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Reencuentro de antiguos alumnos del Seminario Diocesano San Torcuato de Guadix

  • Por cuarto año consecutivo, se reunieron para recordar su paso por el centro

  • El Seminario, también conocido por Convento de San Agustín, está en estado de ruina

Antiguos alumnos del Seminario Diocesano San Torcuato de Guadix. Antiguos alumnos del Seminario Diocesano San Torcuato de Guadix.

Antiguos alumnos del Seminario Diocesano San Torcuato de Guadix. / J.M.A.

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Con motivo de las Fiestas de Navidad, y ya en su cuarto año consecutivo, los alumnos del antiguo Seminario Diocesano San Torcuato de Guadix, se reunieron para celebrar una jornada de amistad, reencuentro y recuerdos.

Este año después de desayunar acudieron a Misa en la Catedral, continuando con la visita al recién restaurado Hospital de la Caridad, sin dejar pasar la ocasión para degustar unos excelentes vinos de la comarca accitana, finalizando con un almuerzo de hermandad.

No pudo faltar la visita al Seminario, aunque sólo a la puerta principal de acceso, ya que el edificio está cerrado a cal y canto y en lamentable estado de ruina. Por eso, los seminaristas, que vivieron gran parte de sus adolescencias y el inicio de sus personalidades, pusieron el grito en el cielo ante tal dejadez y despropósito.

Hubo un prometedor proyecto hostelero que nunca se llevó a cabo y el edificio está cerrado por el peligro que supone

El edificio, situado en la Calle Barradas 3, conocido por Seminario Menor de San Torcuato y también por Convento de San Agustín, está ubicado junto al Palacio de Peñaflor y a La Alcazaba. En 1489 pasó a convertirse en un edificio nobiliario, posteriormente transformado en convento tras la cesión de la familia Saavedra a los Agustinos y la Fundación por Juan de la Fonseca en el año 1595. Posteriormente, con la invasión francesa se convertiría en cuartel militar, por lo que perdería su función y uso religioso. Tendría que llegar el año 1880 para retomar el uso religioso como Seminario Menor de la Diócesis accitana. En el año 2000 pasó a ser propiedad municipal tras su compraventa. Hubo un prometedor proyecto hostelero, al que se unía también el Palacio de Peñaflor y la propia Alcazaba, pero no se llevó a cabo. El edificio se derrumba poco a poco, de tal manera que está prohibido su acceso por el peligro que supone, por graves deterioros en elementos en estructuras principales y techumbre superior.

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