Quousque tamdem

Luis Chacón

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Dos cónsules en la Bética

Quitando a Pi y Margall que duró poco más de un mes, no ha gobernado una pareja desde los Reyes Católicos

El cargo de primer ministro nació por la incapacidad del rey Jorge I -llegado al trono de Gran Bretaña por una carambola genética, política y religiosa- para entenderse en inglés. Algo que sir Robert Walpole, primer Lord del Tesoro, aprovechó para crearse una jefatura del gabinete que no estaba en las leyes, ni en la tradición británicas. Es normal que el liderazgo de un gobierno resida en una persona; sea el rey en el Antiguo Régimen, el primer ministro en las democracias parlamentarias o el presidente de la república en aquellas cuya Constitución prima al ejecutivo sobre el legislativo.

Sin embargo, y aunque el presidente de la Junta de Andalucía es el señor Moreno, la percepción entre los ciudadanos que buscan informarse -no les digo ya entre los que siguen las redes sociales- es que en Andalucía nos gobiernan dos Cónsules romanos y casi dos gobiernos. Uno, apoyado por Vox y que lidera el señor Moreno -vuelto a la vida tras el 2 de diciembre y hoy, luminaria del centroderecha nacional- y otro, en manos del señor Marín, vicario andaluz del señor Rivera, luz que ilumina el liberalismo patrio de reciente conversión y corresponsal hispánico de la francofonía reformista representada por monsieur Macron tras los Pirineos y monsieur Trudeau, allende los mares. Porque otra cosa no, pero después del rancio peronismo rociero de feria, farolillo y cascabeles de la señora Díaz, la Junta de Andalucía se ha hecho más cosmopolita, políticamente, que el París de entreguerras. Y así, deambulan por el Hospital de las Cinco Llagas y en apoyo del gobierno, desde la extrema derecha nacionalista de Vox hasta el centro evanescente, veleta y ciudadano. Y oponiéndose a él, la balsa de la Medusa socialista con los restos del doloroso naufragio electoral y el gallinero cainita internacionalista y todista de Adelante Andalucía.

Debería el señor Moreno imponer a su gobierno, voz común y unidad de acción y de programa. Si no, la legislatura se convertirá en una larguísima campaña electoral, en la que populares y ciudadanos nos venderán qué harán cuando gobiernen en solitario, mientras la izquierda se lame las heridas, retirada en sus cuarteles de invierno. Las bicefalias no auguran buenos resultados. Más cuando son un tanto forzadas y surgen de un resultado electoral algo inesperado. Quitando a Pi y Margall que duró poco más de un mes, en España no ha gobernado una pareja desde los Reyes Católicos.

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