El Teatro Romano de Guadix seguirá sin rehabilitarse: la licitación para adaptar el espacio queda desierta
El Ayuntamiento sacó un contrato para habilitar para uso turístico con el objetivo de hacerlo compatible con las investigaciones arqueológicas, pero no se ha adjudicado
El Teatro Romano de Guadix recupera su graderío
El Teatro Romano de Guadix no tiene quién lo rehabilite. El Ayuntamiento accitano sacó a licitación la ejecución del proyecto de habilitación para uso turístico del espacio, declarado como BIC hace una década, que busca compatibilizar las visitas públicas con el desarrollo de las investigaciones arqueológicas. Sin embargo, el contrato, con un importe superior a los 220.000 euros, ha quedado desierto. Fuentes municipales indican a este periódico su intención de volver a sacar el contrato “antes de verano” y manteniendo las condiciones.
La licitación va acompañada de un proyecto, elaborado por el estudio de arquitectura Reina & Asociados y consultado por este periódico, que si bien finalmente ha quedado como papel mojado, ayuda a entender el papel que este espacio, de unos 6.000 metros cuadrados y levantado en el segundo cuarto del siglo I d.C., tiene para conocer la historia de la localidad y, por extensión, de la Península Ibérica.
Así, el proyecto reconoce la "oportunidad única" que este teatro supone para Guadix, al tiempo que reconoce una serie de "valores patrimoniales indiscutibles" en el mismo, destacando la calidad de la pieza arquitectónica y la singular conservación del ámbito de la porticus post scaenam (la zona tras el escenario) con una cierta entidad volumétrica. El informe considera que el espacio posee una gran potencialidad para integrarse con naturalidad en el sistema de espacios púbicos, con el objetivo de utilizarlo incluso como recinto para futuras actividades, ya sean de carácter transitorio o permanente.
Esta intención va de la mano de lo contemplado por el Plan de actuación del BIC Teatro romano de Guadix, que busca compatibilizar el uso público del yacimiento con la preservación de sus valores culturales y su potencial arqueológico. A partir de aquí, se concibe el recinto como un auténtico espacio público que aproxima el teatro a los granadinos, integrándolo en la actividad urbana con el resto de piezas monumentales accitanas, como la Catedral o la Torre del Ferro.
Ese intento de integrar el Teatro Romano se asienta en dos partes fundamentales, un área de recepción de visitantes y una intervención sobre el graderío, que incluyen apartados detallados en el proyecto que finalmente ha quedado desierto.
En el primer caso, se propone ubicar el acceso principal a ese centro de recepción en el frente noreste del teatro, hacia la Avenida Mariana Pineda, cerca al acceso actual. La explanada junto a la entrada, prosiguen los firmantes del proyecto, constituye una zona arqueológicamente estéril, por lo que se propone que aquí se disponga la unidad de recepción del conjunto.
Al nivel del espacio urbano y con acceso desde la avenida, el proyecto planteaba un pabellón de acceso, que debería construirse en primer lugar, y un apartado con sombra que permita recibir al público, proteger los elementos pétreos del yacimiento y facilitar el tránsito hacia el este, "articulando el encuentro entre la zona verde arbolada y el recinto arqueológico".
El nuevo edificio, además, estaría separado de esas zonas verdes para disponer de un espacio que permita la entrada de vehículos. Desde este límite se extiende un plano de suelo, que conduce hacia esa zona de sombra donde se ofrecería una primera información al visitante con una selección de piezas arqueológicas. Los visitantes podrían, desde aquí, acceder a la sala de la unidad de interpretación dotada con la infraestructura necesaria para una instalación audiovisual y servicios complementarios.
El proyecto planteaba también la intervención urgente para preservar el graderío tras las excavaciones arqueológicas, dado su precario estado de conservación. La memoria técnica destaca como una peculiaridad del espacio la conservación del escenario y de la zona tras el cuerpo escénico, frente a la "escasa presencia" de las grades (caveas), lo que tiene como resultado un "cierto desequilibrio en la percepción de la forma del edificio", una situación que contrasta con lo que suele ocurrir con otros teatros similares, como el de Cartagena, que es puesto como ejemplo a seguir.
Uno de los principales problemas identificados por el proyecto es el agua: las precipitaciones y las filtraciones han ido produciendo, con el paso de los años, un lavado y arrastre de materiales, lo que genera "una importante afección al registro arqueológico". Ante esta situación, el plan de actuación se centra especialmente en el aspecto hídrico, proponiendo, en primer lugar, un análisis actual del espacio; una campaña de investigación, in situ y en laboratorio; y un informe final de propuestas para mejorar el sistema de agua.
Todo ello con carácter urgente y transitorio, a la espera de realizar trabajos más en profundidad que pasarían por la limpieza del graderío y la restitución de algunos elementos, siempre tratando de conservar la identidad visual y material del espacio.
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