2005 dieron un concierto en Ramala que fue genial. Después de 2006 con todo el conflicto del Líbano, el proyecto continúo pero ha costado más que siga adelante".

Esa dificultad para que sobrevida el proyecto es un reflejo, en su opinión, de lo que está ocurriendo ahora en Oriente Próximo, un conflicto mucho más enconado aún si cabe. "La situación en Oriente Medio llegados a este punto es muy mala. Aunque muchos músicos dejaron la orquesta, por suerte hay gente que está por encima de esos conflictos religiosos", declara Mariam Said, quien cree que han tratado de convertir "un conflicto político en un conflicto religioso".

A pesar del empeoramiento de la situación, Said se muestra optimista y cree que puede haber una salida al conflicto. "La gente siempre supera las diferencias". Esa es la idea del proyecto de la Orquesta también del jurado del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, la distinción que su esposo y Barenboim recibieron en 2002 porque, "con independencia de su destacada proyección artística e intelectual, realizan una generosa y encomiable tarea a favor de la convivencia y la paz, simbolizada en la colaboración entre jóvenes músicos".

Y para garantizar que esa labor no se restrinja a las clases altas que tenga acceso a la formación musical, la incitativa Said-Barenboim busca a los niños en las propias escuelas. "Ellos sólo se regían por el talento. Por eso, si hay alguien muy dotado desde muy temprano y ven que tiene potencial, se le va a dar esa oportunidad".

Para que esquivar la barrera de la clase ademas de la nacionalidad, tienen un sistema de 'detección precoz'. "Nosotros vamos a las escuelas de Ramala y buscamos a los que tienen talento. Enviamos a profesores a los colegios de Primaria y allí tocan música con los niños: tamboril, maracas, silofón... Ellos los observan, les enseñan a usar algunos de esos instrumentos y hacen unas pruebas de coordinación, de sonidos... cosas relativas a la música. Si detectan que tiene dotes para la música, pasan a formar parte del proyecto".

Said explica que su marido era un profesor muy exigente y que no todos los niños pueden entrar a la Orquesta del Diván, porque tiene un número muy reducido de plazas, pero el proyecto de Said y Barenboim es mucho más amplio. "Tenemos músicos en otras orquestas de la Fundación".

Ella ha conocido a esos niños que han ido pasando por las sucesivas ediciones de la formación musical a lo largo de esta década y media. "Yo soy parte del proyecto. Acompaño a la Orquesta y tenemos una pequeña fundación en Estados Unidos que dirijo: organizo talleres, recaudo fondos... Y también estoy vinculada a la Escuela de Ramala. Voy a las audiciones del mundo árabe, salgo de tour con ellos... Y claro, con algunos que han pasado aún tengo trato".

En esas giras con la orquesta ha presenciado los debates entre músicos árabes y palestinos a los que esta misma semana hacía referencia Barenboim en las páginas de este diario. "Claro, yo soy parte de esas discusiones. Mi marido era uno de los precursores de esos debates, el que los iniciaba con Barenboim. Yo continúo su labor e intento hacerlo lo mejor posible. Él creía que esa era única vía, que les enseñas a pensar". Y observar esa evolución es una de sus grandes pasiones. "A los israelíes les ha costado un poco más abrirse porque se han educado en el miedo. Los árabes que han estado más sometidos a totalitarismos están encantados, deseando abrirse a un proyecto como este, y en general en la vida a otras personas".

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