Letras hoy

De tripas, corazón

  • Tras 'Fragmentos de un cuaderno manchado de vino', David Stephen Calonne ha reunido medio centenar de relatos y ensayos inéditos en un nuevo volumen consagrado a Charles Bukowski

Cuando el lector se acerca a la obra de Charles Bukowski, el personaje le sale al par del escritor, y si el primero no le gusta -como es probable que suceda- posiblemente no le dé una oportunidad al segundo. Es el riesgo implícito en hacer de uno la materia prima de tu obra. En su prólogo a Ausencia de héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992), David Stephen Calonne advierte que "para Bukowski muchos poetas eran apacibles cronistas que no cumplen con el poderoso apotema de Nietzsche en Así habló Zaratustra: De todo lo escrito, yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre". Se trata de una óptima clave de lectura de Bukowski, cuya réplica retumba en un texto incluido en este volumen: "Yo no aconsejaría a nadie que se haga escritor, a menos que escribir sea lo único que te impide perder la cordura". En su caso, la literatura fue algo visceral. Escribió toda su vida y su vida se coló en cuanto escribía. No se contentó con derramar sangre en sus páginas, según exigía Nietzsche. Derramó sangre, semen, sudor y lágrimas con apabullante sinceridad y no poco exhibicionismo.

Charles Bukowski se atrevió con diversos palos literarios. En España, el lector puede encontrar sus seis novelas en el sello Anagrama: Cartero (1971), Factotum (1975), Mujeres (1978), La senda del perdedor (1982), Hollywood (1989) y Pulp (1994). La editorial de Jorge Herralde ha publicado asimismo seis volúmenes de relatos de títulos vistosos, no sé si incitantes o irritantes: Escritos de un viejo indecente (1969), Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones y La máquina de follar (procedentes ambos de un mismo volumen de 1972), Se busca una mujer (1973), Música de cañerías (1983) e Hijo de Satanás (1990). En Anagrama hallarán también Shakespeare nunca lo hizo (1979) y Peleando a la contra (1993), dos "libros autobiográficos" -una etiqueta que, en Bukowski es simple y llanamente una redundancia-, un libro de entrevistas con Fernanda Pivano: Lo que más me gusta es rascarme los sobacos (1982), y una antología de sus diarios: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (1998). Este puñado de obras resume ejemplarmente el quehacer de Bukowski, pero no contiene la labor de Bukowski (Anagrama, por ejemplo, no ha publicado nada de su poesía). Hay además una cantidad ingente de textos desperdigados en publicaciones de segunda y volúmenes de tercera en espera de ser rescatados.

En 2008, después de varios años siguiéndole la pista en revistas underground y archivos varios, David Stephen Calonne reunió treinta y seis de estas piezas dispersas en Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. Relatos y ensayos inéditos (1944-1990); entre éstas despuntaban tres cuentos de Bukowski antes de ser Bukowski, tres narraciones de un joven de veintipocos años con unos temas propios, pero no una imagen pública que -por muy zarrapastrosa que fuera- había de ser cultivada a cualquier precio. El mundo de Bukowski fue, desde el principio, el de los desposeídos, los desahuciados, el de los obreros no cualificados y mal pagados, el de las fábricas y los almacenes, no el de las grandes avenidas festoneadas de farolas rococó, sino el de los callejones mal iluminados y de alcantarillas atascadas. El suyo fue el mundo al margen del mundo, el de los borrachos y las putas, el de las pensiones de mala muerte y los locales de mala nota, el del vino de garrafa y -en una astrosa actualización del Carpe Diem horaciano- el del aquí te pillo, aquí te mato, contra la pared, en el baño. Ese fue el mundo que se pateó desde joven.

Bukowski escribió como escribió porque vivió como lo hizo. En 1973, en un artículo sobre su propio legado literario, escribía: "Los dioses se portaron bien conmigo. Me tuvieron jodido. Me obligaron a vivir la vida. Me resultaba muy difícil salir de un matadero o una fábrica y volver a casa y escribir un poema que no me salieran plenamente del corazón". Este texto está recogido en Ausencia de héroe, un nuevo volumen recopilatorio de Calonne, y un excelente complemento del anterior. Ausencia de héroe incluye otros tres relatos de los 40, previos al (relativo) parón de varios años en el que Bukowski se hundió, y casi se ahogó, en el alcoholismo. El conjunto es forzosamente heteróclito. Estamos hablando de un arco de tiempo de casi medio siglo y de un conjunto de casi cuarenta piezas que alterna cuentos, reseñas, semblanzas, apuntes y un manifiesto. De un texto a otro, vemos cómo crece el escritor y cómo se crece el personaje, y de cómo el segundo devora al primero. O lo alimenta. De no haber existido el personaje posiblemente el escritor se habría quedado en el camino.

Después de abandonar su trabajo como empleado de correos para dedicarse a la escritura, Bukowski se encontró con que las mejores ofertas se las hacían las revistas para adultos; le solicitaban "relatos guarros" -así los llama él- que le pagaban religiosa y sustanciosamente. De la poesía, su pasión, no podía vivir; así pues, vivió de sus proezas sexuales. Algunos años después de haber publicado su poemario Crucifijo en una mano inerte, declaraba: "Se rumorea que 1.800 ejemplares de este libro continúan empaquetados y a medio pudrir en un húmedo sótano de Lyle Stuart en Nueva York". Bukowski sabía que la única manera de no engañar a los demás era no engañarse a sí mismo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios