Análisis

Mateo Revilla Uceda

Exdirector del Patronato de la Alhambra

Cautivar el turismo. Cautivar la Alhambra

La campaña en contra del nuevo sistema de entradas parte de una falsedad radical: que los intereses económicos de algunos operadores representan los intereses del turismo

En distintos medios de comunicación de Málaga y Granada se viene desarrollando una campaña contra el nuevo sistema de adquisición de entradas para visitar la Alhambra, que culminaría este último 27 de septiembre, Día Mundial del Turismo, con una concentración en las puertas del recinto, aunque al final se ha desistido. La protesta ha sido promovida por "medio centenar de agencias -sobre todo malagueñas- especializadas en grandes receptivos" y la asociación provincial de Granada de "empresas de mediación turística".

Ante todo hay que llamar a las cosas por su nombre. "Mediación turística", salvo raras y honrosas excepciones, es la acción de un intermediario para acaparar entradas, especulando con ellas, aprovechándose de las limitaciones y regulación de la visita; la consabida reventa que se da en tantos eventos deportivos y culturales, eso sí, revestida con otros ropajes. Con el nuevo sistema se erradica esta práctica perniciosa para el turista, la Alhambra y la imagen misma de la ciudad.

Lo que eufemísticamente llaman "grandes receptivos" no es otra cosa que los desmesurados cruceros que atracan en el puerto de Málaga, por los que, en las antípodas de la sostenibilidad, ha apostado la política turística andaluza ("Málaga como destino de los gigantes del mar" Diario Sur. 20.03. 2018). Los "agentes especializados" empaquetan a los cruceristas en autobuses para la excursión de un día a Córdoba y Granada. La mayoría de estos, sin un especial interés cultural, en el barco y hasta el último minuto, se les persuade y cautiva para visitar dos monumentos, patrimonio de la humanidad, elevados por el reclamo publicitario a "maravillas del mundo". Junto a estos "receptivos" sigue existiendo también una vieja y bien establecida forma de captación de turistas de playa y sol así como otros yacimientos de potenciales clientes para visitar la Alhambra no inicialmente motivados.

Lo que pretenden estas agencias es, sin atenerse a la lógica limitación y regulación de cupos y horarios, obtener entradas para todos sus clientes y para todos los autobuses que sean capaces de llenar. Lo que pretenden, en resumidas cuentas, es poner la Alhambra al servicio de sus intereses económicos particulares: apropiársela y cautivarla para sus cautivos turistas.

Efectivamente este turismo, en la literatura especializada se denomina "turismo cautivo", cuestionado tanto desde una perspectiva social como económica. Andrea Emiliani, historiador del arte, pionero en la reflexión sobre política de bienes culturales, lo llamó elocuentemente "turismo de ocupación", opuesto a "turismo de exploración intelectual", el turismo cultural, que es, a poco que pensaran, el que las distintas administraciones deberían alentar y proteger... Que de una "ocupación" se trata basta contemplar no las colas de la Alhambra (afortunadamente en vías de erradicación gracias al nuevo sistema de adquisición de entradas) sino las salidas de autobuses del puerto malagueño llenos de cruceristas, capaces de colapsar el centro de Málaga, la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada.

La campaña en contra del nuevo sistema de adquisición de entradas parte de una falsedad radical: que los intereses económicos particulares de algunos operadores representan los intereses del turismo en su conjunto. Quien vela y debe velar por los intereses del turismo cultural es el Patronato de la Alhambra, garantizando un sistema de acceso justo y eficaz, que no penalice, como hasta ahora, el turismo individual frente al turismo colectivo e impida con la entrada nominal la especulación y el fraude como el que hace un par de años se juzgó y sentenció.

Creo que estos agentes turísticos hubieran hecho bien en el Día Mundial del Turismo reflexionar sobre su contribución, en el ámbito de la Alhambra, para "promover un orden turístico mundial equitativo, responsable y sostenible", como exige el Código Ético Mundial para el Turismo (Organización Mundial del Turismo 1999); y cual ha sido, igualmente en la Alhambra, su papel y esfuerzo "para evitar que se sobrepase la capacidad de acogida en la ordenación turística para conservar y valorizar el patrimonio artístico y natural (O.M.T. Declaración de Manila). Frente al turismo depredador un turismo sostenible que con el nuevo sistema de entradas el Patronato de la Alhambra defiende.

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