Central nuclear en Zaporiyia

27 de agosto 2022 - 01:50

Uno de los asuntos de actualidad vinculados a la guerra de Ucrania, provocada por la invasión rusa, es el que se refiere al temor internacional por las eventuales consecuencias que pueda haber en términos de posible catástrofe nuclear en la central nuclear de Zaporiyia, en manos ahora de las tropas de Putin.

El secretario general de la ONU, Antonio Gutierres, ha mostrado su enorme preocupación ante un eventual ataque a la central nuclear y las gravísimas consecuencias que ello podría provocar. Se está intentado conseguir una visita de inspección a la central por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para comprobar la situación y establecer los protocolos de actuación que sean necesarios en aras de ofrecer la máxima seguridad. También, desmilitarizar a la central para evitar una catástrofe.

Con este asunto del riesgo nuclear en esta central pasa igual que lo que sucede de manera habitual cuando se analiza la situación de la guerra en Ucrania: se habla de enormes riesgos e incertidumbres que pueden tener el mismo efecto que el cuento de Pedro y el lobo. Vivimos en una situación en la que uno desea que no se cumpla ninguno de los pésimos augurios; pero son tiempos de enorme preocupación.

Quiero quedarme con la reflexión de que es necesario disponer de una ONU más fuerte y una OIEA lo más eficaz posible. Es un deseo seguramente cargado de algo (o mucho) de ingenuidad, pero es muy probable que sea cierto que para conseguir hacer realidad ese objetivo se hace necesaria una mayor implicación de la sociedad en los asuntos públicos.

Los desafíos a los que la sociedad actual se enfrenta en este segundo decenio del siglo XXI requieren un enorme esfuerzo colectivo para minimizar los riesgos y aprovechar las oportunidades. Ello implica tratar de asegurar que las élites políticas, sociales, económicas y empresariales cooperen en objetivos de medio y largo plazo para que, con una mirada de luces largas, seamos capaces de conseguir un futuro mejor.

En este contexto, el desafío concreto que nos ofrece el problema de la central nuclear de Zaporiyia, es un asunto que nos compete a todos. Mi granito de arena lo puedo aportar denunciando públicamente esta acción de Rusia y reclamando desde aquí que ponga la central bajo control de la OIEA y de su legítima propietaria que no es otra que Ucrania.

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