Las lágrimas de un presidente

23 de enero 2026 - 03:06

El impacto de lo ocurrido en Adamuz deja una huella que Andalucía no olvidará. No es el amasijo de hierro en las vías. Es el silencio instalado en las plazas. Es el peso de una tristeza colectiva. La tragedia ferroviaria ha sacudido los cimientos de una Andalucía que, ante el horror, ha respondido con entereza y una solidaridad que define el carácter de este pueblo.

El impacto social se mide en las historias interrumpidas y en el vacío de quienes hoy ya no están. Pero también en la movilización de una región. Desde el primer minuto, la respuesta no fue solo institucional, sino profundamente comunitaria. Andalucía se volcó en Adamuz. Vecinos ofrecieron sus casas. Voluntarios organizaron avituallamientos. Una red de profesionales demostró, en los momentos más oscuros, que la estructura pública es el mejor refugio.

En esta gestión ha estado el presidente. Su figura, habitualmente ligada a la sobriedad del cargo, se transformó bajo el peso de la realidad. Durante su comparecencia ayer, emergió el hombre. Juanma Moreno no pudo contener las lágrimas al recordar lo vivido. No era un gesto calculado; fue la quiebra de quien ha pasado días acompañando el dolor de las familias, escuchando el relato de los desaparecidos y sintiendo la presión de una responsabilidad insoportable cuando hay vidas que no se pueden recuperar.

Esas lágrimas simbolizan el sentimiento que hoy recorre Andalucía. Un duelo compartido. Un duelo que une a las ocho provincias en un mismo nudo en la garganta. La sociedad andaluza ha visto en Juanma el reflejo de su propia emoción. Al llorar, el presidente validó el dolor de cada madre, de cada familia que esperaba noticias. Al llorar, validó las heridas de cada bombero exhausto, de cada forense, de cada sanitario, de cada Guardia Civil. Y también al llorar, Juanma validó nuestro dolor, el de cada ciudadano que siente el tren de Adamuz como una herida propia.

El impacto social perdurará en el tiempo. Quedarán preguntas sobre las causas y la necesidad de transparencia. Pero, sobre todo, quedará el recuerdo de una tierra que supo llorar unida. El presidente, despojado de su armadura política, recordó que gobernar es, ante todo, una cuestión de humanidad. En Andalucía, las lágrimas aquel día no fueron señal de derrota, sino el testimonio sincero de un pueblo que, incluso roto, no deja a nadie atrás.

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