Tribuna Económica

Joaquín Aurioles

Argentina

23 de noviembre 2023 - 00:00

Cinco veces más grande que España, una población similar y la mitad, aproximadamente, de PIB. De su economía impacta el dato de inflación, que podría aproximarse al 200% a finales de año, y la pobreza que afecta al 40% de la población. Otro importante motivo de preocupación es la extrema sequía, cuyo impacto en la exportación de cereales ha llevado a reducir a la mitad los ingresos fiscales y a duplicar el déficit público, además de una crisis de crecimiento estimada en -2,5% en 2023 (Banco Mundial). El sector agropecuario representa el 17% del PIB (siete veces más que en España) y el 65% de las exportaciones, lo que le convierte en la principal fuente de entrada de dólares al país.

En el programa económico de Milei hay reformas estructurales, con las que todos están más o menos de acuerdo, y otras medidas más polémicas, como la privatización de empresas públicas y un recorte del gasto público (15%) que debe ayudar a resolver el problema del déficit, aunque también una reducción de impuestos que puede dificultarlo. La estrella es el cierre del Banco Central y la dolarización de la economía. Algo parecido hizo el superministro Domingo Cavallo en tiempo de Menem y sus efectos fueron inmediatos y espectaculares. En 1992 fijó la paridad del dólar y el peso en 1, acabando con la hiperinflación, que en 1991 era superior al 1.000%, y recuperándose el crecimiento. La bonanza no fue muy duradera porque los costes sociales fueron muy elevados, por la acumulación de dólares en manos privadas, por el desorden en las finanzas públicas y por la reducida competitividad exterior, salvo en un reducido grupo de capítulos.

Cavallo regresó al Ministerio de Economía en 2001, con De la Rúa, justo para hacer frente a la crisis que acabaría desembocando en el “corralito” (restricciones a la retirada de depósitos bancarios). Los años siguientes fueron muy difíciles para Argentina, con gobiernos inestables y efímeros, pero finalmente consiguió enderezar el rumbo. En 2010, el 95% de sus acreedores habían aceptado su propuesta de reestructuración de deuda y en julio de 2014 había depositado 539 millones de dólares para hacer frente al primer pago. La incomprensible sentencia de juez norteamericano Griesa a favor de los fondos buitre, que se habían hecho con el resto de la deuda a precios muy por debajo del nominal y se negaban a la reestructuración, devolvió a la economía argentina a los infiernos en los que se ha mantenido desde entonces.

El plan de Milei de dolarizar la economía se presenta cargado de obstáculos. Uno importante será conseguir la enorme cantidad de dólares que deben circular y que el propio Milei estimó en 35.000 millones. Otro no menos importante, el sacrificio de la población, especialmente de la que tenga más dificultad para hacerse con la divisa norteamericana. Hay otros muchos obstáculos, que podrían agruparse en un “trilema” de difícil, si no imposible, solución. Avanzar en las reformas de manera simultánea para evitar que fisuras puntuales puedan provocar el naufragio del conjunto; liderazgo compacto y sin interferencias de los más perjudicados en sus privilegios o por su pobreza; y estabilidad, tanto política, como económica y social.

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