Cerámica con Adelina al fondo

10 de marzo 2026 - 03:08

Cada arte tiene sus texturas, su proceso, sus tiempos por transitar. El de la cerámica me fascina por su materialidad en ese imaginar, moldear y luego hornear o dejar secar, un todo inevitable que da resultados como las figuras que Adelina Moreno muestra estos días de retrospectiva en la sala baja del Palacio de los Condes de Gabia.

Ver sus obras y poder escuchar de ella cómo nacieron es de agradecer. Paseando entre ellas comprendí la paciencia, la pasión, la constancia y el buen hacer que anida en cada una de esas muñequitas de barro que se esparcen por la sala o en esas meninas que brillan allí esmaltadas, silentes y un punto meditativas.

Desde aquellos lejanos comienzos en los años ochenta, Adelina pone lo mejor de sí en cada pieza. Entre las molduras de ese barro están, entre muchas otras cosas, su carrera de historiadora del arte, sus estancias de años en la ajetreada Barcelona o sus regresos al origen en Granada.

Entre pieza y pieza en animada charla, alguna alumna de sus cursos impartidos a lo largo de décadas se acerca a saludarla entrañable y agradecida.

Dicen los que lo han experimentado que la cerámica calma el alma. Que te saca del pensar constante para concentrarte sólo en ese trozo de materia que toma forma entre tus manos. Moldeable, acuosa, blanda y, tras el inevitable paso por el horno, consistente y frágil ya por siempre.

Una artesanía en origen hoy todo un arte que se percibe al escuchar las explicaciones sobre sus queridas piezas de Adelina, la ceramista-profesora que creó escuela en Granada, y la ciudad se lo agradece tanto como sus compañeros en esa labor docente que pretende transmitir arte a gente de aquí y de allá, a personas que conectan con la entrañable y sabia humildad de esta ceramista ya imprescindible si es para explorar espacios abiertos a todos, como la exposición de Adelina y sus figuras de amantes que se observan, jóvenes que aún tocan la guitarra o, en un rincón, las propias manos de la artista hechas en barro para la inmortalidad.

Al dejar la sala percibo me quedé atrapado en las miradas dulces de esas mujeres eternizadas en barro nacidas de la fértil imaginación de esta ceramista que las representa coquetas y fuertes, serenas para dialogar con el visitante en esa sala de muñecas con Adelina al fondo.

stats