Análisis

Ramón Ramos

Boabdil en Los Cármenes

Los responsables más directos tienen nombres y apellidos: Patricia Rodríguez, Robert Moreno, Boada... 

Patricia Rodríguez , alicaída en el palco del Nuevo Los Cármenes

Patricia Rodríguez , alicaída en el palco del Nuevo Los Cármenes / Photographerssports (Granada)

Poco antes de que dieran las diez de la noche del domingo el Granada CF era equipo de Segunda División. Lágrimas en los rostros de niños y grandes por un desenlace que se veía venir desde el momento en que el equipo encadenó una racha de resultados negativos que fueron reduciendo a la nada domingo a domingo el colchón de puntos que lo separaban del descenso. 

Evoqué entonces aquellos días del invierno de 2021, cuando -a mi modo de ver- se gestó el arranque de esta tragedia deportiva. Fue entonces cuando sin que sepamos por qué y en medio de un silencio estruendoso empezó a gestarse la razón primera del desenlace final: la sustitución de un equipo gestor (Antonio Fernández Monterrubio, Fran Rodríguez, Paula de la Peña...) que en tres años había ido escalando de éxito en éxito los objetivos marcados. Ascenso, primero; permanencia, después; clasificación para Europa, seguidamente; gran papel en la Copa, de cuya final nos privaron apenas nueve minutos mal contados... 

Toda aquella trayectoria empezó a truncarse cuando aquel equipo y modelo de éxito fue sustituido por otras personas y personajes en cuyo currículum brilla desde este domingo pasado una nueva estrella en negro. Para que se produjese esa sustitución-despido tuvo que registrarse un 'silenzio stampa' (que dicen los italianos) que he calificado de estruendoso. Por aquellos días, el consejo consultivo del club, del que yo formaba parte, aprobó -a propuesta mía- elaborar un comunicado de apoyo al equipo gestor que fue redactado por mí y, una vez aceptado por unanimidad, fue 'certeramente' suavizado a mis espaldas por iniciativa de otro miembro del consejo que actuó por iniciativa propia. Naturalmente, presenté mi renuncia. Para ese momento ya había tenido la oportunidad de asistir a una reunión con el entonces alcalde, Luis Salvador, en una cita reclamada por los más 'guerreros' del consejo, quienes, sin embargo, cuando el primer edil se ofreció -a mi juicio, muy generosamente- a comparecer en rueda de prensa para mostrar públicamente el apoyo del Ayuntamiento al equipo de Monterrubio, se echaron atrás y rechazaron la propuesta. 

En otras tribunas, entretanto, no ocurrían cosas mejores. Un notable columnista de la prensa granadina -tristemente fallecido poco después- vio cómo su escrito era olvidado en la 'nevera' casi un par de semanas para por fin aparecer, convenientemente recortado, en la sección de cartas al director. 

Pronosticar entonces, por aquellos días del invierno de 2021, que este descenso que entristece al granadinismo iba a ser la consecuencia más palpable de aquellos días hubiese sido arriesgado, aunque todos preveíamos que nada bueno podía derivarse si se cambiaba de gestores y modelo de actuación. Estábamos, por tanto, en el minuto uno de un partido muy largo que ha llegado al noventa este pasado domingo, poco antes de que diesen las diez. En todo este proceso hemos visto y sufrido las consecuencias de contratar -por decisión de los nuevos gestores- a un entrenador sin currículum, que vino a Granada como tantos otros estudiantes de 'erasmus', a aprender. Y, por cierto, ha suspendido. La solución adoptada hubiera podido surtir efecto un par de meses antes. Pero cesar al 'erasmus' hubiese mutado los cánticos de 'Robert vete ya' por los de 'Patricia vete ya'. Cuando llegó -se ha demostrado- ya era tarde. 

Resultaría injusto que este descenso de ahora tenga como imagen más directa la del penalti fallado por Molina, y sería de lamentar que así se recuerde a uno de los pocos futbolistas que se ha entregado de principio a fin, cuando muchas temporadas después evoquemos estos momentos. Los responsables más directos tienen otros nombres y apellidos: Patricia Rodríguez, Robert Moreno, Boada... 

Por eso, bajando la escalinata de Los Cármenes, encontré en un episodio de más de cinco siglos atrás el ejemplo más cercano. Aquel en el que el Rey Chico, entregadas las llaves de la ciudad y camino del exilio, desde la última colina en la que contemplar el paraíso perdido, derramó las lágrimas que llevaron a su madre a pronunciar la más dura sentencia histórica que nos reconoce como granadinos: "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Mucho me temo que la frase no pasaría el mínimo filtro actual de lo políticamente correcto. Pero es lo que hay: lloramos por la nefasta gestión de estos gestores pero no supimos defender a quienes nos pasearon por la Primera División, la Copa y Europa. 

Y ahora, estamos en Segunda.

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