Des-deseos para 2024

Des-deseo que nos sigan vendiendo a los granadinos trenes, carreteras, puertos... para dentro de 50 años

Dirán ustedes que en este año estoy por fastidiarles las fechas en que tenemos que aparentar felicidad y bonhomía y puede que tengan razón, pero escribir un Cajón lleno de buenas palabras sería engañarles y para engañar ya tenemos al presidente del gobierno de España que desde el día siguiente a las elecciones generales, según él, no miente sino que cambia de opinión, hace de la necesidad virtud y se acoge al saber popular esperando la salvación celeste, es decir, cree, si es que cree en algo más allá de su ego, y asume que a los arrepentidos los quiere el supremo hacedor.

Por ello he pensado que puestos a pedir algún deseo más bien voy a pedir los no deseos, y me invento, emulando a los niños que se inventan palabras con todo el sentido propio, el palabro ‘des-deseo’.

Des-deseo que, allá por el mes de noviembre del año bisiesto de 2024, en las elecciones de los Estados Unidos de América pueda presentarse un tal Trump o que si lo hiciera las ganara aunque sea ante un señor demócrata que más que en la Casa Blanca debería estar en un asilo. Des-deseo que los gobiernos de Hungría o de cualquier otro país de la Unión Europea sigan mareando la perdiz para poner trabas a que Ucrania forme parte de dicha Unión.

Des-deseo que a los granadinos, los políticos de turno, nos sigan vendiendo trenes, aeropuertos, puertos o carreteras para dentro de cincuenta años pues a ellos solo les interesa los cuatro añitos que, como mínimo, van a estar en el sillón cobrando de nuestros impuestos. Des-deseo que nos sigan vendiendo que hay que comprar todo lo que el tipo ese vestido de rojo, que dice meterse por las chimeneas que no tenemos en las casas, lleva en un absurdo trineo que vuela tirado por rumiantes con cuernos; esos cuernos que ahora se encuentra uno por todas partes y que en las bullas festivas amenazan con saltar algún que otro ojo.

Des-deseo que los tres reyes mágicos pasen a engrosar las listas del paro o los contabilicen como fijos discontinuos en el próximo mes de enero en virtud de una reforma laboral de las fuerzas progresistas impulsoras de un pacto antirreyes, léase antimonárquico. La mayoría de los niños y niñas no lo apoyarían, pero claro a esas edades no votan. Y ya sabemos que ni siquiera lo que se vota parece importa mucho. Eso, sí, les deseo buena entrada de año. Vale.

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