Si yo fuera uno de los propietarios agrarios que el martes y el miércoles bloquearon Granada de mala manera, a traición y sin previo aviso, no las tendría todas conmigo de que el juez García Castellón, no les vaya a empurar por terrorismo, porque algunas de las imágenes que se han visto estos días, sobre todo las del miércoles en Santa Fe, con tractoristas agrediendo a la Guardia Civil, se parecen muy mucho a las de los radicales de Tusnami Democrátic, que su señoría considera como terroristas.

Provengo de familia de agricultores por rama paterna y materna, por lo que mi sensibilidad con los problemas de campo esta fuera de toda duda. No tengo ninguna, de que muchas de las reivindicaciones que estos días estamos escuchando están más que justificadas, pero tampoco la tengo de que las formas empleadas les restan credibilidad, así como de la instrumentalización política de la protesta.

Estoy seguro de que muchos de los pequeños y medianos propietarios que les han jodido la vida durante dos días a sus paisanos, lo han hecho de buena fe, pero también lo estoy de que la convocatoria –incontrolada y no comunicada–, parte de organizaciones muy próximas a la extrema derecha, como lo demuestran los objetivos elegidos para la protesta, los lemas esgrimidos, las banderas ondeadas y exigencias tan pintorescas como el cambio de la ley electoral, como figuraba inicialmente en el primer comunicado, que poco después desapareció de las reivindicaciones.

Que los manifestantes se movilicen contra la Unión Europea, gracias a cuyas políticas pueden vivir con dignidad y seguridad, como lo demuestra que el 35% del presupuesto comunitario vaya destinado a la agricultura, que lo hagan contra las políticas medioambientales de la Unión y contra la agenda 2030, coincide peligrosamente con el programa de Vox y eso, créanme, no es bueno ni para conseguir la empatía social con sus reivindicaciones, ni por supuesto para nuestro campo.

Si los manifestantes de estos días no quieren entrar de lleno en la categoría de ‘Tractorfera’, bien harían de deslindarse muy mucho de los ‘pechopalomos’ de Vox y de secundar convocatorias tan peregrinas como las que pretenden llevar el sábado sus tractores a la calle Ferraz, entre otras cosas porque los asuntos que el campo español pretende resolver, no se solucionan desde Ferraz, ni tan siquiera desde la Moncloa o la Carrera de San Jerónimo, sino en Bruselas que es la competente en la política agraria común.

Si las reivindicaciones del campo español se acaban convirtiendo en una ‘Tractorborroka’ generalizada, nuestros agricultores habrán perdido la batalla de la credibilidad y eso es el principio del fin.

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