La esquina
José Aguilar
Todo vale con tal de seguir un rato
Hace unos días se reunieron en Málaga asociaciones culturales y académicas para planear actividades europeístas. Un borrador de protocolo reivindicaba la herencia cultural y humanista de Europa, pero el presidente de la Academia de Ciencias echó en falta la herencia científica. En esta época de hegemonía norteamericana o china en inteligencia artificial, se nos olvida que Europa es la cuna de la civilización occidental. En la primera mitad del siglo XX, sólo hay científicos europeos en el origen de la física y la mecánica cuántica, la fisión nuclear o la estructura del ADN. Felipe Romera, director del Parque Tecnológico de Málaga relata sus investigaciones, descubrimientos y alguna injusticia en el ensayo novelado La triple hélice.
No hay que mirar sólo al pasado. En el Málaga TechPark se va a construir un centro de investigación del IMEC, la organización más importante del mundo en investigación de semiconductores y circuitos de microelectrónica. El Centro Interuniversitario de Microelectrónica de Lovaina es líder mundial en I+D de chips, aunque los principales fabricantes sean de Taiwan. Las obras de Málaga empezarán el año que viene; será la principal infraestructura del IMEC fuera de Bélgica y albergará 250 investigadores.
Un reportaje de Belén Carreño, publicado ayer en El País, llamaba la atención sobre otro fenómeno: Europa aún puede liderar la próxima tecnología, la cuántica. Aunque Estados Unidos está haciendo grandes inversiones, hay mucho talento europeo que se marchó a Silicon Valley y está volviendo. Europa puede situarse en cabeza en computación y la Comisión Europea está subvencionando centros, laboratorios y redes cuánticas. Aunque la aplicación comercial llegará en una década; es el momento de la apuesta. España es uno de los seis nodos tecnológicos pioneros de la computación cuántica, junto a Estados Unidos, Canadá, Alemania, Japón y Corea del Sur. Pero los cuatro centros nacionales están en el norte, de punta a punta: Cataluña, País Vasco, Asturias y Galicia.
Hay muchos motivos para el orgullo por la herencia científica. También, algunos de esperanza en el futuro.
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