Cancionero para una crisis

A las 5 de un 5 de junio

A las 5 de un 5 de junio A las 5 de un 5 de junio

A las 5 de un 5 de junio

Entre las cosas que perdimos con la pandemia, llega desdibujado este 5 de junio, 'el 5 a las 5', que, en cualquier caso, ya no es lo que era ni de ningún modo puede ser lo que fue aquella explosiva explosión de democracia, un sábado de 1976, en tiempos anteriores a la democracia, presentida pero aún incierta, en aquella rebosante plaza de Fuente Vaqueros donde los irrepetibles Juan de Loxa y José Ladrón de Guevara proclamaron el vibrante "¡Federico vive!". Federico García Lorca. Para siempre.
Media hora de libertad vigilada, 'obsequio' del gobernador civil de la época que con su corta autorización venía a hacer bueno -sin él saberlo ni pretenderlo- aquel viejo dicho castellano: 'lo bueno, si breve, dos veces bueno'. "Federico, mi hermano bajó / a la plaza de Fuente Vaqueros / y allí con su pueblo / 'p'a' siempre quedó", en los versos de la canción que en homenaje inmemorial al poeta compuso nuestro Carlos Cano. A las 5 de un 5 de junio, una canción en la voz de María Dolores Pradera, porque este cancionero analítico no encuentra esos acordes grabados en la voz de nuestro paisano, al que, sin embargo, recuerda haberlo oído interpretar en aquellos recitales semiclandestinos, de anhelos compartidos, propios de la época en que la democracia llegaba como fuerza arrolladora.  
En estos días en que una catástrofe nacional e internacional, lejos de unirnos en el espíritu de la solidaridad nuestros espíritus saldrán de la pandemia a un campo peor del que entraron, este cancionero viaja por el espejo retrovisor de los tiempos hasta aquella plaza de Fuente Vaqueros en la que el asfixiante calor no frenó a los miles de asistentes venidos de todas partes para el primer homenaje popular a García Lorca. Con las autoridades del antiguo régimen jugando al despiste, pues en los días previos se sacaron de la manga un homenaje oficial que inducía al sarcasmo por la impostura de aquellos personajes en retroceso, que ya no representaban a nadie, muy dignos en la apariencia para el papel de descubrir una placa donde hasta la víspera habían mantenido un silencio vergonzante y cómplice con el silencio de 40 años decretado por la dictadura sobre el poeta y su asesinato.  
Honor para siempre a la 'Comisión de los 33', los primeros firmantes (José Cazorla, Jerónimo Paéz, Antonio Ramos, Juan Antonio Rivas, Antonio Jiménez Blanco, Juan Carlos Rodríguez... excusas de este cancionero por los que aquí no son nombrados) que en enero de aquel año impulsaron la fiesta de la democracia que llegó a ser cinco meses después 'el 5 a las 5', "rompiendo el silencio forzado". En las fechas inmediatas a la iniciativa que había presentado en Ideal el profesor José Cazorla, que en seguida recibió las amenazas anónimas acostumbradas en aquellos días, la Universidad rehusó colaborar mientras las firmas de adhesión superaban las decenas de millar. Fue entonces cuando, recordaba el profesor Cazorla, "las autoridades provinciales y locales se reunieron urgentemente, bajo la presidencia del inefable gobernador civil de turno" (un asturiano de cuyo nombre no quiero acordarme. Nota del autor), con el disimulado afán de "acometer alguna acción que detuviera o al menos desviara los efectos de un homenaje que, de hecho, se convertía", por número y fuerza de sus apoyos, "en una manifestación por la libertad y la democracia". Entre las 'perlas' que podrían rescatarse visitando la prensa de la época encontraríamos a un personaje de peso entonces entre los jerarcas locales que no encontraba razones "para conmemorar a un poetastro" (sic).
De mala gana, el Gobierno Civil y su 'virrey' -como eran conocidos los gobernadores por el inmenso poder que el régimen depositaba en sus manos-, autorizaron dos días antes de la fecha el homenaje, cuando sus ecos presentidos habían llegado hasta el New York Times. Y "de alegría estalla el almendro, / de alegría la flor se hace miel, / de alegría me voy a los cerros / a mirar el Cielo más cerca del pie", en la mirada de Carlos Cano y la voz de María Dolores Pradera: "Arbolé de la muerte y el hongo. / Arbolé de la vida y la flor. / Arbolé, arbolé de los campos. / Que no está seco, que está verdé". 
"En las minas de la primavera" que fueron aquellos días, la media hora autorizada en Fuente Vaqueros se respetó en su minutado. Pero en la pulsión del momento "la amargura entregó al corazón / y crecieron menta y yerbabuena, / tomillo, azucena, canela y clavo", por seguir los versos de Carlos, y los congregados se citaron en el Crucero del Hospital Real. Allí, el día anterior y el sucesivo hubo poesía, canción-protesta y política. Allí se presentó Coordinación Democrática, la plataforma que unía a todas las fuerzas de oposición a la dictadura y reivindicación de la democracia. Y, claro, llovieron las sanciones administrativas para alguno de los promotores y varios de los participantes.
En el Crucero, como uno más entre el público, este cancionero recuerda a Miguel Ríos, que también homenajeó 'el 5 a las 5', en uno de los temas del disco Al Andalus, en memoria de Lorca, a quien "mataron por cantar la libertad". El 5 a las cinco "mi querido hermano, Granada te espera", en la composición de Miguel: "En cuarenta años / no pudimos gritar la verdad. ¡Federico vive! / Un poema no se puede amordazar". Un año después de aquella explosión vital en Fuente Vaqueros, Miguel Ríos grababa Al Andalus, en el que colaboraron Antonio Mata, Fernando Miranda, Luis Fornés, Luis Cobo... Y en su tema El 5 a las 5 un verso final describe el pálpito de aquellos días: "Ven por Federico. / Pero, más aun, por ti y por mí". Es que, en realidad más que por el ímpetu de aquellos tiempos, sentimos nostalgia por nosotros mismos.  

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