¡Pandilla de bandoleros!

17 de diciembre 2025 - 03:06

La ceguera política –que ni mucho menos es miopía– que padece, aparentemente de manera pertinaz, la vicepresidente y ministra Yolanda Díaz, le hace pronunciar –entre otras muchas, igualmente disparatadas y por ello ininteligibles– una frase como ésta: “Queremos salvar el gobierno, no cargar con la crisis del PSOE”, cuando en realidad, esta ilustre y culta experta en el uso de las palabras y los pensamientos, seguramente, lo que ha querido decir es que lo que de verdad desean, ella y sus correligionarios, es salvar al Gobierno, para permanecer en él todos ellos, para seguir medrando en la más absoluta inutilidad para la ciudadanía, aunque se pueda hundir el PSOE, porque le importa un bledo, a ella y al mismísimo (des)presidente Sánchez, a estas alturas ya, en que –a lo peor– a lo mejor ni siquiera existe.

Sí, el conjunto de irrealidades que al parecer ve muy claras, el propio (des)presidente Pedro Sánchez, le está haciendo aparecer, ni siquiera ante la general ciudadanía, sino muy particularmente, ante ciertos sectores de españoles que han tenido la suficiente convicción como para votar, en momentos electorales, propuestas socialistas, como una criatura que, cada noche, cuando se acuesta a dormir, lo hace un poco más adentrado en la aventura paranoica en la que vive y en cuya burbuja nos quiere hacer creer que está la verdadera realidad de las cosas, del país.

La continuada y sistemática falta de respeto a las instituciones, sobre las que se asientan los principios cotidianos del sistema democrático, parece que puede ser una especie de pantalla o venda sobre los ojos, de quienes nos (des)gobiernan, cada día un poco más para, tratándonos, descaradamente, como si fuésemos imbéciles, contarnos que es de día, cuando lucen las estrellas y que es de noche cuando refulge el sol. Nos quieren transformar en estúpidas ovejas.

Es muy triste, pero, paradójicamente –¡quién lo diría!– de la mano de políticos de la izquierda militante; supuestamente herederos de aquella izquierda que nos hicieron creer más luchadora por el advenimiento de la democracia, en aquellos tiempos de la dictadura; es la misma mano que hoy nos (des)gobierna y que, poco a poco, va condonando y anquilosando el normal funcionamiento de los resortes que garantizan las libertades de todos. ¿Para qué?, sencillamente, para robar a manos llenas. ¡Estamos ante una pandilla de vulgares bandoleros, disfrazados de gobernantes! ¿O no?

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