Cuaresma

Las imágenes que 'curaron' otras epidemias en Granada

  • La ciudad durante la Edad Moderna recurrió a las imágenes para buscar mediación ante epidemias y catástrofes

  • El Cristo de San Agustín, la Virgen del Rosario, el Señor de los Favores o el Cristo de la Salud son algunos de esos protagonistas

La Virgen del Rosario en la procesión magna de 2013 La Virgen del Rosario en la procesión magna de 2013

La Virgen del Rosario en la procesión magna de 2013 / D.G. (Granada)

La epidemia que hoy marca nuestros días dejará un antes y un después en la memoria colectiva. Los muertos, los contagiados y la crisis económica que se vaticina como consecuencia del coronavirus formarán parte de nuestra historia más reciente. Sin embargo, no es la primera vez que Granada afronta una brecha sanitaria como ésta y que cambiará, seguramente, nuestro día a día. 

A lo largo de la historia otras epidemias han sacudido a Granada y al resto del país. La peste y el cólera son algunas de esas enfermedades letales que, más allá de lo sanitario, marcaron un antes y un después. Los 'hastag' #QuédateEnCasa #YoMeQuedoEnCasa son hoy un mantra que ayuda a combatir la propagación del virus y todos nuestros desvelos están puestos en los equipos médico-sanitarios. Pero, ¿cómo se combatieron epidemias como la de la peste de 1679?, ¿qué remedio buscó la ciudad ante estas situaciones?

La respuesta está en la oración y en la devoción, en el fervor religioso de la época. Procesiones y cultos extraordinarios jalonaron todos los templos de la ciudad. En especial en torno a cuatro imágenes: el Cristo de San Agustín, la Virgen del Rosario, el Cristo de los Favores y el Cristo de la Salud.

El Cristo de San Agustín

El Cristo de San Agustín es considerado como 'Sagrado Protector de Granada' desde 1681 El Cristo de San Agustín es considerado como 'Sagrado Protector de Granada' desde 1681

El Cristo de San Agustín es considerado como 'Sagrado Protector de Granada' desde 1681 / D.G. (Granada)

En 2020 se conmemora el 500 aniversario de la imagen del Cristo de San Agustín, uno de los crucificados más valiosos y antiguos de la Semana Santa andaluza y que la tradición histórico-artística ha venido en atribuir al italiano Jacobo Florentino. La imagen perteneció al Convento de San Agustín, primeramente en el Albaicín y más tarde situado en el lugar que hoy se encuentra el Mercado Municipal. Desde los momentos más remotos la imagen contó con el favor de las principales familias de la ciudad, que decidieron enterrarse a las plantas del conocido como Santo Crucifijo; tal fue el caso de la familia Trillo, comendadores de la Alhambra, o los Ponce de León, importantes terratenientes de la Alta Andalucía. 

El Cristo de San Agustín recoge la unción y la devoción que despertó una de las imágenes más significativas de la historia devocional española: el Cristo de Burgos. Un crucificado enjunto, realizado en estopa y forrado con piel vacuna, con un aspecto tétrico y conmovedor, que incluso fue capaz de remover las entrañas del Gran Capitán, quien entendió que en esa imagen existía algo sobrenatural: "no queramos tentar a Dios".  Con estas mimbres, y ese reconocimiento prodigioso, capaz de obrar milagros, el Cristo de San Agustín obtuvo un lugar especial en la devoción y la religiosidad popular de la Granada del siglo XVI y XVII.

Será a partir de 1679 cuando el Cristo de San Agustín cobre un singular protagonismo en la vida social de Granada y que le acompañará hasta nuestros días. Una devoción y reconocimiento que fue objeto de atención del rey Carlos II, del arzobispo fray Bernardo de los Ríos, de los Caballeros XXIV de la Ciudad y hasta, andando el tiempo, de la propia Isabel II. El inicio de la peste en Granada desesperó a la sociedad granadina que no veía forma de atajar la calamitosa situación que, poco a poco, dejaba sobre las aceras un mayor e incesante número de muertos. 

El rey Carlos II, en 1681, solicitó al concejo de Granada erigir un voto de acción de gracias al Cristo de San Agustín, el cual se mantiene hasta la actualidad

El 5 de agosto del 79, los frailes agustinos decidieron sacar en rogativa al Cristo de San Agustín, llevándolo desde el convento hasta el Hospital Real. Todo ello en medio de la solemnidad propia de su tiempo, como recuerda Romance verdadero del poeta Felipe Santiago"De San Agustín sacaron/ un crucifijo con honras,/ cantándole el Miserere/ con altas vozes sonoras". Una procesión en la que tuvo lugar un hecho circunstancial y que fue considerado como prodigio: una paloma empezó a revolotear junto a la imagen, identificándola los fieles con el Espíritu Santo, momento a partir del cual empezó a mitigarse los efectos de la peste en la población.

Un hecho milagroso, según la sociedad de su tiempo, y que llevó al rey Carlos II a interesarse por la imagen del Cristo de San Agustín, proponiéndole al concejo de la ciudad en julio de 1681, elevar un voto de acción de gracias por la intercesión milagrosa del crucificado; y el cual aún hoy la hermandad mantiene cada 14 de septiembre, donde participa la corporación municipal que se encarga de renovar dicho voto.

La Virgen del Rosario

Grabado de la Virgen del Rosario, de Miguel Gamarra (1679) Grabado de la Virgen del Rosario, de Miguel Gamarra (1679)

Grabado de la Virgen del Rosario, de Miguel Gamarra (1679) / Archivo Archicofradía del Rosario (Granada)

El convento dominico de Santa Cruz la Real recibía en 1552 la donación de una imagen mariana. Llegaba hasta la iglesia del Realejo la Virgen del Rosario, la misma que, años más tarde, en 1571 el almirante Álvaro de Bazán embarcaría en su nave antes de partir hasta las costas de Grecia, donde se produjo la conocida Batalla de Lepanto, en la que la Liga Santa doblegó a ejército turco. 

Aquella hazaña venía a coronar uno de los primeros hitos históricos que bañará el reconocimiento popular de la imagen. Todo ello, además, auspiciado por la archicofradía que le rendía culto y que, desde 1492, había mostrado su relevancia social y económica. Fruto de la creciente devoción, la imagen fue revestida de plata en 1628, confiriéndole ese aspecto tan singular que aún hoy conserva.

Sin embargo no será hasta 1670 cuando de forma oficial, la ciudad reconozca el primer milagro obrado por la imagen: la Virgen del Rosario empezaba a llorar. En ese momento nadie entendió a qué podía deberse este fenómeno sobrenatural aunque más tarde, se argumentó que aquellas lágrimas eran el presagio de la década que acababa de empezar y que estaría marcada por las epidemias, las plagas y la hambruna. 

La Virgen del Rosario obró un milagro que se manifestó en forma de estrella y donde Juan de Sevilla y Pedro Atanasio Bocanegra actuaron como peritos del proceso canónico

El brote de peste que asoló la ciudad en 1679 motivó todo tipo de rogativas donde los fieles, por recomendación del arzobispo, pedían a Dios auxilio ante tantos desastres y la extraordinaria mortandad que no dejaba de diezmar la población de Granada. El 11 de octubre de ese año se iniciaba un octavario a la Virgen del Rosario para que intercediera por los granadinos, obrándose el milagro un día más tarde. El 12 de octubre aparecía sobre el entrecejo de la imagen una luz resplandeciente que permaneció irradiando durante sesenta días, hasta que la epidemia se dio por controlada. 

Como consecuencia de este hecho, el accitano Francisco Ruiz Noble se encarga de abrir un proceso para investigar el posible milagro, abriendo una comisión en la que participaron como peritos distintos aristas de la ciudad, como Juan de Sevilla o Pedro Atanasio Bocanegra, con el fin de esclarecer, desde el punto de vista técnico y artístico, cuál era el origen de esa luz. La Iglesia, estudiada la causa, terminó por reconocer y decretar la intercesión divina, consignando el milagro de la Virgen. 

El Cristo de los Favores

Cristo de los Favores Cristo de los Favores

Cristo de los Favores / D.G. (Granada)

La Plaza del Realejo debió ser uno de los puntos neurálgicos del barrio desde mediados del siglo XVI, como se desprende de las opiniones del viajero veneciano Andrea Navagiero. Un lugar concurrido en el que, desde 1640, aparece un nuevo 'vecino': un crucificado de mármol blanco, costeado por los realejeños, en el que empezaron a depositar sus oraciones y plegarias. La peste bubónica se convirtió en una prueba de fuego para la devoción a esta imagen, a la que se le atribuyeron también milagros e intercesiones ante el pueblo de Granada.

El desbordante fervor que inspiró el crucificado, y que atendía los favores que le hacían los fieles, obligó a buscar un nuevo emplazamiento para él. Un lugar más amplio que permitiera acoger a un mayor número de vecinos dispuestos a orar ante la imagen: el Campo del Príncipe. Desde 1682, la ciudad reubica al Cristo de los Favores hasta este enclave, propiciándose también por parte del arzobispo la erección de una hermandad votiva. 

Nacía la primitiva hermandad de Los Favores con la finalidad de hacerse cargo del crucificado, mantener el culto, costear el aceite de los faroles que custodiaban las cuatro esquinas de la reja e, incluso, de una pequeña arboleda de 16 álamos que componían el paisaje inmediato a este hito devocional. A partir de aquí surgía un idilio piadoso entre Granada y el Cristo de los Favores y que ha pervivido en los siglos, tal y como se demuestra cada Viernes Santo a las tres de la tarde; auspiciado, en parte, por la actual cofradía de penitencia que, desde 1928, vela por mantener ese tesoro devocional de la ciudad. 

El Cristo de la Salud, de la iglesia de San Andrés

Cristo de la Salud, de la parroquia de San Andrés Cristo de la Salud, de la parroquia de San Andrés

Cristo de la Salud, de la parroquia de San Andrés / Alberto Ortega (Granada)

Icono religioso de la Granada moderna, hoy resulta una imagen desconocida para muchos granadino. El Cristo de la Salud, de la parroquia de San Andrés, está atribuido a Diego de Silóe y fue otra de esas tallas que la ciudad consideró como fundamentales para 'repeler' la epidemia de 1679. La imagen formó parte de esos cultos extraordinarios convocados en toda Granada por el obispo fray Bernardo de los Ríos para intentar obtener el auxilio divino y, por esta razón, además de un septenario salió en procesión hasta el Convento de la Merced y la parroquia de San Ildefonso, para recibir la veneración de los fieles.

La tradición habla cómo en el transcurso de esta rogativa una paloma fue a posarse sobre el patibulum de la cruz, junto a la mano del crucificado. Un hecho que, como había ocurrido con otras imágenes, fue interpretado como la presencia del Espíritu Santo que oía las súplicas de los fieles que acudían desesperados al socorro de este crucificado renacentista. El efecto sanador que causó la presencia de la imagen, puesto que remitió el azote de la peste, le valió desde ese momento la advocación de Cristo de la Salud. 

La advocación de la imagen como Cristo de la Salud proviene de la intercesión milagrosa que se le atribuye por la rogativa de 1679, con motivo de la epidemia de peste

La devoción creciente de los parroquianos y del resto de granadinos propiciaron la erección de una hermandad para esta imagen en 1698, siendo su primer hermano mayor Alonso García de Yeguas, tal y como narra Antonio Padial en su blog La Granada eterna. Una hermandad que persistió en el tiempo y de la que se tienen noticias hasta finales del siglo XIX, encargándose de realizar un septenario anual al Señor de la Salud. La caída en desgracia del templo, con un calamitoso incendio en 1818 y el estado de ruina que acompañó a San Andrés hasta su reciente restauración, hizo caer en el olvido los portentos de la imagen y la historia devocional que encierra la talla. 

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