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Bartleby, el escribiente

El hombre moderno ya no necesita ejercer la represión porque ésta ha sido interiorizada

El novelista y poeta Herman Melville, más conocido por su universal Moby-Dick, escribió un celebrado cuento titulado Bartleby, el escribiente, en el que narra la historia de un empleado que entra a trabajar en una oficina. Al principio, Bartleby ejerce sus tareas habituales de manera ejemplar, pero poco a poco va modificando su conducta, hasta el punto de que llega un momento en el que ya no hace absolutamente nada. Y además un día el jefe descubre que ni siquiera abandona la oficina, que prácticamente vive allí. ("Si no hacía nada en la oficina: ¿por qué se iba a quedar? Sin embargo, le tenía lástima… me causaba inquietud. Si hubiese nombrado a algún pariente o amigo… pero parecía solo, absolutamente solo en el universo"). Incapaz de expulsarlo, decide trasladar su despacho, pero no hay manera de que se marche y los nuevos inquilinos se quejan de ello…

El personaje de Bartleby se ha convertido en un símbolo de la carga afectiva e ideológica de la sociedad en que vivimos y ha sido considerado precursor del existencialismo (ese pensamiento que plantea la situación de arrojados a la vida como nuestra principal condición humana) y de la literatura del absurdo (que narra el nulo sentido que tienen la vida y la existencia).

Pero quien ha colocado esta fábula en el centro de la reflexión y el debate sobre la carga afectiva e intelectual de la sociedad de hoy, en la que estamos encerrados y a la que, a su vez, impulsamos, ha sido el filósofo alemán, de origen coreano, Byung-Chul Han, especialmente en su libro La sociedad del cansancio. El hombre moderno, asegura entre otras cosas, ya no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada: es él mismo su propio explotador, lanzado solo a la búsqueda del éxito, a cambio de un modo de vida escasamente interesante, "la mera vida, frente a la vida buena", dice, casi pura supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad y se ha abocado "al cansancio y la depresión", lo que le lleva a la violencia, ahora de manera más sutil. Un célebre crítico ha dicho que "si el pobre Bartleby es un lunático, no es porque el resto de los hombres estén de alguna manera sanos, sino porque él ha aceptado su desolación como una circunstancia ineludible…". Triste y fútil destino que nos hemos proporcionado a nosotros mismos y que explica tantas conductas, individuales y colectivas, así, sin sentido.

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