De libros

veinticinco años de una relación en marcha

  • Andrés Trapiello y el editor Manuel Borrás hablan sobre ese hito de las letras españolas recientes que son sus diarios reunidos en 'Salón de pasos perdidos', una inaudita y monumental obra sin fin

Hace 25 años Andrés Trapiello se propuso escribir una novela, aunque, confiesa, no sabía muy bien por dónde empezar ni cómo hacerlo: "Me gustaba mucho el Quijote, claro, que es una novela en la que no hay propiamente una trama, y sí muchas pequeñas historias contadas en todos los tonos: históricos, líricos, satíricos, ensayístico. Era al fin y al cabo las vidas de unas gentes sin argumento, como son todas las nuestras. De modo que me dije: las novelas cuentan vidas, yo tengo una, la mía, ergo...".

Así empezó a tomar forma su "novela en marcha", como él mismo ha definido sus diarios, una serie formada hasta ahora por 19 libros, en su gran mayoría, notablemente voluminosos, agrupados bajo el título genérico Salón de pasos perdidos, y elúltimo de los cuales, Seré duda, vio la luz a comienzos de este año.

Hace 25 años también que empezó a mover el original de la primera entrega sin demasiado éxito, hasta que se lo entregó a Manuel Borrás, responsable de Pre-Textos. El editor recuerda muy bien ese momento: "Nos encontramos en la inauguración de una exposición de Goya en Madrid y él me habló del diario. Me comentó que lo había mandado a cinco colegas míos y que todos lo habían rechazado. Así que me advirtió que si no me gustaba, que se lo dijera sin ningún compromiso. Cuando por fin lo leí, no pude dejarlo hasta el final. Al día siguiente le dije que se lo publicaba".

Este fue el principio de una relación editorial larga y fructífera, pero, además, de una amistad sincera que está por encima, incluso, de las normales diferencias que alguna vez puedan haber existido entre los dos.

Manuel Borrás asegura que, pese a que "Andrés es una persona muy controvertida", para él "siempre ha sido un estupendo amigo" y que todos estos años ha tenido "la oportunidad de comprobarlo". "He aprendido a querer a Andrés y a quererlo mejor, el personaje controvertido que se expresa en él muchas veces acaba teniendo razón. Hay temas que no tratamos porque él sabe que no puede hablar de ciertos amigos. Pero nuestra relación más allá de la publicación de los diarios seguirá. Hemos tenido que capear muchos temporales", explica.

Para Trapiello, él y Borrás son, además de "buenos amigos", unos "grandes aliados". Contar con el respaldo absoluto de una editorial como Pre-Textos "te quita, en primer lugar, la preocupación y la incertidumbre que tuve con el primero de los diarios". "Hoy sé que eso no ocurrirá. Y que gracias a ello, puedo pensar en otras cosas. Eso es impagable, el que sean ellos quienes se ocupen de los lectores", explica el escritor.

Trapiello define sus diarios como "un ensayo de literatura para una vida de estreno, siempre nueva". Después de un cuarto de siglo publicándolos, aún conserva las ganas de seguir adelante con este proyecto no con "entusiasmo propiamente, sino con cierta jovialidad". "Creo que en uno de los primeros tomos del Salón de pasos perdidos se dice que no es posible leer sino con entusiasmo, pero que escribir acabamos haciéndolo con escepticismo. Más o menos esa es la pauta de esos diarios que se escriben como diarios y que los lectores interpretan unas veces como novelas y otras como diarios. Ha cambiado en ellos el escritor, que acaso es hoy un poco más escéptico, pero no menos bien humorado. O eso intento", explica el autor.

Borrás asegura que esta obra en marcha es "de una calidad indiscutible". Para el editor, los diarios de Trapiello son "adictivos". "Ese embrujo, ese ensimismamiento no es sólo mío sino de bastantes miles de lectores. Es algo inédito en el ámbito editorial español que los lectores de estos diarios hayan crecido cuantitativamente en el tiempo", asegura.

Sin duda, lo diarios de Andrés Trapiello son la obra de su vida, pese a lo mucho y variado que ha publicado, aunque él asegura que en ellos "no está", por ejemplo, "su vida íntima". El Salón de pasos perdidos "es la historia de alguien que encuentra mucho más interesante cualquier cosa y cualquier persona, pájaro o paisajes que él mismo", añade el escritor.

Para Borrás, "los diarios son un hito de la última mitad del siglo pasado, una obra de enorme dimensión". "No sé si la gente se ha dado cuenta de la importancia que tiene esto. A veces se le niega la mayor, pero su obra es poliédrica, está el poeta, el ensayista... Muchas páginas del diario se pueden entender a la luz del poeta o el polemizador que es Andrés", comenta.

Parece no haber fisuras en esta relación editorial y personal. Trapiello asegura que Borrás, como editor, "no suele" hacerle muchas sugerencias cuando lee sus manuscritos y "menos de tipo correccional": "Es sumamente respetuoso, aun a sabiendas de que puede haber opiniones mías que no comparta. Pero los desacuerdos jamás se han producido por hechos. Sabe él, como saben los lectores, que en cuestión de hechos suelen ser exactos. Como decía Stendhal: cuando miento, me aburro".

Borrás admite también que "el efecto rectificador al que suele apuntar el editor", a veces se ha dado "pero poco, porque Andrés es firme en sus creencias, roza lo tozudo". "Yo he sido muy crítico con sus diarios, y le he dicho que esto que dices de tal o cual persona me parece una barbaridad, pero no voy a ser un Torquemada", comenta.

Quizás la clave de esta excelente relación editor-escritor está en que el mismo Trapiello se reconoce como "un editor modesto" que sabe que "lo más inapropiado es un autor pelma". Así que, deliberadamente, procura "no dar motivos de pesadumbre ni preocupaciones" a su editor. Por lo demás, el autor asegura que no suele "entrar en las librerías de nuevo ni mirar escaparates para saber si tienen bien puestos mis libros". "Ni se me ocurriría llamarles para decirles que no lo he visto en tal o cual sitio -retoma-. En ese sentido no se me olvidará cómo una autora, muy célebre entonces ya, vino un día y nos dijo a Valentín Zapatero y a mí, que dirigíamos [la editorial] Trieste, que acababa de estar en Astorga o Ponferrada, no me acuerdo, y que no había visto sus libros en las librerías. Las cosas de los libros acaban sucediendo un poco porque sí o, mejor dicho, casi nunca acaban sucediendo".

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