Análisis

Carlos Ruiz Cosano | Concejal del Ayuntamiento de Granada

La Constitución es el camino

La Constitución nos muestra el camino, nos dota de los medios para hacer de España un país más libre y más democrático. No desaprovechemos la ocasión.

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Si preguntamos a cualquier ciudadano cuáles son los estamentos fundamentales para que una sociedad democrática avance, es muy probable que contesten: la educación, la sanidad, la justicia y la seguridad. Si nos referimos a la educación y a la sanidad, el artículo 27 y el artículo 43 respectivamente, las reconocen como derechos de la ciudadanía. Pero cuando habla del Poder Judicial la Constitución en su artículo 117 dice algo distinto: “La Justicia emana del pueblo”. Es decir, da a la ciudadanía un estatus diferente, el de “proveedor” de los que deben impartir justicia, de los que son responsables en la acción de la justicia. Por ello es obligado que reconozcamos la labor de jueces y magistrados, pues en ellos el pueblo deposita la adecuada, correcta y democrática administración de justicia. La institución judicial es celosa en el cumplimiento del Estado de Derecho y por ende pilar estructural e independiente en toda democracia.

Los españoles nos dimos una Constitución hace cuarenta y tres años que ha sido capaz de hacer de España un estado democrático, a pesar de que algunos intentan hacernos creer lo contrario. ¿Cuál ha sido el motivo del éxito de esta obra que ha conseguido el período de paz más largo y fructífero de nuestra historia? Sería demasiado simple pensar que existe un único motivo por el cual se pudo realizar este milagro de pasar de una dictadura a una democracia plena. Así, podría ser el tener la capacidad de realizar una crítica constructiva de nuestra historia reciente, evitar los mismos errores y conseguir un lugar común para la convivencia como base de un futuro democrático. O bien terminar con la contraposición permanente de las dos Españas. Quizás estaba en el ánimo de los padres de la Constitución y de las Cortes Constituyentes del 78, determinar como columna vertebral de la joven democracia, definir el estado de derecho en el que el cumplimiento de la Ley fuera el garante de que todas las acciones a realizar cumplan los principios democráticos.

Estos días en los que celebramos la promulgación de la Constitución Española deben servir para reivindicar ese espíritu de consenso, de responsabilidad, de recuerdo de unos años en los que hacer política significaba tener un gran sentido del deber, respeto a la ciudadanía y en demasiadas ocasiones sacrificio personal con la pérdida de la propia vida.

Es ese espíritu el que la ciudadanía reclama y exige a los políticos de hoy. Es esa ilusión y sentido del deber los que queremos se extienda y contamine a los que ahora servimos a la ciudadanía, y también reclamarlo a los propios ciudadanos.

Obviamente, cuarenta y tres años más tarde no tenemos las mismas necesidades. Pero eso no justifican los permanentes ataques que por partidos populistas radicales e independentistas sufre nuestra Carta Magna. La respuesta a los intentos de desestabilización del modelo de Estado es actuar con los criterios que emanan de la propia Constitución y que se cumplen en el estado de derecho democrático. No hay líneas rojas, hay Constitución, hay Ley, y esta no debe serdoblegada, rodeada o utilizada según los intereses particulares.Es el diálogo, el pluralismo, el respeto recíproco de las diferentes posiciones políticas y la serena confrontación de ideas, los que han de contribuir a la formación de criterio, a la difusión de opinión crítica y a la reflexión pública sobre nuestros intereses políticos y sociales.

Los que somos cargos públicos y tenemos responsabilidades públicas, no debemos gobernar de espalda al ciudadano. No es tiempo de “escuchas, activas”. Los políticos tenemos un contrato, un compromiso con la ciudadanía, que se renueva cada cuatro años y debemos cumplir con él. Es momento de trabajar con y para, y no desde nuestra posición.

La Constitución nos muestra el camino, nos dota de los medios para hacer de España un país más libre y más democrático. No desaprovechemos la ocasión.

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