investigación en el aula

Ajolotes y cristales en la localidad granadina de Pitres

  • El IES Sulayr se alza con la medalla de oro en la final de la fase mundial del certamen Cristalizacion en la Escuela

  • Los estudiantes analizaron el crecimiento de los cristales en los puntos en los que se producían fracturas

Uno de los cristales en los que se observó el efecto ajolote. Uno de los cristales en los que se observó el efecto ajolote.

Uno de los cristales en los que se observó el efecto ajolote. / R. G.

El ajolote, un singular anfibio endémica mexicana y que en Granada puede verse en el Parque de las Ciencias, tiene una sorprendente capacidad de regeneración. Es capaz de ‘reconstruir’ partes de su cuerpo seccionadas. Una maravilla. No es la única característica que hace singular a este animal –en peligro de extinción– pero ha sido clave para que en el instituto de Pitres desarrollaran un exitoso proyecto científico sobre cristalografía.

Ajolotes y cristales –pese a las evidentes diferencias entre los dos ámbitos de conocimiento– ‘comparten’ esa capacidad de regeneración. Ahí donde el anfibio pierde una pata, sale otra. Ahí donde el cristal se quiebra, comienza a crecer de nuevo. Así lo explica el profesor de Física y Química Sergio Quintana Muñoz, coordinador del proyecto Efecto Ajolote en el instituto público Sulayr de la localidad de la Alpujarra, en el que participaron los alumnos Lucas González García, Moya Mae Walton Cairns y Alba Zamora Moslero. “Cuando se rompían los cristales, algo que ocurría con frecuencia, crecían por donde se habían roto”. El docente y sus alumnos vieron ese efecto. Lo enlazaron con lo que estaban aprendiendo sobre el anfibio en las clases de Biología y ahí surgió el proyecto.

Los estudiantes Alba Zamora, Lucas González y Moya Mae Walton. Los estudiantes Alba Zamora, Lucas González y Moya Mae Walton.

Los estudiantes Alba Zamora, Lucas González y Moya Mae Walton. / R. G.

“El enfoque que planteé era ver los resultados y a partir de ahí plantear preguntas”, señala Quintana, que durante tres cursos fue docente en el centro educativo de Pitres. Cuando llegó al instituto, la directora, Carmen Pérez, le animó a participar en el Concurso de Cristalización en la Escuela de Andalucía.

Se trata de una iniciativa nacida en 2009 en el Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC) del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) –ubicado en Granada y dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad e Granada– y ha sido organizado por la Fundación Descubre, con financiación de la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad, junto a La Factoría Española de Cristalización LEC-IACT.

Los docentes reciben, en el marco del certamen, formación sobre cristalografía y crecimiento cristalino. Junto a sus alumnos se desarrolla “un proyecto de cristalización en grupos”, indica la Fundación Descubre. En este proyecto se trabajó desde “la aplicación del método científico, pasando por el trabajo experimental, la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en diversas asignaturas de su currículum, hasta la presentación de resultados en la final, que se desarrolla con el formato de un congreso científico”.

Quintana, bioquímico de formación, se acercó junto a sus alumnos al mundo de la cristalografía. Durante tres años trabajó en sucesivos proyectos. El pasado curso 2018/2019 se dieron varios factores que propiciaron que la iniciativa tuviera un final exitoso. El Efecto Ajolote fue primer premio de la Final del Concurso de Cristalización en la Escuela de Andalucía –que se celebró en Granada– y fue publicado por la revista Investigación y Ciencia en su sección de Taller y laboratorio, con acceso abierto al público.Además, recientemente obtuvo la Medalla de Oro en la final del Concurso Mundial de Cristalización en la Escuela en la categoría de 15 a 18 años.

Cristales con los que experimentaron. Algunos fueron tintados con colorantes usados en la cocina. Cristales con los que experimentaron. Algunos fueron tintados con colorantes usados en la cocina.

Cristales con los que experimentaron. Algunos fueron tintados con colorantes usados en la cocina. / R. G.

El principal atractivo de la cristalografía, añade el profesor, es que “se ven resultados en muy poco tiempo”. Tal y como se muestra en el vídeo del proyecto y en el artículo, como material de partida se utilizó fosfato monoamónico. Para tintar el cristal, se usaron elementos como la cúrcuma o el colorante alimentario. El grupo de jóvenes investigadores consiguió una colorida regeneración en los puntos en los que se había producido una fractura. “Probamos que, al partir un cristal, en la zona quebrada se crea una superficie adicional irregular que multiplica la posibilidad de crecimiento y de nucleaciones secundarias”, relatan en el artículo científico, donde se subraya la similitud de este fenómeno con lo que le ocurre al ajolote.

¿Cómo fue desarrollar esta experiencia en un municipio de las características de Pitres? “La ventaja es que somos pocos, nos llevamos bien y nos involucramos en el proyecto. Se dieron todas las condiciones en un sitio que es pequeño, pero que tiene espíritu innovador”, cuenta Quintana, que este curso ejerce como docente en el IES Alfaguara de Loja.

El formato de Concurso, ideado hace diez años en el Laboratorio de Estudios Cristalográficos de Granada, hoy se organiza en países como Reino Unido, Brasil, México o Argentina.

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