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Pelar y cortar cuatro berenjenas a lo largo en lonchas de unas cinco milímetros de grosor, sazonar, cocinar a la plancha y reservar. Mientras, su pareja Iglesias se aplicará el cuento y pedirá perdón, por lo que le escribió a Guindos en 2012: "¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo?"
Picaremos muy finitos uno de cada: zanahoria, cebolla y puerro, que sofreímos uno tras otro por este orden y rehogamos cinco minutos más. Después, añadir 800 gramos de picada de vacuno y rehogar otros cinco minutos, añadiendo sal, pimienta, orégano 200 ml de tomate frito y un tomate en dados. Rehogo y ahoguo diez minutos, reservando esta farsa, que no es política.
Ahora preparamos una bechamel espesita, a la que añadimos nuez moscada molida y un par de quesitos, que pasamos por la batidora para ahuyentar los grumos y a los 'fuerzos y cuerpas de seguridad del estado' que se quieran comer la mousaka tras vigilar el casoplón galapaguiense.
Engrasamos una fuente para 'horna', si podemos ponemos una capa de berenjena y otra de la farsa, operación que repetimos y montamos o unimos si podemos la segunda capa terminando con una de berenjena, evitando que sea una lasaña 'adultocéntrica' que no le gusta a Irene. Cubrimos con la bechamel y abundante queso rallado, y horneamos a 220º durante media hora. Las servimos de dos en dos. Y es que para Irene, la mousaka como la política, no es lo adejtivo ni lo sustantivo los negocios de la política.
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