Crónica

La lluvia nos roba el Jueves Santo

  • La fuerte tormenta y el granizo impide salir a las cuatro cofradías que tenían que protagonizar la jornada más albaicinera de toda la Semana Santa

Lágrimas en el interior de la Concepción. Lágrimas en el interior de la Concepción.

Lágrimas en el interior de la Concepción. / Carlos Gil

La mañana ya hacía prever lo peor. El cielo cerrado en agua hacía presagiar que las hermandades terminarían por claudicar ante la meteorología. Finalmente, y aunque el sol ha salido a primeras horas de la tarde, los pronósticos anunciaban una fuerte descarga de agua. Y así ha sido. Lluvia, truenos y hasta granizo en momentos puntuales han dado al traste cualquier posibilidad de que saliera ninguna cofradía.

La más tempranera en reunirse fue La Concepción. A las cuatro y media de la tarde se reunía el cabildo de oficiales de esta corporación nazarena y ante los partes meteorológicos barajados la hermandad decidió suspender su estación de penitencia. El secretario general, Enrique Cano, ha sido el encargado de comunicar a los hermanos el acuerdo de la junta de gobierno: “lo primero es preservar el patrimonio humano además del patrimonio artístico”.

El convento de La Concepción ha abierto sus puertas tras la celebración religiosa celebrada en el interior, dirigida por el director espiritual de la hermandad, el coronel castrense Francisco Nistal. Los pasos dispuestos perfectamente para este Jueves Santo han permitido comprobar cómo la cofradía ha sabido conferir una personalidad exquisita y cuidada a sus titulares: flor, vestimenta, detalles, candelería… Gran labor de priostía.

El barrio del Zaidín recibía la noticia que llegaba desde el interior de la iglesia de María Auxiliadora: “los pronósticos no son favorables y ésta es una hermandad seria. No podemos repetir los momentos que todavía están en nuestra memoria”. El hermano mayor dirigía estas palabras a sus hermanos, que servían para comunicar la decisión de la suspensión de la salida, recordando las desoladoras estampas de años atrás con el Señor de la Redención y la Virgen de la Salud guarecidos bajo el Palacio de Congresos mientras no dejaba diluviar.

El sol sobrevolaba el Albaicín mientras, por la Vega de Granada, se veían venir las nubes negras que han terminado por coronar la iglesia de San Miguel bajo. A las cinco y media la junta de gobierno presidida por Víctor Alarcón iniciaba internamente conversaciones para ver qué medida adoptar: la primera decisión fue retrasar la salida de la hermandad a las seis y cuarto. No había llegado a esa hora y el cabildo de oficiales arrojaba la decisión definitiva: no había Jueves Santo de Perdón y Aurora. “No podemos permitirnos salir y que nos sorprenda la lluvia en la calle y a la altura de los Grifos de San José, partiendo por medio la hermandad”, ha asegurado Alarcón. Por esta razón, y entre el aplauso de los hermanos, los nazarenos y mantillas de la cofradía han rezado ante los titulares y, tras esto, el templo se ha abierto para que Granada disfrute de los pasos dispuestos en la nave.

Habrá que esperar hasta el mes de septiembre para poder volver a disfrutar del rostro de María Santísima de la Aurora coronada, cuando tenga lugar su salida extraordinaria por las calles del barrio. Será, sin duda, uno de los grandes momentos que regalará el setenta y cinco aniversario de la hermandad.

Esta misma tesitura ha sido la vivida en San Cristóbal. Los nazarenos, acólitos y mantillas que conformaban los tramos de La Estrella ingresaron, con normalidad, en el templo. Todo se preparaba como si nada ocurriera, como si a las seis en punto de la tarde la cruz de guía fuera a ponerse en las calles. La candelería iluminaba el dulce rostro de la Virgen de la Estrella, arriada en el centro de la iglesia a la espera que los pupilos de Andrés García Palacios la llevaran hasta el cielo de su barrio. Pero no pudo ser. Nos quedamos sin la recogía valiente, de barrio, que regalan las bambalinas de figura al son del cancaneo de las marchas de cornetas y cascabeles. Impresionante se presenta también el Señor de la Pasión, con una renovada canastilla, a la que se le han incorporado brazos de guardabrisa sobre la mesa de la parihuela que iluminan el dorado del paso.

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