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La vida en blanco y negro

  • l Abierta al público hasta el 5 de febrero de lunes a sábado de 18 a 21 horas. Sánchez Montalbán expone en 'Latidos cotidianos' fotografías donde la sonrisa es el hecho extraordinario

No es que se haya jugado nunca la vida por una fotografía, pero a veces hacerlas le ha acarreado malas pasadas. Francisco Sánchez Montalbán dice de sí mismo que el tiempo le ha hecho un poco "sinvergüenza" porque en su trabajo como fotógrafo ha tenido que pagar, soportar algunas riñas o pedir la complicidad de algún que otro cargo político para "robar" ese instante irrepetible que, durando sólo una décima de segundo, él convierte en inmortal. Ahora el artista presenta en la sala Zaida de Caja Rural 48 de esos momentos que ha captado en multitud de países a lo largo del mundo.

Latidos cotidianos comparte con el visitante el privilegio de Sánchez Montalbán. Desde que comenzó a hacer fotografías como profesional hace unos 25 años, se dio cuenta de que en la realidad, "en la vida", hay cosas donde parece no haber nada y "de pronto descubres cosas extraordinarias". Frente a las inundaciones, el caos de la bolsa o la sonrisa inventada de cualquier político, su objetivo capta la sonrisa, la espera o la curiosidad en su estado más puro.

El profesor de Fotografía de la Universidad de Granada explica que hay cosas "que sólo ves tú porque ya estás acostumbrado a mirar la vida desde el objetivo y encuentras siempre joyas o cosas maravillosas que pueden durar mucho menos de un segundo". "Yo tengo el privilegio de verlas y, además, la oportunidad de fijarlas para el resto de la vida".

Eso pensó en un viaje al Monte Athos griego, a donde viajó con una expedición granadina encabezada por el rector. Podía fotografiarlo todo menos a los monjes ortodoxos, pero aquella prohibición no hizo más que despertar su interés. Para solucionarlo, sólo pudo pedir la complicidad del grupo: "Les puse a ellos a posar delante de los monjes y cuando estaba preparado se abrieron y así pude captarlos". El resultado es una bellísima imagen que se puede ver en la exposición.

Hay de todo. Un par de retratos y, sobre todo, escenas cotidianas que intentan trasmitir una idea muy sencilla: "Quiero que la gente vea la exposición y salga llena de felicidad porque en el mundo también pueden pasar cosas bonitas, amables y simpáticas, sólo que por ser cotidianas no se les da la importancia que merecen".

Sus protagonistas son personas anónimas de países como Italia, Finlandia, Francia, España, México, Estados Unidos, Grecia o Libia. Sin embargo, "las fotos que hay de México podrían haber sido tomadas en Maracena". Su objetivo no era retratar las diferencias sino mostrar que la "situación particular y metafórica de nuestra vida está en todos lados independientemente de los valores culturales que la rodeen".

Sólo aparece un rostro más o menos conocido del que fuera la inspiración de Hemingway para su novela El viejo y el mar. Sánchez Montalbán tuvo la oportunidad de retratar la mirada y la sonrisa del pescador Gregorio Fuentes a sus 102 años. Moriría dos años después de aquella foto.

La más melancólica es precisamente la que se muestra de Granada. En ella puede verse a una señora mayor asomada a la ventana de una gran pared de ladrillo: "hay un gran choque entre la fuerza y la opresión del ladrillo frente al anhelo de libertad de la anciana asomada a la ventana". No obstante, las demás tienen en común la alegría.

Gracias a esa forma de mirar el mundo y a su Nikon F 3, Sánchez Montalbán demuestra que ver la vida en blanco y negro no es siempre sinónimo de tristeza. "Yo quería que esta exposición, que ha surgido casi sin darme cuenta, mostrara mi lado de fotógrafo tradicional y ortodoxo", un lenguaje que considera propio del blanco y negro porque considera que te aleja de la realidad, cuando la realidad no le interesa. "Yo quiero que mi trabajo y mi mirada se noten. Creo que es mágico ver la vida en blanco y negro porque su estéctica es de una belleza asombrosa por la textura y los contrastes que se producen al utilizarlo".

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